Reseña de Limónov de Emmanuel Carrère

Una vida apasionante y vertiginosa bien merece convertirse en una buena novela

Este es de los libros a los que los premios les hacen justicia. Limónov de Emmanuel Carrère es una oportunidad para acercarse a la trepidante vida de un estrambótico y desconcertante personaje a través de la prosa de un buen escritor. Otro ejemplo de éxito es Open, la biografía de Agassi escrita por Moehringer.

En Limónov, un exhaustivo y trepidante trabajo de investigación, asistiremos a diferentes pasajes no ficcionados de la vida real de Eduard Savienko (perdonad la insistencia pero es que “Limónov no es un personaje de ficción. Existe y yo lo conozco” advierte Carrère), un joven, inexperto e incipiente escritor soviético que tiene que hacerse un hueco en el panorama nacional saliendo de los bajos fondos de un pueblo ucraniano. Una de las veces que Limónov y Carrère se reencuentran en 2009 y Carrère le confiesa su intención de escribir un libro sobre él, Limónov le pregunta, “¿por qué quiere escribir un libro sobre mí?” y Carrère reconoce que le pilla desprevenido, “pero respondo sinceramente, porque tiene -o porque ha tenido, ya no me acuerdo del tiempo de verbo que empleé- una vida apasionante. Una vida novelesca, peligrosa, una vida que ha arrostrado el riesgo de participar en la historia. Y entonces él dice algo que me deja de una pieza: Con su risita seca, sin mirarme: Sí, una vida de mierda”. Y es que la vida de Limónov es tan apasionante y novelesca como miserable y canalla. Y ahora vereís como ni Carrére ni el propio Limónov fallaron en sus adjetivaciones.

Empecemos dejando algo claro: su verdadero nombre no es Eduard Limónov, sino Eduard Savienko; pero “para ser plenamente poeta solo le falta un nombre, algo que suene mejor que su triste patronímico de labriego ucraniano. Un día, el grupito reunido en casa de Anna juega a inventarse uno (…) y Eduard Savienko se convierte en Ed Limónov, un homenaje a su humor ácido y belicoso, porque limon significa limón, y limonka, granada (la bomba de mano). Los demás abandonarán esos seudónimos, él conservará el suyo. Le complace deberse a sí mismo hasta el nombre”.

Así que, en estas condiciones, no siendo solo poeta sino también pareciéndolo, en su juventud, Limónov frecuentó los círculos clandestinos de la disidencia en la URSS, se vio obligado a exiliarse y aterrizó en Nueva York, donde vivió como un vagabundo, fue mayordomo de un millonario y escribió novelas autobiográficas, “Hace solo un año iba a su casa encarnando a un joven escritor lleno de porvenir, casado con una mujer bonita que iba a convertirse en una modelo famosa, y ahora es un mendigo”. Vive en una habitación de hotel roñoso que tiene decorada con fotos de Gadafi, Charles Manson y una de sí mismo vestido de “héroe nacional”, con Elena [una de sus novias, quizás la más atractiva] desnuda a sus pies. Del trabajo como mayordomo de un hombre asquerosamente rico, se plantea las diferencias sociales, “¿por qué él y no yo? Solo hay una respuesta: la revolución”. Empieza a tener conciencia de clase y no dejará de pensar que “un multimillonario americano y un poeta oficial soviético forman parte de la misma clase, la de los amos, a la que nunca pertenecerá él, que tiene mil veces más talento y energía”. Y sin embargo, de momento, esa revolución no será violenta, “lo encaja todo, los trabajos de mierda, el rechazo de los editores, las chicas de categoría E, porque cuenta con entrar un día por la puerta grande en los salones de los ricos y follarse a sus hijas vírgenes y que además le den las gracias” y es que “escribir no ha sido nunca para Eduard un fin en sí mismo, sino el único medio a su alcance de alcanzar el verdadero objetivo, hacerse rico y famoso”.

