Reseña de El aliado de Iván Repila

La revolución será feminista o no será

Iván Repila lo ha vuelto a hacer. Ya me explotó la cabeza con El niño que robó el caballo de Atila y me conquistó con Prólogo para una guerra. Con El aliado, Repila insiste en escribir novelas que dejen huella. Hay mucho escrito sobre feminismo, pero poco escrito con tanto sentido de la responsabilidad. En ningún caso este libro pretende ser un tratado epistemológico, ni un ensayo. Estamos ante una novela de ficción, pero como toda la literatura, nos enseña y nos provoca. En este caso, su visión es tan particular y toca una tema tan radical (de raíz) que es imprescindible leerlo para cuestionarnos a nosotros y a nosotras mismas. Repila ha escrito una novela fascinante, divertida, trepidante, provocadora y profunda en sus planteamientos. Veamos por qué.

El protagonista de la novela se considera “el tío más feminista del mundo“, pero acepta: “tengo mis contradicciones“.  Estamos ante cualquier chico heterosexual, blanco, de clase media, que disfruta de sus contradicciones y sobre todo de sus comodidades, comodidades muchas de ellas que no ha tenido que labrarse, sino que le han venido dadas por sus condiciones naturales (hombre, heterosexual, blanco, de clase media). Se considera feminista, pero nunca ha leído nada ni se ha cuestionado sus privilegios. Hasta que conoce a Najwa, una mujer que ejerce el feminismo desde el activismo político y social. Ahí, empieza a empatizar con el movimiento y llega a dos conclusiones muy interesantes: “la única batalla trascendente en el siglo XXI es la de las mujeres. Esa es la llaga. Lo tengo tan claro que me asusta. El siglo XIX fue el siglo de la lucha de clases; el XX, el de las minorías étnicas. Por su puesto, todavía estamos intentando ganar aquellas guerras, pero ningún gobierno occidental, hoy por hoy, se atrevería a cuestionarlas” y “la igualdad es utópica porque no basta equiparar derechos cuando ellas arrastran siglos de castigo, generaciones enteras aplastadas“. A partir de aquí, su compromiso con la lucha feminista es total. Empieza a cambiar su entorno más cercano, ataca descaradamente comportamientos machistas de sus compañeros de piso y de sus amigos. Se pasa a las redes sociales donde se crea un perfil falso que utiliza para desahogarse por las injusticias de una sociedad patriarcal, facha y macha. Comienza a leer sobre feminismo y a formarse un pensamiento propio al respecto. Hasta que le rota la cabeza con una frase que será determinante en el devenir de la novela: “nuestra revolución es la única que ha sido pacífica. Por eso va tan lenta“. Aprovecha esto para planteárselo a Najwa que le contesta que “históricamente, la violencia pertenece al ámbito de lo masculino. (…) La violencia feminista está asociada con lo monstruoso“, y se abre una conversación muy interesante en la que nuestro protagonista le pregunta si no cree que la violencia es un recurso lícito para lograr determinados objetivos y ella acepta este punto, pero él insiste en un punto radical, “¿Habéis hecho algún voto de moderación en vuestros aquelarres? ¿Conduce lento, pero seguro? ¿Aprieta, pero no ahogues? Se supone que la revolución será feminista o no será. ¿Vais a destruir el sistema pidiéndolo por favor?” y la respuesta de Najwa es para enmarcar: “No es tan sencillo, idiota. No es como hacer huelga, o lanzar cócteles contra los antidisturbios, o montar barricadas. No somos mineros, ni tenemos un sindicato. Esto es un movimiento que implica a toda la sociedad, no solamente a un gobierno o a un empresario al que presentarle nuestras quejas. Es una maratón. Hay que eliminar cada uno de los pisos que el patriarcado ha construido sobre nosotras. No se trata de dinamitar un edificio y esperar a que caigan los cascotes, sino de borrar, con paciencia, todas las capas que nos han llevado a este punto. Es un proceso lento“. Se rebota. Quiere acelerar los cambios, generar espacios de lucha reales. Y empieza a desvariar. Crea Estado Fálico. Una organización de hombres, fascistas, machistas, retrógrados, que se dedican a provocar y a boicotear actos de asociaciones feministas. Persiguen a sus miembros y diseñan una estrategia de acoso y derribo tanto presencial como a través de redes sociales destinada a cabrear al movimiento feminista. Y lo consiguen. Tanto que surge un grupo de mujeres que se hacen llamar Princesas para luchar contra el Estado Fálico. Empiezan a confrontar entre ellos y los actos de represalia se elevan de tono. Nuestro protagonista en Estado Fálico, Najwa en Princesas, lío montado. Su relación está al margen de todo esto porque mantienen su militancia en secreto. En un enfrentamiento directo, surgen los primeros heridos graves… y nuestro feminista de pro, tras una apariencia de facho, se plantea su retirada, “Después de aquello respiré, y pensé por primera vez en abandonar el grupo. A fin de cuentas, ¿no había cumplido todos mis objetivos? Quería provocar a las mujeres: hecho. Quería que la lucha feminista se convirtiera en algo solemne: una conquista radical, respaldada por la fuerza, defendida por milicias que no aceptaran el status quo y promovieran una modificación de los roles históricos: hecho. (…) Mi trabajo había terminado. ¿Qué más podía hacer? ¿Seguir reuniéndome con esta banda de misóginos irrecuperables? ¿Seguir mintiendo a los que quiero?“. Ahora convivirán en él las convicciones feministas con la necesidad de incrementar el grado de violencia y de conflicto en las calles desde una organización machista y provocadora. Las discrepancias interiores le lanzarán hacia adelante. Siendo consciente de que está entrando en demasiadas contradicciones y que ese rol de abanderado de la lucha feminista y violenta le está creando demasiados conflictos internos, “Esto soy yo. Esto soy yo explicándole a una víctima como dejar de serlo. Esto soy yo explicándole a una mujer lo que es una víctima. Me ahogo. Me ahogo en mis propios pensamientos“. Ahora sí. Ahora sí ha entendido el fondo de la lucha feminista. Ahora llega el verdadero sentido de la novela. Ahora Iván Repila muestra sus cartas y nos da la bofetada a todos los lectores (hombres y seguramente a alguna mujer también). Ahora sí. “No has sido un aliado sino un hostigador. Tu liberación cognitiva es un fraude. Has dejado de mirar a los hombres, cuando era sobre ellos donde debías situar el peso bruto de tu testimonio. Has dejado de mirarlos porque los hombres nunca son objeto. Has dejado de mirarlos porque los hombres son el sujeto de una frase que llevas pronunciando décadas, de la que tú siempre has sido el verbo. Así que mírate“. Repita nos quita la venda. Nos enseña a mirar el conflicto (es un conflicto sea violento o no) y a nosotros mismos con respecto al conflicto. Y el desenlace de la novela es genial. Pero esto ya no te lo cuento. Lo lees. Lo disfrutas. Y te explotará la cabeza como a mi. Y Repila te conquistará. Como decían en Martin Hache, te follará el cerebro.

