Reseña de Los mejores días de Magalí Etchebarne

No es fácil decir tanto en tan pocas páginas: densidad, profundidad y sin embargo ligereza en un libro que promete

Los libros con mujeres protagonistas no son una moda, siempre ha habido mujeres protagonistas. Incluso tenemos clásicos de la Literatura universal donde son las mujeres las que llevan las riendas de la historia: Flaubert, Tolstoi, García Márquez… Lo que sí vamos descubriendo es que esas mujeres van cambiando sus roles (y menos mal). En este blog podéis encontrar libros de este tipo, os animo a buscarlos. En este caso, os traigo Los mejores días de Magalí Etchebarne editado por las afueras, una editorial que acabo de descubrir y de la que ya leí Los golpes de Jean Meckert (un librazo). Etchebarne es una reconocida cuentista argentina. Sus obras suelen estar protagonizadas por mujeres, con una voz muy particular, muy fuerte, íntima y enérgica. Este es mi primer acercamiento a esta autora, a la que -casi con toda seguridad- volveré a leer y disfrutar.

En Los mejores días Etchebarne presenta ocho cuentos interrelacionados entre sí que pueden darle sentido de novela aunque las historias son independientes. Son historias de una misma familia, pero con protagonistas diferentes: niñas, adolescentes, jóvenes, mujeres adultas o ancianas solitarias. Relacionadas entre sí como madres, hijas, esposas o amantes. Bajo mi punto de vista, hay tres relatos que destacan sobre los demás. Jinete inexperto es el primero; una historia cruda y triste sobre lo roles sexuales en la adolescencia y la juventud y sobre cómo maduran en la adultez. Tsunami, el segundo, es una historia contada por una hija cuya madre con una personalidad arrolladora (“esas vacaciones fueron idea de papá. Pero todas las otras ideas, las que definían al mundo y a las personas, eran propiedad de ella“) que ahora sufre demencia: “Una mañana se despertó y terminó de perder la cabeza. Salió de la cama, caminó desnuda hasta la cocina, abrió la heladera y se tiró leche encima Decía que se estaba purificando y que no sabía qué hacía ahí ni quieres éramos nosotros“. Capitán, el tercero, es una historia de amor contada por una mujer que ama a su pareja pero se mantienen alejados de la ajetreada vida de ciudad en un rancho “un proyecto indie para un chico de ambiciones animales“; la rutina y el tedio son peligros inminentes y la pareja se sostiene gracias a la inviolabilidad de su atmósfera, pero “pasa que un día, si alguien llegara y dijese una palabra que hace mucho que no usamos podría hacer tambalear la pareja. Si llegara una mujer, por ejemplo, alguien opuesto a mí en centímetros, en forma, en textura, nada me inquietaría más que el momento en el que abriera la boca y dijese algo. Por ejemplo plexo, que es una palabra hermosa y la estoy guardando para la semana que viene“. No termina bien, o sí, depende cómo se mire (tendrás que leerlo).

Más allá de la literalidad de las historias lo que destaca en Etchebarne es la atmósfera que genera y los gritos de lucha, rabia y empoderamiento que hay detrás de cada voz femenina. Tras estos cuentos hay momentos de brillantez tanto en el estilo como en la forma. Etchebarne tiene un estilo inusual y profundo, necesita poco espacio para desenvolverse con soltura y para dejar huella; por ejemplo, en Que no pase más, el tercero de los capítulos/relatos del libro, en poco menos de quince páginas genera un nivel de ansiedad y de inseguridad desorbitados en los personajes con preguntas como “¿cuánto puede durar una historia de amor si sabemos cuál es la verdad que nos une?” o reflexiones del estilo a “anoto esto en mi cuaderno: este amor no tiene marcha atrás. Va a ser en una sola dirección, una bala hacia el futuro. Desenamorarse ahora sería como vaciar el río con las manos“. No es fácil decir tanto con tan pocas palabras (siempre con la brillante excepción de la poesía, por supuesto).

Os recomiendo este libro por su profundidad y su ligereza, por su intensidad y la tranquilidad con la que se narra y por su voces femeninas doloridas y transgresoras. Se lee muy fácilmente, son relatos cortos e interrelacionados que permiten interrupciones. Pero sobre todo son relatos incómodos, de esas lecturas que te mantienen en el sofá o incluso leyendo mientras bajas del bus y te sientas en la parada a terminar el capítulo.

¡Nos vemos en la próxima reseña!

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