Reseña de Grandes esperanzas de Charles Dickens

Dickens nos enseña que para crecer hay que cuidar las raíces

Suelo racionar a los autores y las autoras que más me gustan. Controlo mi impulsividad lectora y suelo dosificarlos para tener siempre algo pendiente. Además, suele coincidir con que están muertos o han sido poco prolíficos, así que quizás algún día me siente a releerlos. De momento, aun tengo muchos libros pendientes de Dickens y eso me alegra. En este blog ya nos hemos referido a Historia de dos ciudades y David Copperfield. Aun tengo pendiente en mis estanterías Las aventuras del Club Pickwick (así tradujo Galdós el título y es la edición que tengo en casa) y La tienda de antigüedades, y tengo las mejores referencias de Casa desolada, pero creo que aun está descatalogada (editorial Alba, mantengo mis esperanzas puestas en ustedes). Hoy os traigo Grandes esperanzas, una de sus obras más conocidas, quizás porque es una de sus obras más adaptadas al cine y al teatro.

Grandes esperanzas cuenta la historia de Pip, un niño huérfano que vive con su hermana mayor, una mujer lúgubre (como el museo) que se dirige Pip a través de gritos, desplantes y golpes. Pip es un niño de buen corazón cuya vida estará marcada por dos personas. Por un lado, Provis, un preso fugado con el que se encuentra en el cementerio mientras visitaba la tumba de sus padres. Por otro lado, Estella, una niña hermosa, fría y altiva con la que jugaba de pequeño en la mansión de una solitaria señora rica. Ambos, definirán la vida de Pip casi sin saberlo. La vida de Pip es humilde, su hermana es la mujer de Joe, el herrero del pueblo, y Pip se convierte en su aprendiz. Pip adora a Joe y la bondad y la nobleza de este, “no es posible saber hasta dónde llega en el mundo la influencia de un hombre afectuoso, honrado y cumplidor de su deber; pero es muy posible saber cómo le ha afectado a uno estar a su lado, y sé perfectamente que todo lo bueno que haya podido hacer durante mi aprendizaje venía del conformado y sencillo Joe y no de mi yo inquieto, ambicioso y descontento”. Pero el ambiente de la mansión y el amor que siente por Estella llevan a Pip a soñar más de la cuenta. Ahora, el huérfano aprendiz de herrero quiere convertirse en un noble caballero, “en un tiempo, me habría parecido que cuando por fin pudiese subirme las mangas y entrar en la herrería como aprendiz de Joe, me sentiría dignificado y sería feliz. Ahora que la realidad estaba en mi mano, lo único que sentía era que iba sucio de polvo y carbonilla, y que llevaba en mi recuerdo diario un peso a cuyo lado el yunque era una pluma”. Sin embargo, las diferencias sociales que existen entre Pip y Estella llevan a Pip a ser consciente de la distancia que les separa, “yo me quedé mirando la casa, pensando en lo feliz que sería viviendo allí con ella, y comprendiendo al mismo tiempo que nunca sería feliz con ella, sino siempre desgraciado”.

Sin embargo, todo cambia cuando Pip es informado de que un benefactor anónimo va a encargarse de su formación y de su futuro; ahora Pip puede dejar la fragua y viajar a Londres para estudiar y convertirse en un caballero. Aquí la novela da un vuelco y Pip empieza a tener “grandes esperanzas” en su futuro. Pip se traslada a Londres y allí conoce a los personajes de la segunda parte de la novela, su amigo Herbert, el abogado Jaggers y su ayudante Wemmick o su enemigo, Drummle, un chico tan violento como rico que pondrá las cosas más difíciles a Pip. En Londres, Pip se olvida de Joe y de sus orígenes y solo aspira a ser digno de Estella. Sin embargo, el buen corazón de Pip le llevará a comprometerse con algunas causas perdidas y mantendrá en el subconsciente una imperiosa necesidad de no dejar de lado a Joe (su hermana morirá sin mucha pena por parte del protagonista). Pip procurará averiguar quién es su benefactor secreto y la novela toma tintes de aventura, mejora el ritmo y el interés por el siguiente capítulo y las páginas pasan sin darte cuenta. Algunos giros se ven venir y sabes que las cosas no van a terminar mal, aunque tampoco será un final feliz pasteloso; Dickens eleva a sus personajes hasta donde la sociedad les permite, sin grandes esperanzas (quizás con la excepción de Copperfield) y les dota de un corazón noble y comprometido con sus orígenes, porque Dickens brilla desarrollando esos personajes cargados de contradicciones y aspiraciones sociales inabarcables.

En otro momento escribí que Dickens siempre mira fuera del plano, se centra en las sombras y en las capas sociales olvidadas por la literatura de la época; quizás, junto con Víctor Hugo, cambiaron el foco literario de las élites aristocráticas a las clases trabajadoras, del centro de las ciudades a las periferias de calles embarradas. Una vez más, en Grandes esperanzas Dickens no se preocupa solo de la historia, aunque publicarse por capítulos en su periódico exigía mantener al lector atento a la siguiente entrega, sino que aborda cuestiones morales de gran calado, como señala la contraportada de la edición de Alba en tapa dura, “la vergüenza y la culpa, el amor y la vanidad, el crimen y la cárcel son los leitmotivs de la crónica de una identidad que se pierde y que se gana a través de una sorprendente peripecia que es como una anécdota del destino, irónica y grave a la vez”. Tolstoi y Zweig, entre otros sin ser ellos dos cualesquiera, reconocen a Dickens un lugar privilegiado en la Historia de la Literatura, no seré yo quien le baje de tan digno pedestal. Lean a Dickens y regálense horas de auténtico disfrute.

¡Nos vemos en la próxima reseña!

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