Reseña de Bendición de Kent Haruf

Cuesta volver a la vida tras leer a Haruf

Llevaba tiempo esperando que saliera. Después de leer los dos anteriores de la Trilogía de la llanura casi sin levantarme del sofá, me moría de ganas de terminar la historia. Conocí a Haruf en un encuentro inesperado a través de Nosotros en la noche, una novela preciosa, y mi idilio con él no ha hecho más que crecer. Siento absoluta devoción por este autor y su forma de narrar. Empiezo a sonar repetitivo cuando me refiero a sus libros, me pasa como a los periodistas deportivos tras otra noche mágica de Leo Messi, ya no saben qué decir, lo han dicho todo en anteriores ocasiones, son esclavos de su emoción y afán descriptivo en anteriores entregas. En mi caso, me explayé en La canción de la llanura y Al final de la tarde. Con Bendición, tercera entrega de la Trilogía de la Llanura, voy a intentar no ser redundante. Antes de empezar, no os asustéis si no habéis leído los dos primeros. Haruf compone tres tramas diferentes que no se necesitan las unas a las otras. La ambientación es la misma. Todas se desarrollan en Holt, un pueblecito inventado en el estado de Colorado.

Bendición se centra en la vida de Papá Lewis, un anciano con una enfermedad terminal que sentado en su sofá y fielmente mimado por su mujer, repasa su vida sentado en su sillón del salón mirando por la ventana mientras su vida se apaga lentamente. A su alrededor la vida sigue y es esa concatenación de historias vitales en su entorno las que dan profundidad a la novela. Lorraine, la hija de Papá Lewis vuelve al pueblo a pasar los últimos días de su padre junto a él y su madre. Berta May, la vecina, una anciana que cuida de su nieta, Alice, tras el fallecimiento de su hija. Las Johnson, madre e hija, religiosas, amables, cercanas y cotillas, vecinas del pueblo y que traban amistad con Berta y Lorraine. Este triángulo entre las Johnson, Lorraine y Berta se alimenta de la vitalidad que transmite la pequeña Alice, con la que todas quieren pasar el tiempo procurando hacer más llevadera la vida de pueblo a la niña. Otro personaje interesante es el reverendo Lyle, un hombre atormentado y de firmes convicciones religiosas que intenta trasmitir un mensaje de perdón y convivencia que no cala en el pueblo al malinterpretarse con los acontecimientos geopolíticos del momento. Todos estos personajes, y algunos secundarios más, son las herramientas que tiene Haruf para reflexionar en torno a la vida y su final, el amor y sus fallas, la lealtad y sus dudas, la familia y sus miserias y la vida rural estadounidense y su solemne quietud.

Sin grandes alardes literarios y sin alzar la voz, Haruf teje una historia profunda protagonizada por gente común, cargada de cotidianidad, sin aspavientos, sin grandes giros de guion, con la templanza de la madurez y la inocencia de los más pequeños. En el libro no pasa nada y pasa de todo. Abro paréntesis. La semana pasada en la última sesión del Club de Lectura “Docentes de Libro” que coordino en la Universidad Autónoma de Madrid, leímos Stoner de John Williams y dijimos lo mismo del libro y el autor: no pasa nada, pero no puedes parar de leer. Cierro paréntesis. Esto ha sido lo que me cautivó desde el primer momento de Haruf. Su capacidad para mantenerte pegado al libro sin necesidad de que ocurra nada. Sin muertes, sin aventuras, sin acontecimientos inesperados, sin apariciones estelares… a través de la cotidianidad, la rutina y la normalidad de unos personajes perfectamente reales. Porque la vida no necesita alicientes para ser narrada, la vida es tremendamente interesante. Solo hay que saber contarla. Y Haruf lo hace a las mil maravillas. Una vez dije que “cuesta volver a la vida tras leer a Haruf” y lo dije porque en sus novelas Haruf consigue convertir la rutina y el tedio en aventura narrada; su estilo embriagador te envuelve página a página hasta que terminas el libro sin darte cuenta y con una sensación de bienestar de la que no te quieres desprender. Ahora lo mantengo, pero lo preciso. Cuesta volver a la vida tras leer a Haruf porque no somos capaces de analizar la nuestra con la templanza, la tranquilidad y la mirada bondadosa de Haruf. Porque la vida puede ser un libro de Haruf o uno de George R. R. Martin. Tú decides. Yo prefiero que mi vida la cuente Haruf (o John Williams). Hasta entonces, seguiré leyendo sus libros.

 

¡Nos vemos en la próxima reseña!

2 comentarios sobre “Reseña de Bendición de Kent Haruf

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