Reseña de Las palabras de la noche de Natalia Ginzburg

Un cotilleo de ciento treinta páginas para la hora del té

Llegué a este libro sin mucho entusiasmo. Fue en la Feria del Libro de Madrid del año pasado. Paré en la caseta de la editorial y pregunté “¿Qué libro me recomiendas?”, el dependiente titubeó e inmediatamente supe que no debía seguir su recomendación, así que por no irme con las manos vacías pensé “Natalia Ginzburg no me va a decepcionar”. Así que me llevé Las palabras de la noche. De esta grande italiana he leído Me casé por alegría y Y eso fue lo que pasó. Sigo teniendo pendiente Léxico familiar. Tras leer este libro, he decidido que no puedo posponer más su Léxico familiar porque paso de llevarme más chascos.

Las palabras de la noche es una novela corta en la que Ginzburg nos sumerge en la vida de familias aristocráticas de una pequeña villa italiana. La narradora, Elsa, es la hija pequeña de una de las familias que, sin ser de gran pompa, sí que mantiene buenas relaciones con la alta burguesía. Supongo que el estilo de Ginzburg será intencionado, pero me ha parecido un cotilleo de ciento treinta páginas. Vacío, sin mensaje ni profundidad. Un monólogo propio del té de las cinco, y creo que el padre de la familia estaría de acuerdo conmigo “esta historia –dijo mi padre- me la habréis contado millones de veces. ¿Qué le puede importar a Tommasino una persona que nunca ha visto y que no verá nunca? Es por tener un poco de conversación –dijo mi madre-. ¿Quieres que nos pasemos toda la noche mirándonos a los ojos? Se cuentan cosas, se habla. Se dice esto, lo otro, lo de más allá”. La madre es odiosa, satura de tanto hablar, de tanto cuchichear, de tanto malmeter… ay, qué sopor. La novela mejora al final, con la historia de Tommasino y Elsa, una historia de amor de infancia que parece irrevocable en la juventud. Elsa se muere por Tommasino, pero este quiere salir del ambiente cerrado y naftalinoso de la villa y conocer mundo y mujeres más allá del radar de su familia y sus allegados. Aun así, ambos intentan una relación (renunciando a los sueños por amor) que no saldrá bien. No saldrá bien porque cuando algo está tan pensado y tan planificado lo normal es que la realidad sea un chasco porque en tu cabeza las cosas eran mágicas y la realidad es aburrida, “cuando se ven las cosas futuras con tanta claridad, como si ya estuviesen sucediendo, entonces es señal de que no deben suceder nunca. Porque ya han sucedido, en cierto sentido, en nuestra cabeza, y no se puede consentir que sucedan de verdad”.

Quizás sea una buena novela de interregno, una novela que olvidaré pero que me sirve para cambiar de plato. Alguna vez las he llamado “novelas – sorbete”, por esos sorbetes de mandarina de las bodas que no dejan huella, pero despejan el paladar. Pues sí, así es Las palabras de la noche, una novelita de ambiente aristocrático, como un capítulo del Secreto de Puente Viejo, insulso, pero eficaz para echarte la siesta y pasar de la comida a la tarde.

¡Nos vemos en la próxima reseña!

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