
Slimani acierta al retratar la intimidad de un país
Hace poco más de un año reseñaba El país de los otros, la primera entrega de la trilogía con la que Leila Slimani está reconstruyendo, a partir de su historia familiar, buena parte del Marruecos contemporáneo. Era una novela magnífica que retrataba el difícil encaje entre colonizadores y colonizados, entre Francia y Marruecos, entre la guerra y la independencia. En esta ocasión, con Miradnos bailar, editado por Cabaret Voltaire y publicado en 2023, Slimani retoma aquella historia unos años después y confirma que este ambicioso proyecto es, probablemente, lo mejor que ha escrito hasta la fecha. No es poca cosa para una autora a la que ya hemos dedicado en el blog las reseñas de En el jardín del ogro y Canción dulce.
Miradnos bailar arranca en 1968. Gracias al esfuerzo de Amin, las tierras áridas que heredó se han convertido en una explotación agrícola próspera y la familia Belhaj forma ya parte de una burguesía marroquí que mira al futuro con optimismo. Sin embargo, ese progreso económico convive con un país que todavía busca su identidad tras la independencia, dividido entre el peso de las tradiciones, la fascinación por la modernidad occidental y el endurecimiento político de los llamados años de plomo. Mientras los hijos, Aicha y Selim, intentan encontrar su propio lugar en ese nuevo Marruecos, también los padres deberán enfrentarse al balance de una vida construida a base de renuncias. Aunque la novela amplía el protagonismo de la nueva generación, para mí el verdadero centro emocional del libro sigue estando en Mathilde y Amin. Si en El país de los otros asistíamos a la construcción de sus vidas, aquí contemplamos el momento en que ambos comienzan a preguntarse qué han hecho con ellas. Slimani profundiza en dos personajes extraordinarios cuya riqueza no reside tanto en lo que hacen como en lo que sienten, recuerdan, callan o reprimen. Sus corrientes internas son mucho más intensas que sus manifestaciones externas, y ahí vuelve a demostrar una sensibilidad poco común para explorar la intimidad. Mathilde continúa siendo, probablemente, el personaje más fascinante de la trilogía: una mujer que nunca termina de pertenecer del todo al lugar donde vive y que mira su vida con la melancolía de quien intuye las renuncias que ha debido asumir. Amin, por su parte, deja de ser únicamente el hombre trabajador y obstinado de la primera entrega para revelar sus contradicciones, sus inseguridades y el precio personal que ha pagado por sacar adelante a su familia. Frente a ellos emerge la generación de Aicha y Selim, hijos de un Marruecos ya independiente y mucho más abiertos a las transformaciones sociales y culturales que atraviesan el país. En ellos aparecen las tensiones entre tradición y modernidad, entre las expectativas familiares y el deseo de construir una vida propia. Slimani no los convierte en simples símbolos del cambio generacional, sino en personajes con entidad propia, que enriquecen el retrato coral de la familia y anuncian el rumbo que probablemente tomará la tercera entrega de la trilogía.
Como ya ocurría en El país de los otros, la historia familiar funciona también como una forma privilegiada de contar la historia de Marruecos. El país aparece atravesado por tensiones permanentes entre tradición y modernidad, riqueza y desigualdad, libertad y represión. Pero Slimani evita convertir la novela en un ensayo histórico: lo político nunca desplaza a los personajes; al contrario, son ellos quienes permiten comprender cómo los grandes procesos históricos terminan instalándose en la vida cotidiana, en los afectos, en los deseos y en los miedos.
Si algo confirma Miradnos bailar es la enorme capacidad de Leila Slimani para combinar lo íntimo y lo colectivo. Sigue escribiendo con esa prosa limpia, elegante y aparentemente sencilla que ya conocíamos, pero aquí alcanza una madurez narrativa que convierte a los personajes en el verdadero motor de la novela. Al terminar el libro, uno tiene la sensación de haber convivido durante unas semanas con Mathilde, Amin, Aicha y Selim más que de haber leído una ficción. Con esta segunda entrega, la trilogía gana profundidad y espesor emocional. Si El país de los otros narraba la construcción de una familia en un país que nacía, Miradnos bailar observa cómo esa misma familia empieza a convivir con el desgaste del tiempo, las renuncias y los cambios de una sociedad que también busca su lugar. Cuando una saga consigue que sus personajes acaben formando parte de la memoria del lector, solo queda una opción: seguir acompañándolos hasta el final. Yo ya estoy deseando abrir Me llevaré el fuego, la novela con la que Leila Slimani cerrará el proyecto narrativo más ambicioso y logrado de toda su obra.
¡Nos vemos en la próxima reseña!
Deja un comentario