Reseña de Beckomberga. Oda a mi familia de Sara Stridsberg

Una obra de una dureza y una sensibilidad infinitas

Por norma general todo lo que tenga que ver con los países nórdicos es recomendable. En literatura, Nórdica Libros es el máximo exponente de la literatura nórdica todo editado con buen criterio y mucho mimo. Ahora nos ofrecen la posibilidad de acercarnos a la obra de Sara Stridsberg y su libro Beckomberga. Oda a mi familia con el que recibió el Premio de Literatura de la Unión Europea en 2015.

Strindsberg crea una historia maravillosa a través de Jackie, una niña que tiene a su padre (Jimmie Darling) ingresado en un hospital psiquiátrico al que visita asiduamente durante su estancia. La novela se mueve en diferentes espacios y tiempos, desde la vida de Jimmie antes de ingresar, hasta el presente con Jackie como madre de Marion, un niño pequeño producto de una relación que no permanece. La historia de Jimmie y Jackie es la historia de cualquier padre e hija. Una historia de amor infinito, no exenta de dificultades. La novela de Strindsberg reflexiona en torno a tres cuestiones: el amor, el suicidio y los hospitales psiquiátricos. Para referirse a los hospitales psiquiátricos, Strindsberg utiliza el ejemplo del emblemático Beckomberga sueco y lo describirá de la siguiente forma: “Los ideales arquitectónicos son austeridad, sobriedad, aspereza, sencillez, y las formas arquitectónicas no están pensadas para inspirar expectativas que la actividad hospitalaria no pueda cumplir. Es modesto y monumental a un tiempo, grandioso y melancólico”. Yo no pude pensar más que en el hospital de Alguien voló sobre el nido del cuco decorado de IKEA. Más allá de la broma, Strindsberg mantiene un nivel reflexivo muy interesante cuando intenta darle sentido a este tipo de instituciones porque llega al fondo de las contradicciones que suponen, “resulta fácil idealizar la institución como el lugar perfecto, que hará todo aquello que nosotros, los seres humanos, no somos capaces de hacer por los demás. Al mismo tiempo, es un lugar aterrador, pues representa lo que de imperfección hay en nosotros: el fracaso, la debilidad, la soledad”. Sobre el suicidio Strindsberg también se mojará a través de la figura de Jimmie, el padre de Jackie, una persona totalmente deshumanizada a fuerza del destino, y le habla a su hija sin ningún atisbo de empatía: “será como si nunca hubiera estado aquí, Jackie. Y tú te las arreglarás. Siempre te las has arreglado. Yo nunca he sido nadie con quien pudieras contar. Ya lo sabes. / El mar está en calma e inmóvil por completo ante nosotros. Él continúa despacio./ Inmediatamente antes de que todo se apague no existe el miedo, solo una luz débil que aletea en el límite de la conciencia. Si ya no existe el tiempo, tampoco puede existir la desazón. Si el espacio ha dejado de existir, no hay nada que temer. Es una suerte de paraíso, Jackie. Es el paraíso que se nos ofrece“. Y es la relación entre ambos la que nutre el libro de profundidad y de sentido. De la crudeza del padre “no deberías estar aquí, este no es lugar para alguien como tú”, al amor sincero de la hija “pero es que yo no quiero estar en ningún otro lugar del mundo”. Pero el amor de Jackie hacia su padre no es el único que aparece en la novela. Tanto es así que la depresión de Jimmie se ve grabada por el abandono de su mujer y madre de Jackie, Lone, y será a través de este desamor y amor no correspondido como Jimmie perderá el norte de su vida, “tiene que ser el amor lo que constituye la verdadera locura: la exaltación, el vértigo, la histeria“. Sin embargo, esta misma enfermedad que lo aparta de la vida, será la que le permita acercarse a la vida, “la verdad es que yo agradezco enormemente haber enfermado. De no ser por eso, no habría entendido nada del mundo“, porque “caer es comprender el universo“. Pero también estará el primer amor de Jackie, o la relación de Jackie con su hijo pequeño. Casi nada. Estas últimas reflexiones sobre la locura me recordaban de nuevo al personaje de Jack Nicholson en la película de Milos Forman, y a aquella filosofía de vida en la que los locos no son los internos sino el personal del hospital, personalizado en aquella terrorífica enfermera Radchet maravillosamente interpretada por Louise Fletcher.

Más allá del contenido y las respuestas que dan los personajes a las preguntas existenciales sobre “ser” y “estar” en el mundo, en el libro destaca el trabajo artesanal de Stridsberg, especialmente con las descripciones ricas en matices de la luz. La autora me reafirma en algo que siempre he pensado: los países nórdicos tienen una luz especial. Y eso es algo que la destreza de Stridsberg nos permite percibir. Una sensibilidad la de la autora que se ve favorecida por una edición muy cuidada de Nórdica Libros. La calidad el papel, la edición de las páginas, el tacto, la portada, todo está cuidado al detalle y funciona armónicamente con la novela. Un auténtico lujo de libro y de edición. Creo que no ha tenido el impacto en ventas que se merece, pero yo os animo a leerla y a disfrutar de Jackie y de Jimmie. Muy recomendable.

 

¡Nos vemos en la próxima reseña!

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