Reseña de Voces de largos ecos de Carlos García Gual

Una oportunidad excepcional para acercarte a los grandes de la literatura clásica

Salvo contadas excepciones, la gente hoy en día no lee autores griegos o romanos por iniciativa propia. Solemos pensar que están alejados de nuestros centros de interés, que el lenguaje es denso o que son lecturas aburridas. Carlos García Gual se ha empeñado en hacernos cambiar de idea con este Voces de largos ecos, editado por Ariel, con el que nos lanza una invitación a leer a los clásicos. Y en parte lo consigue.

En este libro, García Gual nos presenta a los grandes autores de la literatura clásica grecolatina con un lenguaje sencillo y algunos tips para disfrutar de sus lecturas. La estructura del libro es sencilla: en dos partes, primero aborda a los griegos y después a los latinos. En el apartado de los griegos nos presenta a Homero (poeta), Aristófanes (cómico), Platón (filósofo), Jenofonte (historiador), Aristóteles (en su faceta de investigador), Plutarco (biógrafo), Longo (novelista) y Pseudo Calístenes (narrador de las hazañas de Alejandro Magno). En el lado de los latinos, el autor destaca a Virgilio (poeta), Ovidio (poeta más liviano), Petronio y Apuleyo (novelistas), Séneca (filósofo) y Marco Aurelio (reflexiones y notas autobiográficas). García Gual combina apuntes biográficos y de contexto histórico para dotar de mayor autoridad a las obras, y la verdad es que muchas de ellas son las primeras en sus géneros; muchas son de sobra conocidas (seguramente las obras filosóficas, las tragedias o las comedias) pero, por ejemplo, si alguno piensa que la novela romántica es propia de Jane Austen o la de aventuras mérito de Julio Verne, se llevará una sorpresa.

Yo destacaría cuatro figuras sobre las demás (que me perdonen el resto o quienes no compartan mi particular selección). En primer lugar, por supuesto, Homero, como el gran poeta clásico, sobre el que García Gual destila las mejores de sus valoraciones, tanto a la Ilíada como a la Odisea. En segundo lugar, me ha gustado mucho lo que cuenta de Plutarco, un autor que yo tenía bastante desdibujado y del que García Gual destaca como el gran introductor de la sabiduría helénica, maestro del ensayo y cuya huella se amplía hasta el Renacimiento y que contará con ilustres lectores, entre ellos destacan Montaigne, Shakespeare o Rousseau. Además, Plutarco es el inventor del género biográfico; en este sentido, tras las páginas que le dedica García Gual lancé una pregunta al margen del libro sobre si tendría sentido considerar a Zweig un discípulo moderno y aventajado de Plutarco. En tercer lugar, Virgilio, sobre el que tenía una alta estima tras haber leído Comedia de Dante y ver en qué destacado pedestal lo sitúa el florentino. De Virgilio me ha llamado la atención la lectura que comparte García Gual sobre la Eneida como “todo un éxito de la reinterpretación mitológica al servicio de una nueva ideología”, una tesis que me ha parecido muy sugerente y sobre la que os recomiendo investigar, pues el autor se extraña que “un poeta como él, tan delicado y sensible, tan dotado para la lírica y de un talante melancólico, se empeñara tan a fondo en la construcción de esta epopeya de propaganda nacional y contribuyera así a la posterior deificación de un político tan maquiavélico como Augusto”. En cuarto y último lugar, Séneca, de quien García Gual acentúa que “no fue ni un pedante escolástico ni un maestro de filósofos ni un ortodoxo moralista con pruritos académicos. Escribe para el hombre de su tiempo, atareado por las urgencias cotidianas, mundano y necesitado de consejo, y para sí mismo, tomando de las enseñanzas de la filosofía estoica lo que le interesa para acomodar su vida al camino de salvación ofrecido por la ética estoica”. De Séneca resalta “su estilo fluido y enérgico, la libertad de composición de sus temas y escritos, especialmente por sus cartas”, un autor que, junto con Plutarco, es el más citado por Montaigne en sus Ensayos.

En definitiva, Voces de largos ecos es un conjunto de textos, muchos de ellos prólogos a ediciones de las obras de los citados autores, que funcionan muy bien para el lector no familiarizado con estos clásicos. De forma didáctica, amena y sencilla, sin perder rigurosidad ni amor por los autores, García Gual desgrana el valor intrínseco de estos grandes textos y su relevancia en la actualidad. Quizás ya conozcas a Platón y Aristóteles, o Séneca lo hayas estudiado en el instituto o se lo hayas escuchado citar a Gabilondo en un mitin del PSOE, pero García Gual mantiene un enfoque muy interesante con todos ellos; extrae aquellos ingredientes esenciales para situar la obra en su momento y en su importancia mientras la dota de una aguda actualidad. Dicen que un libro funciona cuando te anima a leer otros libros, y ciertamente de aquí me voy con las lecturas pendientes de Homero, Séneca, Plutarco y, de rebote y ya empieza a ser urgente, Montaigne. Así que, sí, Voces de largos ecos es un buen libro y una oportunidad única para acercarte a estas monumentales obras literarias que todavía retumban en la actualidad.

¡Nos vemos en la próxima reseña!

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