Reseña de El ruido y la furia de William Faulkner

Un libro total, una experiencia única, una obra maestra

 

Leer El ruido y la furia ha sido un viaje a otra dimensión, uno de los mayores regalos que me ha hecho la Literatura últimamente, y presiento que de lo mejor (y más difícil) que voy a leer en mi vida. La Literatura está llena de momentos inolvidables, lugares, situaciones, personajes, objetos, metáforas, y hay rincones en los que sin buscarlo encuentras un aleph borgiano, te desorientas y empiezas a descubrir universos paralelos. Faulkner juega a ser dios, y lo consigue. Cambia las reglas del juego, el espacio, el tiempo, el sentido de las cosas, los impulsos de los personajes, hasta la escritura misma. Dice Eva Losada en un maravilloso post sobre el libro que “leer a Faulkner, en ocasiones, es un acto de entrega incondicional a lo desconocido. Adentrarse sin linterna en una caverna oscura, listo para ser puesto a prueba. Cuando uno decide sobrevolar el universo del rompecabezas El ruido y la furia, debe armarse de confianza, la confianza en la Literatura, la otra Literatura. Esa que es un descenso a las entrañas de lo humano, sin un mapa, sin brújula”. Leer este libro es complicado, no lo niego, pero si consigues entrar en su campo gravitatorio y te olvidas de las reglas convencionales, vas a disfrutar como pocas veces lo hayas hecho (con un libro).

Por si queda alguien que no lo sepa (yo he sido de esos hasta que me he sentado a leer el libro) el título del libro está sacado de Macbeth, “the way to dusty death. Out, out, brief candle! / life’s but a walking shadow, a poor player / that struts and frets his hour upon the stage/ and then is heard no more. It is a tale / told by an idiot, full of sound and fury, / signifying nothing” (W. Shakespeare, Macbeth, Acto 5, escena 5). La precisión del título sobre el contenido de la novela abruma. Y todavía no has empezado a leer. Elizabeth Kerr se ha atrevido a ver más allá del propio título y le ha sacado sentido a todo el verso (entre paréntesis): el camino a la muerte polvorienta (el señor Compson) Muere, muere vela fugaz! / la vida no es más que una sombra andante (Quentin) jugador deficiente / que apuntala (Jason) y realza (la señora Compson) su hora en el escenario / y después ya no se escucha más. Es un cuento / relatado por un idiota (Benjy), lleno de ruido y furia, / sin significado alguno. Ahora sí, vamos al libro.

El ruido y la furia cuenta la decadencia y disolución de una familia de Mississippi, los Compson. Se trata de la típica familia blanca de rancio abolengo, que paulatinamente se ha ido empobreciendo. Asistimos a sucesos cruciales para la penúltima generación, formada por cuatro hermanos: Caddy (tan atormentada como atrevida) Benji (discapacitado psíquico con las capacidades comunicativas muy mermadas -lo que no será un impedimento para Faulkner, como veremos a continuación-); Quentin (el chico sensible y culto que consigue ir a estudiar a Harvard, y termina suicidándose desquiciado); y Jason (el pequeño, que se responsabiliza de la familia pero es un ser egoísta, mezquino y amargado). Faulkner nos presenta a sus pobres pero rudos personajes precipitándose a la tragedia, y no se mete, no juzga, sólo les quiere, o, al menos, les respeta.

