Reseña de Un año en los bosques de Sue Hubbell

Un libro sobre un estilo de vida basado en la cooperación y la convivencia serena

Algo tiene este género que llama tanto mi atención. Creo que sacia mis ganas de seguir el ejemplo de los autores. La colección de Libros salvajes de Errata naturae me va a terminar creando problemas con mi familia, mis amigos y mi pareja, porque cuando leo un libro de esta colección lo que me apetece es irme a vivir a la montaña, a una cabaña, a leer, a escribir y a disfrutar de la soledad y la naturaleza (quizás hiciera una excepción en eso de la soledad y me llevara a Cris y a los gatetes). Luego me rajo y sigo mi rutina, pero el sueño permanece. Esta editorial ha cubierto un espacio vacío en la literatura con una colección muy atractiva. Ya he leído Walden de Thoreau (of course) e Invierno de Rick Bass, pero caerán más. Seguro.

Un año en los bosques cuenta la experiencia en primera persona vivida por Sue Hubbell, una bibliotecaria del sur de Estados Unidos que harta de la rutina y de la urbanidad, decide irse a vivir con su pareja (con el tiempo se quedará sola) a los Ozarks con el objetivo de montar un negocio de miel y disfrutar de sus abejas y otras compañías salvajes. El libro lo escribe cuando ya lleva en los Ozarks doce años y al comienzo del mismo hace balance, “durante los últimos doce años he aprendido que los árboles necesitan espacio para crecer, que los coyotes cantan junto al arroyo en enero, que en el roble solo se puede clavar un clave cuando está verde, que las abejas saben más que yo sobre la fabricación de miel, que el amor puede convertirse en tristeza y que hay más preguntas que respuestas”. Esta relación entre la naturaleza y las preguntas sin respuestas correctas se mantendrá durante todo el libro y es una de las aportaciones de Hubbell, en un momento reflexivo sobre su relación con una araña establece algunos paralelismos interesantes, “ambas somos seres animados con los elementos químicos comunes en todos los seres vivos (…) Ambas tenemos que enfrentarnos a una serie de problemas planteados por la química y la velocidad, entre ellos cómo crecer y cómo ganarnos la vida. Son grandes cuestiones, y como suele ocurrir con las grandes cuestiones, hemos dado con respuestas diferentes (…) Vivir en un mundo donde las respuestas a las preguntas pueden ser tantas y tan buenas es lo que me hace salir de la cama y calzarme las botas cada mañana”. Esto que aquí he reproducido con la araña, Hubbell lo lleva a muchos ejemplos. Dedica tiempo a explicarnos qué relación tiene con polillas, murciélagos, ácaros, pulgas, cucarachas u orugas. Pero también con otros seres más achuchables como perros, gatos, zarigüeyas, coyotes, linces, ciervos… La autora es bióloga y eso contribuye a su conocimiento sobre el ecosistema de los Ozarks. Es especialmente relevante la relación que tiene Hubbell con “sus” abejas y con su negocio, es interesante intentar ver el mundo como lo ve la autora y darte cuenta de que esa vida no es idílica, implica renuncias y ausencias, pero en el fondo se trata de alguien que se lanza a cumplir un sueño que otros podemos tener, pero no nos lanzamos a cumplir.

Hubbell me da envidia porque disfruta de momentos que a mí también me harían disfrutar, por ejemplo, “he pasado la tarde a horcajadas sobre el nuevo tejado del altillo del granero, poniéndole una cumbrera, una serie de tejas solapadas que cubren la hendidura donde las tejas de las dos caras del tejado se encuentran. Mucho habría tenido que esforzarme para no ser feliz ahí arriba. La migración otoñal de las mariposas monarcas, criaturas despampanantes, naranjas y negras, ha comenzado, y un buen montón ha pasado volando mientras trabajaba”. Me parece un planazo. Creo que este tipo de decisiones (dejarlo todo e irse a vivir a una cabaña en mitad de una montaña) solo las toman personas de una pasta especial. Se mueven entre el activismo ecologista, el egoísmo y el hedonismo. Me dan mucha envidia, pero no sé cuánto tiempo aguantaría allí arriba. Me gustaría intentarlo, pero hasta ese momento creo que seguiré saciando mi curiosidad con más libros de esta colección.

Os animo a leer a Hubbell y su Un año en los bosques, a mirar el mundo con su curiosidad y su admiración sobre la belleza que nos regala la naturaleza. Sin aspavientos, sin alardes ni ostentaciones, desde el amor al aire libre, a la paz, a la tranquilidad, y a la dedicación absoluta a sus quehaceres. Desde el compromiso con el medio ambiente, con la feliz convivencia entre personas, animales y plantas. Ojalá la revolución apartada que nos propone Hubbell fuera un leitmotiv en la vida de los demás, sin necesidad de irse a Pirineos a vivir, pero sí con la mentalidad de cooperación y convivencia serena.

 

¡Nos vemos en la próxima reseña!

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