Una oportuna bofetada literaria sobre las clases sociales y la violencia de género

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Último libro del 2018. En estas fechas y todavía tengo libros leídos del año pasado sin reseñar. Desastre. Libros antiguos editados por editoriales poco conocidas. Siempre está bien. Son esas las editoriales que llevan a cabo un trabajo pulcro de buceo por la literatura extranjera para traer títulos diferentes. No viven de bestsellers ni de atores consagrados, sino de su trabajo de investigación, lectura y traducción de pequeñas obras desconocidas para el lector medio. Es el compromiso con la cultura y con la buena literatura lo que las mueve. Quizá también la necesidad. Pero no es incompatible. Las afueras es una editorial de reciente creación que ya cuenta con cinco títulos en su catálogo. Yo acabo de leer Los golpes de Jean Meckert y creo que no será el último de los que editen estos barceloneses aventureros de las letras.

Félix, nuestro protagonista, nos cuenta en primera persona su relación con Paulette en el París de los años 30. Él es un obrero sin estudios, huérfano, comunista y revolucionario. Sobre todo, es un hombre consciente de su clase social que habla de injusticias sin hacer nada para cambiarlo. En uno de sus trabajos conoce a Paulette, una chica burguesa que trabaja como oficinista en el taller donde es mecánico. Se enamoran y comienzan una relación perjudicial para ambos. Félix no encaja en la familia de Paulette, “me molestaba entrar de golpe en el grupo de los aburguesados y empezar a juzgar a todo el mundo. Yo quería más bien jugar aparte. Todavía me creía indispensable y libro. De hecho, yo era el más joven”. El diálogo inter-clases no funcionaba “vosotros los obreros tenéis suerte, vuestra cabeza no trabaja, solo vuestro brazo. Pero nosotros, amigo mío, sufrimos constantemente una tensión moral. Por la noche, ya en casa, sigo pensando si he hecho bien tal certificado, tal estadística (…) Yo protestaba, decía que nosotros también nos cansábamos mucho y que mi trabajo con los vapores celulósicos era increíblemente pesado. De nuevo, controversia, esfuerzo físico, esfuerzo cerebral… Nos intercambiábamos palabras. Era cansino a más no poder. No teníamos que demostrarnos nada, en el fondo. Cada uno hablaba para sí mismo, en voz alta”. Pero ellos estaban enamorados, Paulette intentaba que Félix se sintiera a gusto, respaldado al menos por ella. Y durante un tiempo vivieron felices, “la felicidad siempre es un poco obscena, si te paras a pensar” (una felicidad lejos del ideal aristotélico de ser feliz al final de la vida, pero quizás Meckert esté siendo más incisivo y nos esté diciendo que la clase obrera solo pueda ser feliz en determinados momentos). Pero es un escollo insalvable. Y estas diferencias serán el detonante de una relación violenta, visceral y volcánica. Llegado este punto, Meckert nos enseña el lado más infantil, inmoral, inhumano y deleznable de Félix. Se revuelve como una persona inadaptada e inestable. Empieza a maltratar a Paulette, la pegará en varias ocasiones a lo largo de la novela, y se descubre el tono de arrepentimiento en la narración de los hechos, quizás no sea tanto arrepentimiento como conformismo con la situación, parece que no esté diciendo a los lectores “esto que os cuento es así y no es posible cambiar ni mi actitud ni de la de Paulette”. Horrible. Pero es consciente de que lo que nos está contando está mal, “Tengo miedo de que se quede coja esta historia mía, de la que no me enorgullezco. Las palabras necesitan tanta lógica que más de veinte veces me ha asqueado seguir escribiendo. Tienes que estar tallándolo y rascándolo todo, poniendo constantemente la historia en la báscula para ver cuánto pesa. ¿Se reconocerá algo en toda esta serie de palabras que he ido pegando como bien he podido? ¿Se comprenderá que, detrás de toda esta fachada, se oculta el drama ilógico de dos existencias? ¿Habré logrado hacer sentir, al construir mi pequeño y extraño muro, toda la enorme tragedia que sentí?… Me fallan las fuerzas”. Interpela continuamente al lector. No nos deja mantenernos al margen. Lo terminas y sigues sintiendo rabia, quizás más justificada que la que siente el protagonista a lo largo de toda la novela.

Leedlo porque no os vais a arrepentir, porque se lee muy bien, porque es directo, porque brilla en el fango de la violencia, porque sensibiliza, porque empatizas con los personajes, porque es un libro que perdura como perduran los golpes que ambos personajes reciben, porque en el fondo Meckert también nos está pegando una (oportuna) bofetada a los lectores para que despertemos y nos comprometamos contra la violencia del sistema hacia las personas y de los hombres hacia las mujeres.

 

¡Nos vemos en la próxima reseña!

Un comentario sobre “Una oportuna bofetada literaria sobre las clases sociales y la violencia de género

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  1. ¡Hola! Ya llevo tiempo queriendo leerlo. He visto muy buenas opiniones en general en las redes y espero que lo consiga este año. 😁 Encima, después de leer tu reseña este sentimiento se ha acrecentado. 😋 Un saludo.

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