Se puede considerar que el discurso se divide en dos bloques: los monólogos (de Benjamin, Quentin y Jason) y el discurso cuando aparece la figura del narrador omnisciente en el último bloque y nos cuenta la historia desde el punto de vista de Dilsey, sin hablar ella en primera persona. Básicamente la línea temporal es el presente, el aquí y ahora de la conciencia. El monólogo busca imitar el desenvolvimiento de la conciencia, no hay linealidad exacta, es todo un vaivén que refleja la evolución del pensamiento. El discurso de Benjamin refleja su propio pensamiento como discapacitado mental que carece de método para razonar, sin tener un sentido de causa y efecto; es muy fragmentario y consiste en sus impresiones y sensaciones que rompen con el orden cronológico (Faulkner se vale de ese artificio –el de pretender transcribirlo tal y como se manifiesta– y consigue sorprender a todos con un nuevo giro a la Literatura creando “el libre fluir de la conciencia”). El monólogo de Quentin está muy bien articulado, reflejando así personalidad intelectual, sin embargo, poco a poco se vuelve cada vez caótico a la vez que su depresión y confusión es más profunda. El de Jason es muy lineal e inteligible y se caracteriza también por sus obsesiones que vuelven una y otra vez. Finalmente, en el cuarto bloque se nos cuenta la historia a través de un narrador en tercera persona que se sitúa en la conciencia de Dilsey y aparece el pasado, además de aclarar y concretar los huecos que los monólogos han dejado. Es el más lineal, aunque refluye una y otra vez los motivos.

El ruido y la furia se consolidó como una obra revolucionaria desde el punto de vista literario en su época y que marcaron tendencia. Existe consenso entre la crítica literaria en lo relativo a considerarla entre una de las grandes novelas norteamericanas, frecuentemente considerada entre los cien mejores libros de todos los tiempos. Una obra que jugó un rol importante en el premio Nobel de Literatura que le concedieron en 1949. Según he podido leer, la fuerte aceptación de la novela se debe en gran medida a la técnica de su construcción: la asombrosa habilidad de Faulkner de recrear literariamente los rasgos de la mente humana, incluso de las más excepcionales. En este sentido constituye un importante aporte al desarrollo de la técnica, ya señalada, del libre fluir de la conciencia. Según los críticos, El ruido y la furia también puede ser leída como un microcosmos del cual el Sur es el todo. Faulkner estaba muy preocupado por la manera como los ideales del viejo sur podrían ser mantenidos y preservados en la época de la postguerra civil. Vista desde esta luz, la decadencia de la familia Compson puede ser interpretada como un examen de la corrosión de la moral tradicional solo para ser reemplazado por el desamparo de la modernidad. Los personajes más fascinantes son también los más trágicos, ni Caddy ni Quentin podrían sobrevivir dentro del contexto de la sociedad tradicional cuyos valores rechazan tanto como pueden; esto nos deja a un Jason implacable pero pragmático que mantiene el status quo de permanente y languideciente declive, como es el final de la novela. También hay ecos de temas existenciales en la novela, como sostiene Sartre en su famoso ensayo sobre Faulkner. Muchos personajes han sido desarrollados sobre la base de fuentes clásicas, bíblicas y literarias. Algunos creen que Quentin (como Darl de Mientras agonizo) está basado en Hamlet y Caddy en Ofelia, Benjamín recibe su nombre por el hermano de José del Génesis, etc. Por otro lado, hay que agregar cómo la crítica académica ha defendido que gracias a esta novela y a las innovaciones de Faulkner se generó gran parte de la literatura del boom latinoamericano, siendo fuerte su influencia sobre todo en Gabriel García Márquez y en Juan Carlos Onetti.

Es un libro total. Inmenso. Interminable. Habría que leerlo cada cierto tiempo para seguir exprimiéndolo. Otro aspecto que me asombra (prometo que ya es el último), en este libro Faulkener demuestra cómo todo un universo puede surgir a partir de los pantalones embarrados de una niña, cómo un reloj, una pelota de golf o una corbata pueden obsesionarnos durante páginas. Es acojonante. Faulkner es un autor difícil, por supuesto, lo es. Pero merece la pena leerlo. Y una buena forma de comenzar a hacerlo es esta novela a la que parecía tener un cariño especial. Anímate. Sumérgete en uno de los mejores libros de la Literatura universal.

 

 

¡Nos vemos en la próxima reseña!

4 comentarios sobre “Reseña de El ruido y la furia de William Faulkner

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