
Atticus Lish frente al reverso del sueño americano
No recuerdo muy bien cómo llegó el libro que hoy reseñamos a mis estanterías. Llevaba allí varios años, esperando su momento, hasta que por alguna razón terminé rescatándolo casi por casualidad. No sé por qué no lo leí antes, pero me alegro de que haya llegado ahora. Atticus Lish publicó Preparación para la próxima vida, su primera novela, en 2014 después de haber trabajado como obrero de la construcción, empleado de comida rápida y traductor de chino, además de pasar por los marines. El libro, aparecido originalmente en una pequeña editorial independiente, obtuvo el PEN/Faulkner Award y el George Plimpton Prize y fue publicado en España por Sexto Piso en 2016, con traducción de Magdalena Palmer. Su recorrido ha llegado también al cine: en 2025, Bing Liu dirigió una adaptación protagonizada por Sebiye Behtiyar y Fred Hechinger.
Zou Lei es una inmigrante uigur, musulmana y de origen chino que ha entrado ilegalmente en Estados Unidos atravesando la frontera mexicana. Después de pasar por un centro de detención, intenta sobrevivir en Nueva York aceptando trabajos precarios y agotadores mientras vive bajo la amenaza constante de ser detenida y deportada. Brad Skinner es un veterano de la guerra de Irak que ha regresado a su país, pero no ha conseguido regresar realmente de la guerra. El horror y la violencia permanecen dentro de él y le impiden encontrar un lugar en esa normalidad a la que supuestamente debería reincorporarse. Ambos se encuentran en los márgenes de Nueva York, lejos de la imagen luminosa y triunfal de la ciudad. El mundo que recorre Atticus Lish está hecho de cocinas clandestinas, habitaciones miserables, trabajos sin contrato, largos desplazamientos y personas que calculan cada dólar. La pobreza no es aquí un simple escenario: determina dónde viven los personajes, cuánto trabajan, qué decisiones pueden tomar e incluso el tiempo del que disponen para quererse.
Lish escribe pegado a la calle y a los cuerpos. Zou Lei camina, corre, carga pesos, limpia, cocina y duerme poco. Skinner entrena, bebe, vigila su entorno y lucha por mantener bajo control una mente en la que la guerra continúa reproduciéndose. Ese movimiento constante imprime a la novela un ritmo físico y absorbente. El autor ha explicado que le interesaba seguir a la gente corriente que encontraba a su alrededor y que la sonoridad de su prosa procede en parte del rock y del rap. También leyó varias veces el libro entero en voz alta durante su escritura. Mientras leía, me venía constantemente a la cabeza Zombie, de The Cranberries. No porque la novela y la canción hablen de la misma guerra, sino por ese martilleo de una violencia que continúa dentro de la cabeza cuando aparentemente todo ha terminado. Skinner ha regresado de Irak, pero Irak no ha regresado de Skinner. La guerra permanece en sus sobresaltos, en su miedo y en su dificultad para distinguir las amenazas reales de aquellas que siguen viviendo en su memoria. El propio Lish ha señalado que el origen de la historia estuvo en una noticia sobre un soldado que se suicidó después de cometer un asesinato y que le interesaba explorar cómo la violencia bélica puede filtrarse en el crimen común y prolongarse en la vida cotidiana.
Sin embargo, Preparación para la próxima vida no es solo una novela sobre la guerra, la inmigración o la explotación. En medio de toda esa dureza aparece la relación entre Zou Lei y Skinner. Podríamos llamarla amor, aunque quizá la palabra se quede corta. A veces parece una amistad extrema; otras, una alianza entre dos personas que se reconocen como náufragos; otras, una necesidad física y emocional que les permite imaginar que todavía puede existir un futuro. No sabría definir exactamente lo que viven, y ahí reside una de las mayores virtudes del libro. Lish no encaja su relación en una historia romántica convencional. Ninguno de los dos puede salvar al otro porque apenas disponen de los recursos necesarios para salvarse a sí mismos. Solo pueden acompañarse, ofrecerse un lugar provisional en el mundo y construir durante algunos instantes una intimidad al margen de cuanto los amenaza. Lo que existe entre ellos es puro y precisamente por eso resulta tan jodido y tan precioso. No está protegido por el dinero, los papeles, la estabilidad laboral, la salud mental ni la expectativa de un futuro razonable. Es una relación a la intemperie, expuesta a que cualquier contratiempo —una enfermedad, la pérdida de un trabajo, una intervención policial o una crisis de Skinner— pueda destruirlo todo. Sus respectivos naufragios, además, no son equivalentes. Skinner ha sido abandonado por el país al que sirvió, pero Zou Lei ni siquiera tiene reconocido el derecho a permanecer en él. Él puede detenerse y derrumbarse; ella está obligada a seguir moviéndose. No puede permitirse procesar el miedo, el cansancio o la tristeza porque su supervivencia depende de continuar trabajando y pasar inadvertida. Su fortaleza no nace de una idealización, sino de una necesidad material.
Atticus Lish evita convertir a sus personajes en símbolos o utilizarlos como instrumentos de una tesis. Zou Lei no representa simplemente a la inmigración ni Skinner a los veteranos de guerra. Son personas concretas, contradictorias, vulnerables y capaces de equivocarse. La dimensión política de la novela nace precisamente de esa atención radical a sus vidas. El sueño americano aparece contemplado desde su reverso: desde los empleos que destrozan el cuerpo, los alquileres abusivos, la persecución de los inmigrantes y las guerras de las que los soldados regresan sin encontrar después un lugar en su propio país. Preparación para la próxima vida es una novela durísima, pero no completamente desesperanzada. Su esperanza no consiste en prometer que el esfuerzo será recompensado, sino en mostrar que, incluso en las condiciones más hostiles, la vida intenta abrirse camino. Zou Lei y Skinner encuentran algo verdadero en un mundo que apenas les concede espacio para existir. No sé si es amor, amistad o simplemente el reconocimiento entre dos personas solas. Pero es puro y por eso duele tanto.
Cuando terminé el libro tuve la sensación de haber leído algo buenísimo. No porque embellezca la pobreza, la inmigración o la violencia, sino porque encuentra ternura sin suavizar ninguna de ellas. Esa idea que ya hemos tratado a propósito de otros libros de encontrar buenas personas y buenas historias en medio de la ponzoña. Qué placer es leer y qué suerte tenemos los que nos gustan los libros, entre otras cosas porque esta es una de esas vidas que no quisiera vivir, pero que agradezco haber leído para comprender mejor las vidas de otros y no dejar de sentirme nunca un puto privilegiado. Para eso también leemos, para vivir dos veces.
¡Nos vemos en la próxima reseña!
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