Reseña de El minero de Natsume Soseki

Un viaje al interior del alma humana

 

Hay autores a los que suelo volver. Quizás no a releerlos, pero sí a profundizar sobre su obra. Uno de esos buenos compañeros de mis ratos de lectura es Natsume Soseki. Lo descubrí con la que hasta ahora ha sido para mí su mejor obra, Kokoro, y me terminó de encandilar con Más allá del equinoccio de primavera. Ahora vengo con El minero, una de sus “obras menores” escrita hace más de cien años y considerada la primera obra de la etapa de madurez del autor. Sigue pendiente Botcham; lo tengo, pero intento dosificarme a Soseki para que siempre me queden cosas suyas por leer.

En El minero Soseki nos presenta a uno de sus prototípicos antihéroes, un joven que acaba de terminar sus estudios y no sabe qué hacer con su vida. El libro es un relato en primera persona, así que nuestro protagonista sobrevivió a la experiencia y la recuerda como “la época más agitada de toda mi vida” y “precisamente porque ahora soy capaz de contemplar aquel viaje a la mina como un sueño de otro tiempo, puedo escribirlo con cierta claridad”.

El joven tokiota huye de la ciudad y de las comodidades familiares por las desafortunadas consecuencias de un triángulo amoroso. En esa huida se encuentra en un bosque con un señor que le ofrece trabajo en una mina. Su hastío vital iba de la emancipación a través de un trabajo hasta el suicidio, y “¿qué era un minero después de todo? Un obrero que trabajo encerrado en túneles (…) el escalón más bajo, el más explotado, era el que ocupaban los mineros”, así que, “si acababa desempeñando mi trabajo en un lugar sin demasiada gente a mi alrededor, cerca de la muerte, tendría finalmente la oportunidad de satisfacer mis objetivos originales”.  La llegada a la mina, momento en el que la narración hace un punto de inflexión y se vuelve más oscura, en donde el autor destila lo que mejor sabe hacer: llevar a sus personajes hacia situaciones extremas, jugar con su psicología ante un mundo que siempre se describe desalentador, teniendo en este caso a la vida interna de los mineros como principal cauce. Si bien la novela empieza siendo amena y relativamente ligera, los múltiples giros argumentales hacen que el lector no termine de anticipar cuál va a ser el desenlace, el cual por cierto no deja indiferente.

En este viaje que es, ante todo, interior el protagonista sufre un proceso de maduración dirigido por sus razonamientos y condicionado por el exigente contexto minero. En realidad, se trata de un viaje desde la huida inicial a la aceptación de las circunstancias y la lucha para cambiarlas, como nos advierte la poeta japonesa Michiyo Kawano en el postfacio del libro, “el minero no solo describe la inquietud de la existencia misma, sino también a personas de quienes se podría decir que su misma existencia es la inquietud”. Esta aventura existencial le sirve a Soseki para abordar sus problemáticas habituales: la existencia, el amor, la lucha de clases, la introspección, la identidad, las contradicciones de la sociedad japonesa, etc. Y siempre gana esta parte de la novela sobre la literalidad de la trama. Si algo me hace adorar a este autor son las encrucijadas a las que somete a sus personajes que suelen terminar con reflexiones como, por ejemplo, “a menudo, cuando alcanzamos nuestros objetivos, se produce una reacción contradictoria que nos lleva a arrepentirnos” o “la oscuridad de la mina y mi oscuridad interior. Ambas se habían vuelto una e indivisible”. Como ocurre con los buenos escritores, para Soseki las historias son solo disculpas para reflexionar sobre cuestiones más profundas; y en su caso, siempre con grandes cotas de éxito. Kawano en el posfacio resume a la perfección la importancia de Soseki en la literatura universal: “todavía hoy Natsume Soseki emite el destello propio de una existencia sin parangón en la historia de la literatura contemporánea japonesa, tanto por la profundidad de sus ideas literarias como por la riqueza en el uso de la lengua que desplegó en su prosa y en su poesía”. Y es que Soseki pasa por ser un maestro en los desvelos del alma humana. En esta novela, se empeña en bajar a la mina del corazón humano, un corazón, en este caso, joven e inexperto, incapaz de medias tintas y, por eso, profundamente conmovedor. La naturaleza se impone como soberbio correlato de esta terrible aventura que Soseki tiñe de ironía y delicado humor.

No dejéis de leer a este autor, dadle todas las oportunidades que nos ofrezca Impedimenta en una labor editorial magnífica que nunca me cansaré de destacar. Leed su obra, os hará pensar, disfrutar, viajar, quizás incluso os incomode en algunos momentos. Así es Soseki, reflexivo, azotador de conciencias y universal.

¡Nos vemos en la próxima reseña!

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