Reseña de Sobre la belleza de Zadie Smith

La verdad tolstiana sobre las familias se recupera en esta novela de campus

Otra novela de campus. Ya sabéis que me gusta ir intercalando este género entre otros más recurrentes. Voy dosificando ejemplares porque no abundan. O al menos yo no los conozco, así que cualquier propuesta es bienvenida. Otras novelas de este estilo que ya hemos comentado anteriormente son Lucky Jim o Zafarrancho en Cambridge. La que nos ocupa ahora es Sobre la belleza de Zadie Smith. Una oportunidad brillante para acercarnos a esta respetada autora. Es mi primer Zadie Smith y creo que volveré a ella.

Sobre la belleza narra las situaciones a las que debe hacer frente la familia Belsey en una pequeña ciudad de Nueva Inglaterra, Howard y Kiki con sus tres hijos Jerome, Zora y Levi. Howard, nuestro protagonista, es un respetado profesor de universidad que se ha quedado estancado profesionalmente a las puertas de una titularidad que no le termina de llegar y que vive agotado tanto personal como profesionalmente en un entorno que no le procura ninguna satisfacción o estímulo. El hombre adulto, cercano a la jubilación, experto en sus temas de investigación y docencia pero inepto en lo social, está muy bien dibujado por Smith; hay una situación al principio de la novela con la que situé perfectamente al personaje, cuando su mujer le increpa que no sabe tratar a sus hijos, “¿Sabes qué es lo más curioso? Que alguien pueda ser profesor de una cosa y ser intensamente estúpido en todas las demás”. Me encantó. Sigamos. Kiki es una activista afroamericana que mantiene en pie a la familia a través de su trabajo y su dedicación absoluta a sus hijos. Jerome es un joven convertido al cristianismo que intenta definir su futuro mientras ejerce de hermano mayor. Zora es una mujer inteligente y brillante que procura exprimir su etapa universitaria con libros, conferencias e iniciativas culturales. Y Levi, el pequeño Levi, es un preadolescente que descubre el rap y la lucha por los derechos civiles y sociales de los negros, especialmente de los haitianos.

Tras esta pátina impoluta en la que parecen convivir, van surgiendo problemas de toda índole que le dan sentido y profundidad a la novela. Por un lado, la universidad acepta la llegada del archienemigo de Howard a su Departamento, Monty Kipps, un profesor liberal, contrario a las ideas de nuestro protagonista y con el que ya ha tenido encontronazos académicos en el pasado por los estudios de ambos sobre Rembrandt. Por otro lado, Jerome se convierte al cristianismo a partir de una breve convivencia en la británica casa de los Kipps quienes lo albergaron durante su estancia en Reino Unido. Por su parte, Levi se va metiendo en líos por culpa de las amistades que va conociendo en su ambiente de defensa de la negritud. Pero hay dos temas que, a mi juicio, son los centrales de la novela. El primero es el sistema de acceso a la universidad. La novela plantea una situación muy interesante, asignaturas en las que pueden participar dos perfiles de estudiantes: los que pertenezcan a la universidad y que hayan pasado el proceso de admisión correspondiente (recordemos que estamos en una universidad privada de Estados Unidos) y aquellos que muestren interés y capacidad para cursarlas sin necesidad de pertenecer a la universidad. Resulta que uno de los amigos raperos de Levi es invitado a formar parte de la asignatura de la profesora Claire, sobre creatividad poética. Las disputas alrededor de esta situación son tan arduas como dignas de tener en cuenta. El segundo tema central de la novela es el amor. En este caso enfocado desde diferentes prismas: los adolescentes ardientes que van descubriendo su sexualidad a base de fogosidad y desparpajo, los hombres adultos exhaustos de relaciones estables, previsibles, tediosas y estancadas, y las mujeres adultas que mantienen estoicamente familias que no las merecen. El eje central de la novela es la relación que mantienen Howard y Kiki, una relación agotada por las continuas infidelidades de Howard, pero que ambos intentan sostener por ellos mismos y por sus hijos.

Esta novela me ha hecho recordar aquella acertada frase del inicio de Anna Karenina, “todas las familias felices se parecen unas a otras, pero cada familia infeliz lo es a su manera”. Smith ratifica la tesis de Tolstoi en un contexto más reciente y con las problemáticas que subyacen a la sociedad americana de mediados del siglo XX. No tiene la profundidad de la obra rusa (ni siquiera sería comparable en otros aspectos), pero sí que se apoya en el mismo planteamiento. Así pues, todo está servido para una hilarante historia en el que el bagaje intelectual y cultural se reduce a un vistoso escudo personal diseñado para protegerse del desamparo y mitigar el implacable paso del tiempo. La agilidad de los diálogos, el enfoque de las temáticas, el ritmo de la acción y el inesperado final hacen de esta una obra única, absorbente y conmovedora. Una opción muy adecuada para el verano.

 

¡Nos vemos en la próxima reseña!

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