Se marchó a París, y “al cabo de cuatro o cinco años en París se dio cuenta de que quizá no lo alcanzase”, sin embargo será en París donde se haga famoso como escritor gracias a la escandalosa novela sobre sus andanzas neoyorquinas por el wild side americano (al más puro estilo beatnit). Y es que, en sus momentos más farragosos, cuando empezamos a pensar que su fracaso es irreversible, son los momentos en los que más brilla su escritura, “son prosas cortas, rara vez más de una página, donde pone por escrito todo lo que se le pasa por la cabeza. Lo que se le pasa por ella es espantoso, pero hay que reconocerle al menos la honestidad con que lo expone: resentimiento, envidia, odio  de clase, fantasmas sádicos, pero ninguna hipocresía, ni vergüenza, ni excusa. Más tarde todo esto lo convertirá en un libro titulado Diario de un fracasado, en mi opinión uno de los mejores suyos”.

De París viajó a los Balcanes a colaborar con la causa serbia y posteriormente regresó a la Rusia postcomunista. En la vuelta a Rusia funda un periódico, el Limonka, “Nadie en Rusia conocía la prensa underground norteamericana (…) y había motivo para quedarse atónito ante aquella maqueta chillona, aquellos dibujos repulsivos y titulares provocativos. Aunque fuese el órgano de un partido, en Limonka se hablaba más de rock, de literatura y sobre todo de estilo. ¿Qué estilo? El estilo fuck you bullshit, y el corte de mangas. La punkitud en su esplendor”. El Limonka será el arma propagandística del Partido Nacional Bolchevique, fundado por Limónov e ilegalizado por Putin en 2005 y posteriormente autodisuelto en 2010. Gracias a un artículo publicado en Limonka en 2001, Limónov pasará un tiempo en la cárcel acusado de “terrorismo, organización de una banda armada o participación en la misma, adquisición transporte, venta o almacenamiento ilícito de armas de fuego e incitación a actividades extremistas”. En este periodo coartado de libertad, Limónov escribió varios libros.

Actualmente Limónov es Presidente de La Otra Rusia, que reemplazó al PNB, un partido que se autodefine como nacionalista moderado, socialista de línea dura y activista por los derechos constitucionales. Limónov “en su país se había convertido en la estrella que soñaba ser: un escritor adulado, un guerrillero mundano, un buen cliente para la prensa people”. Ahora es un activo opositor a Putin.

Solo por seguir las andanzas del excesivo Limónov merece la pena leer el libro (intentad no ir a Google ni a Wikipedia para buscar al personaje hasta que no terminéis el libro). Pero la habilidad de Carrère se extiende a su capacidad para trazar un contundente retrato de la URSS y la Rusia de los últimos cincuenta años y al mismo tiempo aventurarse en un análisis bastante exhaustivo de la condición humana desde los condicionantes internos y externos del protagonista. En este sentido, seguramente Limónov sea la excusa que Carrère utiliza para dibujar el retrato de la época soviética, y es que aunque el protagonista sea Limónov hay un marco de fondo que Carrère se empeña en precisar huyendo del sfumato davinciano (un análisis que no esquiva y en el que se detiene a veces de forma innecesaria). Esta biografía novelada ha sido merecedora del Premio Renaudot, del Premio de la Lengua Francesa en 2001 y del Prix des Prix 2011 (otorgado entre los galardonados de los ocho premios literarios franceses en ese año) y más recientemente del Premio FIL de Literatura en Lenguas Romances en 2017. Con todos estos galardones parece obligatoria su lectura, pero si hay que calificarla así no es solo por los premios, sino por los méritos que acumula Carrère en la novela y que te llevarán por una aventura audaz y apasionante por la historia y la literatura.

 

¡Nos vemos en la próxima reseña!

2 comentarios sobre “Reseña de Limónov de Emmanuel Carrère

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