Reseña de El blues de Beale Street de James Baldwin

No es un libro más sobre el apartheid americano, es una novela para que llore el alma y sonría el corazón

 

Este es de esos libros que compras y dejas en la estantería de “pendientes” hasta que te llame a voces para que lo leas. Siempre había oído hablar bien de James Baldwin y esta novela tiene cierto prestigio dentro de su temática. Pero no me decidía a leerla. Hace unas semanas nos miramos, sintonizamos y aquí estamos. Estos “match” entre libro y lector son parte del éxito final. Me alegro de que nos hayamos cruzado en el camino Baldwin y yo, y seguro que volveremos.

El blues de Beale Street es un manifiesto contra el apartheid, la discriminación, la desigualdad y la lucha de clases. Al nivel de Yo sé por qué canta el pájaro enjaulado o El ferrocarril subterráneo, con menos solera mediática pero igual de resultón. Baldwin teje la historia de Fonny y Tish, dos jóvenes negros neoyorquinos que intentan madurar en una sociedad racista y competitiva. Tish queda embarazada y Fonny acaba en la cárcel por una violación que no ha cometido. Tish tendrá que pasar todo su embarazo con el apoyo de su familia y con Fonny injustamente encarcelado. Y ahí desarrolla la novela.

La novela en sí es entretenida, la historia está bien trabada y el estilo de Baldwin es ameno. Pero no es ahí donde destaca. Destaca en el compromiso y la denuncia social. Un compromiso social pegado a la calle, nada utópico. “cada uno de esos hombres [Joseph y Frank, los padres de la pareja] iría gustosamente a la cárcel, machacaría a un poli corrupto o incluso haría volar una ciudad con tal de salvar a su progenie de las fauces de este infierno democrático”.  Asume el patriarcado y el machismo como ejes funcionales de la sociedad, “Puede que Tish no sea muy guapa, pero sabe moverse bien entre fogones. – Me alegra saber que sirvo para algo –replico, y Fonny me hace otro guiño y empieza a devorar una costilla” (una costilla al estilo Adán) pero sin perder de vista el centro de la novela, el racismo y el apartheid de los negros en Estados Unidos. En ese agobio cósmico en el que está metida Tish, embarazada y con su novio en la cárcel, Baldwin se detiene en reflexiones en torno al tiempo. En un momento de la novela Tish reflexiona, “Tiempo: la palabra resonó como las campanas de una iglesia. Era lo que Fonny estaba haciendo: matando el tiempo, cumpliendo su condena. Con el tiempo, seis meses más tarde, nacería nuestro hijo. En algún lugar en el tiempo, Fonny y yo nos habíamos conocido; en algún lugar del tiempo, nos habíamos amado. En algún lugar, no ya en el tiempo, sino completamente a merced de él, nos amábamos”. Y es que en ese proceso de madurez, Tish empieza a ser consciente de que “el tiempo no se podía comprar. La única moneda que el tiempo aceptaba era la vida” y joder, eso es duro para una negra, soltera, embarazada y sin trabajo en Nueva York. Su angustia es la del lector y no seremos capaces de buscar todo el rato una salida, la misma que anhela Tish, “comprendo que esa criatura que crece en mi vientre tiene mucho que ver con su determinación de salir en libertad. Así que no me importa si me estoy poniendo enorme como dos casas juntas. El niño quiere salir. Fonny quiere salir. Y, con el tiempo, lo lograremos”. El tiempo es un elemento recurrente y es que la novela fluye en el tempo del blues, regodeándose de los momentos de disfrute y de los momentos de sufrimiento. Como reza la contraportada, “la violencia y la sensualidad de la novela de Baldwin siguen golpeando y conmoviendo conciencias con la cadencia triste y pasional del blues más sentido, avivado en estas páginas por el amor más puro y el afán de supervivencia de unos seres marginados por el color de su piel y por su pobreza”. Muy atinada la lectura que hace la editorial, no puedo expresarlo mejor.

Es un buen libro, léanlo, disfrútenlo, quizás con un punteo lacrimógeno de B.B. King o Eric Clapton de fondo. Es un libro para que llore el alma y sonría el corazón. Es buen libro. Y esos libros no deben faltar en vuestras estanterías, aunque tardéis en leerlos.

¡Nos vemos en la próxima reseña!

 

PS. Mientras escribía este post me he enterado de que en 2018 sacaron la película adaptada del libro. La veré.

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