El libro está continuamente planteando una pregunta que recoge Aixa de la Cruz en el no-epílogo, “¿Tan difícil resulta imaginar un mundo en el que nuestra agencia no es el resultado de una provocación masculina?“. Y es que “si algo positivo nos legó el posestructuralismo es que a los binarios no hay que darles la vuelta. Hay que reconstruirlos, dinamitándolos de raíz“. El debate de la violencia o la no violencia en la lucha feminista no nos corresponde a los hombres. Una vez te enteres realmente de qué va la vaina, no quieras abanderar la lucha. Nos corresponde apoyar, incentivar, promover cambios, contribuir a acabar con privilegios, pero no nos corresponde marcar los tiempos, las formas, ni llevar la pancarta o el arma. Ayer escuchaba una entrevista a una política española en la que le preguntaban esto mismo y decía que hoy en día la violencia no es un instrumento válido pero, además, en el caso de la lucha feminista no es necesaria, porque las feministas consiguen violentar sin violencia. En el momento en el que se proponen eliminar privilegios los privilegiados se sienten violentados y el efecto es más exitoso que la propia violencia. Me pareció que acertaba de lleno en la sensación que me dejó El aliado. No es necesario ser violento, hay que conseguir violentar y que los privilegiados empiecen a sentirse incómodos hasta que terminemos con sus privilegios. Leed a Repila siempre que podáis y especialmente este libro de rabiosa actualidad y que llega al núcleo de una cuestión que ahora es feminista, pero es válida para todas las luchas sociales que estén por venir.

 

¡Nos vemos en la próxima reseña!

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