La lucha minera convertida en un ‘must’ para esta Feria del Libro

IMG_2064

En los colegios nos hablaron de Mao, de Fidel, de Lenin, de Marx, de Dolores Ibárruri o, a los asturianos, de Belarmino Tomás (para saber más sobre Belarmino y la Comuna Asturiana os recomiendo que leáis “Balada del Norte” una novela gráfica de Alfonso Zapico es-pec-ta-cu-lar). Hay que leer para llegar a los verdaderos líderes revolucionarios, a las historias mundanas, a las miserias del día a día, a la lucha a cara de perro por unos valores y unos derechos. Así nos presenta David Peace esta crónica sobre la histórica huelga de mineros en Reino Unido contra Margaret Thatcher en 1984 y 1985. Un año de huelga. Un año sin cobrar. Un año de represión. Un año de pobreza y miseria.

La lucha minera siempre ha tenido cierto atractivo para mi. Siempre me han parecido un colectivo envidiable en lo que a defensa de los derechos de los trabajadores se refiere. Canciones como “Planta 14” de Victor Manuel me han servido para comprender la crudeza de un trabajo inhumano como el de los mineros. Quizás sea por mi vínculo asturiano, por visitar los valles del Caudal y del Nalón, por el Pozo Maria Luisa, o porque al cantar “Santa Bárbara bendita” se me ponen los pelos de punta…pero este tema me encanta. Y agradezco a este libro haber descubierto la huelga de la NUM contra Thatcher.

Es un libro fantástico. Una crónica descarnada sobre las penurias que tuvieron que vivir los protagonistas de una huelga infame, de una violencia indiscriminada de un gobierno implacable que atribuyó al éxito de esta huelga llegó el éxito del modelo neoliberal.

El libro se centra en algunos personajes fundamentales para el transcurrir de los acontecimientos. El peso del libro lo llevan dos personajes muy interesantes. Dos personajes que se sitúan muy cerca de los líderes de los dos bandos, Margaret Thatcher (Presidenta de UK entre 1979 y 1990, conocida como La Dama de Hierro) y Arthur Scargill (Presidente del NUM, conocido como El Rey Arturo, El Stalin de Yorkshire, El Rey Carbón). Estos personajes son un oscuro conocedor de las cloacas del estado, Stephen Sweet – el Judío – el trasunto de David Hart, un personaje con gran atractivo para el lector que va tejiendo malvadas redes y utilizando tácticas deleznables para garantizar el éxito de Thatcher. Y el lugarteniente de Scargill, Terry Winters, que en realidad se llamó Roger Windsor, un hombre con mucha voluntad y mucho poder dentro del NUM pero que nunca se ganó la confianza de los palmeros de Scargill. La trama la llevan estos personajes. (Os dejo las fotos para que les pongáis cara si leéis el libro).

 

El pase de diapositivas requiere JavaScript.

 

Si el protagonismo está en los personajes anteriores, el acierto del libro está en otros personajes. En dos mineros, uno raso (Martin) y un delegado de mina (Peter). La versión de la historia vista por los mineros es tan dura como bonita. Los mineros sirven para contar la historia “desde dentro”. Sus testimonios son ilustrativos de la situación que se tuvo que vivir en poblaciones como Yorkshire del Sur. Por ejemplo, hay un momento en el que algunas familias de mineros van a los Centros de Servicios Sociales (controlados por el Sindicato) a pedir comida de malas maneras. Cuenta Peter, el delegado minero,

“La señor Kershaw quería saber porqué a la señora Wilcox le habían tocado dos latas de judías en su paquete de alimentos y a ella solo una, ¿y sabía yo que a algunos les había tocado una bolsa de patatas y a otros no? (…) Asentí con la cabeza y anoté lo que ella dijo. Lo que todos dijeron… No le dije que sabía que su marido estaba trabajando a cambio de dinero en efectivo en una obra de construcción de Chesterfield y que por eso nunca iba a los piquetes. (…). No dije que había gente que estaba diez veces peor que ellos. Gente que nunca iba allí. Gente que nunca pedía nada. Gente que que te daba las gracias cuando los veías y les dabas algo. Gente que no nos decía lo que ya sabíamos: que no estábamos preparados. Que estábamos mal organizados. Que las cosas iban a empeorar…”

Otros testimonios que también estremecen son aquellos en los que los mineros cuentan cómo eran los piquetes, los enfrentamientos con la policía. Martin, el minero raso, hay un momento en el que reflexiona sobre esto:

