Reseña La Herencia de Vigdis Hjorth

Una disputa familiar sobre una herencia inmaterial

La literatura nórdica tiene algo característico que no consigo definir pero que me atrae. No he leído mucha, pero todo lo que he leído me ha parecido sobresaliente. Por lo pronto, hace poco reseñé Beckomberga, Oda a mi familia de Sara Stridsberg. Ahora os traigo La herencia de Vigdis Hjorth, una novela que ha tenido premios como el Premio de los libreros de Noruega, el Premio de la Crítica y estuvo nominada al prestigioso Premio de Literatura del Consejo Nórdico. En Noruega lo está petando, es uno de los fenómenos editoriales de los últimos años. Ahora nos la trae, como casi todo lo bueno que sale de allí, la editorial Nórdica ediciones, con una edición muy cuidada y agradable.

Hjorth nos acerca a un problema universal, las herencias familiares. Motivos de disputas, desencuentros y celos entre hermanos y familiares varios. En este caso, cuatro hermanos son los herederos a la muerte del padre y en esa herencia, se generan diferencias en el reparto porque los padres deciden dejar de dos casas de verano en Hvaler a dos hermanas (Astrid y Asa), siendo otros dos hermanos (Bergljot y Bard) los perjudicados. Ya tenemos las dos partes enfrentadas en la novela. Por una parte, Astrid y Asa que defienden la versión oficial de la familia (liderada por su madre) y por otra parte Bard y Bergljot que se apartaron del núcleo familiar por ser conscientes del trato diferenciado. Bergljot, la protagonista de la novela, guarda un terrible secreto familiar que la lleva marcando toda la vida, que intentó silenciar, “había conseguido que mi trabajo de destrucción funcionara, borrar esas voces suyas represoras, amenazantes, decepcionadas, que tan fuerte habían sonado dentro de mí durante más de cuarenta años”, pero que la herencia lo devolvió a flote. Bergjlot, por culpa de ese secreto, decidió alejarse de su familia y siempre dijo que no quería saber nada de una futura herencia. Ahora, con la muerte de su padre, llega el momento de hacer frente a una situación familiar compleja y cargada de rencores. El dolor de Bergjlot es profundo y durante más de cuarenta años le ha ido minando psicológicamente poco a poco, hasta el punto de llegar a dudar de si su postura es la correcta: “quizá mi padre nunca fuera feliz después de aquello. Quizá mi padre nunca fuera feliz antes de aquello. Me habría gustado saber lo que vivió en su infancia, tal vez esperaba que se lo preguntara, pero no se lo pregunté, y ya era demasiado tarde”. Pero Bergjlot al fin y al cabo es la parte más liberada de la miseria familiar que les asola; sus hermanas, las que han salido beneficiadas, son también víctimas a su forma, o así lo ven ellas y es que “los oprimidos suelen acabar mutilados, con una vida sentimental destrozada, suelen adoptar la manera de pensar y los métodos de actuar de los opresores, es la consecuencia más infame de la opresión, que destroza a los oprimidos haciéndoles menos capaces de librarse. Cuesta mucho trabajo convertir el sufrimiento en algo útil para alguien, sobre todo para el sufridor”.

Sin dejarse llevar por el falso sentimentalismo de las hermanas, Bergjlot las ve como aduladoras de la madre y manipuladoras con ella y con Bard, y en este caso las cosas se complican, porque Astrid y Asa también se consideran víctimas. Un amigo de Bergjlot, Bo, aficionado al análisis del discurso y a la resolución de conflictos internacionales reflexiona con ella de la siguiente forma: “lo difícil no es simpatizar con una parte del conflicto, dijo Bo, sino simpatizar con las dos. Lo difícil es cuando ambas partes son víctimas, identificándose con el papel de víctima, y lo necesitan y lo usan por su valor y se niegan a renunciar a él”. Y si todos somos víctimas, es difícil encontrar al verdugo…

El libro nos deja dos ideas fundamentales que serán las que vertebren toda la obra. La primera es que “toda víctima es un verdugo potencial, de manera que no hay que ser demasiado generoso con la compasión” y la segunda es que “al que ha traicionado no hay que elogiarlo por admitir su traición antes de que se haya reconocido la desesperación, el dolor y la rabia del herido. Sin eso, el arrepentimiento caerá al suelo como una piedra”. El libro aborda estas cuestiones de forma brillante. A través de Bergjlot acudimos a una vorágine de dolor, celos, sueños terribles, psicoanálisis y deseos muy bien tejida por Vigdis Hjorth. Al final de la novela no sabremos si el título se debe a la herencia a repartir o a la herencia axiológica, psicológica, ética y moral que los padres dejaron a sus hijos, con todas sus filias y sus fobias. Una delicia de fácil lectura, de capítulos cortos, ideal para estos tiempos de confinamiento.

¡Nos vemos en la próxima reseña!

2 comentarios sobre “Reseña La Herencia de Vigdis Hjorth

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