Un libro imprescindible sobre el poder sanador de la educación

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Los libros que me encuentro en las principales mesas o estanterías de todas las librerías suelen suscitarme cierto interés que termino controlando. Si resulta que realmente son buenos libros, permanecerán en el tiempo y seguramente envejezcan bien. Por otra parte, me gusta disfrutar de mis contradicciones y es fácil encontrarme saltándome mis propias reglas. Una educación es un buen ejemplo de esto último.  Sucumbí a los cantos de sirena que surgían de estas estanterías. Y no me arrepiento, porque es un libro excepcional.

Sí, creo que excepcional lo define bien; no hay muchos de su especie y se aparta de lo ordinario. Me acerqué al libro por el título, como profesor universitario de la rama educativa me llamó la atención. La portada terminó por engatusarme, pero me imaginé una historia muy diferente, quizás algo más parecido a Las ocho montañas de Cognetti. La contraportada ayuda. Pero todo esto, de momento, era marketing. Tenía que leer este libro, darle una oportunidad. Y no me arrepiento, porque es un libro excepcional.

Tara Westover, en un relato autobiográfico, nos habla del poder sanador de la educación. Por el camino nos presenta algunos debates muy interesantes como la influencia de aspectos como la religión, la escuela y la familia en la configuración social de una comunidad. Ahí es nada. Tara crece en las montañas de Idaho en el seno de una familia mormona donde el padre es el epicentro de todo lo que ocurre, “la vida en una montaña proporciona una sensación de autonomía, una idea de privacidad y aislamiento, incluso de dominio. Es posible surcar ese vasto espacio a solas durante horas, vagar entre los pinos, arbustos y rocas. La quietud nace de la pura inmensidad; apacigua con su propia magnitud, que vuelve intrascendente lo meramente humano. Esa hipnosis alpina, ese enmudecimiento del drama humano, configuró a Gene”. Gene, el padre de familia, es una persona profundamente religiosa, incluso diría que era un fundamentalista. Lleva al extremo cuestiones como proporcionar salud y educación desde casa, sin asistir a instituciones públicas o privadas, educando desde su visión mormona del mundo y sanando desde las pócimas, las cremas y los chacras (ahora que está de moda la homeopatía). Tara se da cuenta de ello desde pequeña, pero no tiene criterios para dimensionar la situación hasta que no consigue salir de casa para estudiar (algo que le costará muchos disgustos), “siempre había sabido que mi padre creía en un Dios distinto. De niña ya era consciente de que, aunque mi familia iba a la misma iglesia que todos los residentes de nuestra ciudad, no profesábamos la misma religión. Ellos creían en el decoro; nosotros lo practicábamos. Ellos creían en el poder sanador de Dios; nosotros dejábamos nuestras heridas en Sus manos. Ellos creían en la preparación para el Segundo Advenimiento; nosotros nos preparábamos. Desde que tenía uso de razón sabía que los miembros de mi familia eran los únicos mormones de verdad que había conocido, y sin embargo, hasta que fui a esa universidad, a esa capilla, no me percaté de la inmensidad del abismo. Me di cuenta entonces: o estaba con mi familia, o estaba con los infieles, en un bando o en otro, pues entre ambos no había ningún asidero”. Y ahí es donde comienza el libro. Salir del núcleo familiar a Tara le supuso un choque de realidad importante, algo que no será capaz de gestionar hasta bien avanzada su vida, “me había percatado de cómo nos había esculpido una tradición que nos venía dada, una tradición que ignorábamos a propósito o sin querer. Empezaba a comprender que habíamos prestado nuestra voz a un discurso cuyo único objetivo era deshumanizar y dar un trato brutal a otras personas, porque alimentar ese discurso era más fácil, porque retener el poder siempre parece la opción ganadora”.

Su capacidad de concentración, de sacrificio, de esfuerzo, de análisis, de abstracción, fue lo que le ayudó a salir del pozo en el que su padre la tenía presa. Todas estas capacidades al servicio de los libros, los docentes, la investigación, el conocimiento, las convicciones, en definitiva, al servicio de la educación. Salir de la cueva platónica y mirar el mundo por sí misma, analizarlo y juzgarlo en función de nuevos elementos que enriquecen y matizan las posiciones monolíticas de una familia fervorosamente religiosa. Esa fue su tabla de salvación y, si leéis el libro os daréis cuenta que, le costó muchos disgustos, pérdidas y sufrimiento tanto físico, como psicológico y moral. Pero ahí estaban sus capacidades y sus convicciones. Hay un momento hacia el final del libro (con Tara ya siendo una flamante doctora por Cambridge y alejada de su familia) en el que el padre le ofrece el perdón a través de una bendición mormona y por recuperar el amor y el cariño de su familia Tara se lo plantea seriamente, pero llega a una conclusión asombrosamente sencilla y rotunda al mismo tiempo “todo aquello por lo que había trabajado y todos los años de estudio habían tenido el objetivo de permitirme adquirir un único privilegio: el de ver y experimentar más verdades de las que mi padre me brindaba, y aprovecharlas para construir mi propio pensamiento. Había llegado a convencerme de que la capacidad de evaluar muchas ideas, muchas crónicas, muchos puntos de vista era la base de lo que significa crearse a una misma. Si cedía, perdería algo más que una discusión. Perdería la custodia de mi pensamiento. Comprendí que ese era el precio que se me pedía que pagara. Lo que mi familia quería expulsar de mí no era un demonio; querían expulsarme a mí misma de mí”.

Del libro se pueden extraer muchas lecturas, no es mi intención daros ninguna de ellas, pues esa es tarea del lector. Te animo a leerlo y a comentar conmigo (o con tu entorno) todo aquello que te suscite la historia de Tara, porque creo que puede ser muy interesante. Me gustaría que este libro nos ayude a valorar el poder de la educación y, por consiguiente, el poder y el valor de los docentes y de los libros. Sin esto, tendremos una sociedad vacía que generará explicaciones y realidades alejadas del conocimiento y la razón. La biografía de Tara nos debería servir para darnos cuenta de ello, y solo por eso creo que merece la pena dedicarle nuestro tiempo.

 

¡Nos vemos en la próxima reseña!

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