Un clásico con una edición impecable

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¿A qué vienen esas pasiones desesperadas? Todo para demostrar algo especial. Pues ya ve usted lo que ha demostrado. Ha acabado con su vida y ha destrozado a dos hombres extraordinarios: su marido y mi desdichado hijo.

¿Qué puedo decir de esta novela que no se haya dicho ya? Nada, no soy tan osado como para hacer una nueva interpretación a estas alturas de esta novela en la que seguro que si la vuelvo a leer, descubro cosas nuevas o veo la historia de otra forma. Pero me ha encantado. Me ha parecido soberbia. Creo que no he leído nada parecido. No diría que pasase a ser mi libro favorito (creo que nunca sentiré nada parecido que cuando leí Cien años de soledad por primer vez), pero desde luego que es una novela inolvidable. La capacidad descriptiva, la ambientación, el tratamiento psicológico de los personajes, sus inquietudes, sus tormentos, sus pasiones, sus anhelos, sus razonamientos políticos, éticos, filosóficos, religiosos, sociales, todo está bien desarrollado. No le sobra ni una frase, no le falta nada. Es una obra de arte impresionante. Qué capacidad para profundizar en todos estos aspectos de los personajes, para llegar hasta la raíz de los problemas, para hurgar en sus corazones y llevarlos a los límites de la razón y de la pasión.

De todos los personajes yo creo que me quedo con Levin. No porque esté de acuerdo con su forma de ser, de pensar o de proceder, sino por que es consecuente, razonable, tranquilo y alejado de la pompa aristocrática. Además, todo se lo plantea, a todo le da vueltas, todo tiene que tener ser coherente con un profundo sentido del deber y del ser. Está en constante crecimiento, en permanente cambio, desarrollando razonamientos en su cabeza que no siempre le llevan donde él en un principio pensaba que le llevarían. Y eso me encanta de las personas. Las inestables, las que no tienen nada claro, las que continuamente están en peleas existenciales consigo mismas.

Desde luego que Anna es otro personaje fascinante. Se deja llevar por sus pasiones, que le aportan felicidad e inestabilidad a partes iguales. Una persona torturada, martirizada por sus propias contradicciones. Pero esto mismo es lo que atrae de Karenina. Un personaje coherente a su manera, cegada por un amor incomprendido, y alejado de todos los convenios propios de la aristocracia. Aunque se mueve como pez en el agua en esas esferas, en el fondo las repele. Su final es el final esperado, y es lo mejor que le podía pasar porque es cierto que acaba siendo un personaje egoísta que siembra vientos y recoge tempestades.

La edición es una gozada, la nueva traducción de Victor Gallego por lo que dicen los expertos es bastante buena; ha recibido premios de reconocido prestigio. La tapa blanda es un acierto aunque el libro llegue a las 1002 páginas. Se lee bastante bien. Las notas al pie facilitan la lectura.

¿Y qué decir del autor? No me siento capacitado para hacer un comentario riguroso sobre el autor. Es el primer libro que leo de él y me ha encantado. Un conocedor exhaustivo de toda la realidad rusa y aristocrática. De los problemas sociales y éticos que envuelven a los personajes. De los planteamientos políticos de la época, de las disquisiciones en torno a la agricultura, las relaciones internacionales, la política interna rusa, las relaciones de los terratenientes y los campesinos… una gozada. Te profundiza tanto en la psicología de una mujer atormentada por un despecho como en las particularidades de una boda, de un parto, de la vida en un casino, de las tareas de los campesinos… Increíble. Me gusta el papel que otorga a los trenes en la novela, desde la pesadilla de Anna hasta su majestuoso final. Lo mejor que se ha dicho del autor lo han dicho otros grandes; como se destaca en la contraportada de la edición, Nabokov decía que la novela “es una de las más grandes historias de amor de la literatura universal”. “¡Qué artista y qué psicólogo!” exclamó Flaubert al leerla. “No vacilo en afirmar que es la mayor novela social de todos los tiempos” dijo Thomas Mann. Dostoievsky, contemporáneo de Tolstoi, la calificó de “obra de arte perfecta”.

Sólo una recomendación: leedla cuando tengáis tiempo para dedicarle varias horas de seguido, a poder ser unas vacaciones, jejeje.

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