“La prensa dirá luego que teníamos botellas. Ladrillos. Tirachinas. Pistolas de aire comprimido. Que disparamos perdigones…Mentirosos. Mentirosos de mierda… Tenemos terrones de barro, eso es lo que tenemos. Sí, cogemos ramas para levantar barricadas con las que frenar a los esquiroles. Haces eso, es verdad. Arrancamos árboles de Maltby Wood… Pero las rejas instaladas en el morro de sus furgones apartan las ramas como si no estuvieran allí… Como si nada. Y tampoco paran. Siguen directos a nosotros… No tenemos adónde ir (…) Chaquetas de trabajo. Anoraks. Paras. Gorros y bufandas. Botas de goma. Dr. Martens. Botas y zapatos normales. Es lo único que tenemos. Nada que pueda salvarnos”

También son interesantes las intervenciones que recoge David Peace de Arthur Scargill, presidente del NUM (National Union of Mineworkers – Sindicato Nacional de Mineros). Uno de los personajes reales que tiene el libro y quizás el más conocido de toda esta contienda. Una de sus intervenciones en un Congreso de sindicalistas, es especialmente clarividente:

“.. no estamos presenciando el fascismo de Hitler o Mussolini, ni la dictadura militar de un Pinochet o un Franco, sino la creación de una democracia controlada, una forma de fascismo respetable, una mezcla de los valores victorianos de Thatcher y técnicas modernas. Un granhermanismo orfelinato en el que se mantiene a los trabajadores mientras sepan dónde está su sitio: al fondo del montón. Esa es en gran medida la cara desagradable del conservadurismo que pisotea los valores más responsables de los mcmillanitas pragmáticos (…) Este congreso condena la falta absoluta de honestidad de la decisión del Gobierno conservador de atacar al NUM y todo el movimiento sindical mediante leyes represivas y una insólita operación a gran escala basada en actuaciones ilegales de la policía, violencia organizada contra los mineros, sus piquetes y sus comunidades por medio de una fuerza policial institucional y controlada en todo el país…”.

La desesperación de los mineros va creciendo a medida que pasan los días y el gobierno de Thatcher sigue sin ceder ni un ápice, no está dispuesta a negociar, quiere destruir la huelga, al sindicato y las aspiraciones de los mineros. A partir de esta huelga se empezó a consolidar el apodo de la Dama de Hierro. Y mientras ella y su Administración seguían inflexibles, a los 261 días de huelga, Martin -el minero raso-, cae exhausto y reflexiona sobre la Navidad y cómo se va decorando el Centro de Servicios Sociales,

“Cosas que ni siquiera quiero. Cosas que nunca he querido… Pero no tienen lo único que quiero. No se puede comprar lo que yo quiero. Aquí no. Ya no. Hoy en Gran Bretaña no… Lo que quiero es volver atrás. Volver a mi puesto de trabajo… No en un autobús con las ventanas tapadas con malla [así iban a trabajar los esquiroles]. No con una capucha con agujeros para los ojos… Quiero volver en mi coche. Aparcarlo con los demás. Entrar en el vestuario y reír con los chicos. Bajar en la jaula. Hacer mi turno y jugar una partida a las cartas. Currar y volver arriba. Lavarme y fichar. Volver directo a casa… A casa. Con mi mujer. Mi Cath… Eso es lo que quiero. Es lo único que quiero… Recuperar a mi mujer. Recuperar mi trabajo… Mi vida. La vida que tenía… Es lo único que quiero. Pero no lo veo. Aquí no. Hoy no…”.

Y esta pequeña rendición moral es el inicio de la derrota minera. Todavía duraron 100 días más. Pero cayeron. Fueron apaleados literal y figuradamente. Pero su lucha no fue en vano.

Por si aun no tenéis ganas de leer este gran libro solo puedo deciros que yo lo he devorado. Las 700 páginas me han durado 10 días. El libro está muy bien escrito. Muy bien relatado. En algunos momentos te pierdes con algunos personajes secundarios, pero la trama principal está muy bien tejida. Organiza el libro por capítulos que se corresponden con las semanas de la huelga (capítulos de 10 – 15 páginas). Los termina siempre con los testimonios de los mineros que están continuamente inconclusos para que continúes en el siguiente capítulo por donde lo dejaste. La estructura facilita la lectura. Es ameno. Se hace fácil. Y es muy ilustrativo. A mi me ha transportado perfectamente a la época, al conflicto, a la dureza de la derrota y a la pasión de la lucha por la defensa de los derechos de los trabajadores. Es una gozada. Una pequeña joya. Una pequeña porción de carbón británico, ese que movió el mundo a mediados del siglo XX y puso a Gran Bretaña en la cima mundial del desarrollo industrial, gracias al trabajo de estos mineros. Espero que os guste.

Y ya sabéis… “a galopar, hasta enterrarlos en el mar” (Rafael Alberti).

 

¡Nos vemos en la próxima reseña!

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

w

Conectando a %s

Blog de WordPress.com.

Subir ↑

A %d blogueros les gusta esto: