Valero conjuga con maestría el ajedrez y la Literatura para nuestro deleite

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Descubrí a Valero este verano leyendo Los extraños, durante mis vacaciones en Ibiza. Tenía ese o el ensayo sobre la estancia de Walter Benjamin en la isla, me decanté por el primero y ya sabéis lo que me pareció (lo tenéis en el link). Descubrí a un autor maravilloso, y con Duelo de alfiles me reafirmo. Qué solvencia. Qué bien escribe. Además, un libro que mezcla viajes, ajedrez y Literatura, no puede fallar. Si lo escribe un apasionado de la Literatura y del ajedrez, es altamente recomendable, pero si encima, el autor es un escritor de tan alta calidad como Valero, entonces se convierte en un imprescindible. Me sorprende su capacidad para contar y tejer historias. Como es capaz de narrar un día sin ningún atisbo de interés intercalando notas sobre la obra de Kafka o un cuadro de Caravaggio. Sin darse un ápice de importancia, está resumiendo la filosofía nietzchiana (esto siempre me ha parecido muy complicado, de Nietzche y de cualquier filósofo) mientras te dice que volvían en tren de Génova a Turín, ¡es impresionante!

Lo primero que pensé al cerrar el libro fue que quería viajar con Vicente Valero, que me apuntaba a su próximo viaje. Me gusta su forma de viajar, incorporando la Literatura, haciéndola protagonista del viaje. Lo segundo que pensé es que el libro me estaba hablando del duelo. El duelo como batalla (ajedrecística) y el duelo como dolor (por la deriva axiológica europea). El ajedrez es uno de los protagonistas en esta historia. No solo por la presencia de un torneo de ajedrez o por el profundo respeto y admiración que profesa el autor por este deporte, sino, mejor aún, porque Valero elige los alfiles como metáfora. La figura del alfil originariamente era un elefante (elefante en árabe se pronuncia “fil”) y aquí salen unos cuantos elefantes de la literatura europea (Benjamin, Bretch, Nietzsche, Kafka y Rilke) unidos en una especie de tablero que podría ser la situación geopolítica europea antes y durante la I Guerra Mundial. Valero hace coincidir a estos alfiles en Munich. Viaja a esa época con ellos. Todos ellos son autores que no han perdido la frescura de sus aportaciones y que para Valero son importantes. Ya lo hizo con el ensayo Experiencia y pobreza: Walter Benjamin en Ibiza y en Los extraños con sus familiares. Y el duelo como dolor. El libro también habla de los autoritarismos. De la situación de los intelectuales en épocas oscuras (Nietzsche no es casual en esta historia pues él acaba con el dualismo platónico del mundo real y el aparente eliminando el real -y por lo tanto el aparente-). Valero se sirve de imágenes muy potentes para construir su historia. Destacan cuatro imágenes:

  • La primera, Benjamin y Bretcht jugando al ajedrez, y mientras jugaban discutían acaloradamente sobre Kafka (de esta sí que he encontrado una imagen y os la comparto).

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  • La segunda, Nietzsche en Turín abrazado a un caballo. Qué potencia tiene Nietzsche, cómo enriquece con su presencia cualquier relato. Qué importancia tiene su figura y penasmiento en el devenir del siglo XIX y XX en Europa.
  • La tercera, Kafka en Praga (nos lo imaginamos trabajando en una siniestra oficina de seguros) y siendo invitado a leer un texto suyo a una galería de arte en Munich. Un texto que no es para nada lo que se esperaba.
  • La cuarta y última, Rilke convertido en un personaje de Kafka. Acaba la IGM y cuando por fin consigue salir de Munich en 1921 marcha a Zurich a vivir en un castillo. Solo y con una ama de llaves que prácticamente no se deja ver. Intenta recuperar la inspiración para sus elegías. Le plantan una serrería al lado del castillo y se desespera por no poder escribir. Cuenta Valero que en otro libro de Rilke afirma que no pudo terminar esas elegías por culpa de la IGM y la serrería… ¡al mismo nivel! Y es que para quien escribe puede ser igual de molesto una serrería o una guerra mundial.

Es un libro muy abierto, puede sugerir muchas cosas, pero también acepta una lectura literal sin alegorías. Os podéis imaginar que tengo el libro repleto de anotaciones, citas y marcas; además, he sacado otros libros a los que se hacen referencia y que pienso leer más protno que tarde. Me encanta el ajedrez (aunque apenas lo practico) y qué voy a deciros de la Literatura. Es un libro altamente recomendable si os gustan cualquiera de las dos cosas. Este libro os trasportará a lugares y momentos cargados de simbolismo. Os recomiendo que os dejéis sorprender, pues, parafraseando a Valero refiriéndose al ajedrez, “hasta dónde te puede llevar un libro siempre es un misterio”.

 

¡Nos vemos en la próxima reseña!

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