Reseña de Imposible de Erri De Luca

Una novela corta de largo recorrido

La montaña tiene poder de atracción, pero también poder desestabilizador, pues enfrenta a la persona a sus dilemas. A veces porque el tiempo paseando es un tiempo precioso para pensar y a veces porque te presenta la oportunidad de ajustar cuentas con tu pasado. Así empieza Imposible, de Erri De Luca, una novela corta que no me sorprendería si terminara adaptándose al teatro por la potencia de los diálogos y la escasez de escenarios, pero que de momento os recomiendo si os gustan las novelas basadas fundamentalmente en diálogos ágiles y profundos sobre el ser y el estar en el mundo y el padecer el mundo siendo y estando en él (tres hurras por los verbos copulativos).

La trama de la novela parte de un encuentro en apariencia fortuito: un viejo terrorista que ha cumplido una larga condena se encuentra en la cornisa de una montaña con el camarada y amigo que le delató. El traidor muere tras caer al vacío. Un juez interroga al viejo militante convencido de que no ha sido un accidente. Así tenemos una novela a dos voces: el reo (militante que cree en la igualdad, la fraternidad y la comunidad) y el juez (que cree en la justicia, la equidad y el individuo). Como advierte Narbona en El Cultural, “no son estereotipos, sino seres sumamente creíbles que reflexionan sobre el papel del Estado, ese Leviatán que ampara y devora al hombre. El militante cree en la revolución; el juez, en el respeto a la ley. Los dos son sinceros. Ninguno esconde una impostura. El terrorista no duda; el magistrado, sí”. Yo estoy siempre del lado de los que dudan y, la mayoría de las veces, de los revolucionarios progresistas y utópicos (aunque, pensándolo bien, revolucionario y utópico es una redundancia). De Luca reflexiona sobre el personaje del magistrado y sostiene que él “que es un hombre mucho más joven que el acusado, nada sabe de la lucha revolucionaria de los 70 y tampoco conoce la montaña y eso hace crecer su curiosidad. Él solo conoce los casos judiciales, y ahí no se puede aprender nada. Son conclusiones en los que el Estado regula y condena a sus opositores”; este desconocimiento irá provocando un acercamiento hacia el militante fruto de la curiosidad y la solidez de sus posiciones.

En la novela conviven dos estilos: el epistolar que mantiene el reo con su amada y los diálogos de los careos entre juez y juzgado. En los careos está la esencia, pero las cartas permiten conocer el lado humano del reo quien a través de las cartas se siente cerca de su amada, “la habitación que me acoge durante veintitrés horas al día se llama “celda de aislamiento”, pero no me aísla en absoluto ni de ti ni de lo que me importa”. En estas cartas, reflexiona sobre cuestiones como la libertad, “la libertad consiste en mantener reunidas las palabras para ti y las consecuencias. Te digo que te quiero y lo hago continuamente. Libertad consiste en mantenernos juntos los dos incluso aquí dentro. Ninguna celda puede quitarme esta libertad” o el sentido de la justicia, “mientras el juez insistía con sus preguntas, decía que quería saber la verdad. No es cierto. Lo que pretendía era obtener confirmación de lo que cree que ya sabe. No usa el verbo de la curiosidad de quienes quieren informarse o incluso conocer una verdad. No lo necesita”.

La novela plantea algunas reflexiones interesantes, como la que sugiere que la montaña y la celda pueden ser lugares igualmente solitarios o la que se mantiene durante toda la novela sobre la traición y la delación. Ahonda en las nociones de justicia, verdad y responsabilidad y recoge algunos principios utópicos como que “Imposible es la definición de un acontecimiento hasta el momento antes de que suceda”. Estos planteamientos no son ajenos al autor, pues Erri De Luca es un conocido militante y activista italiano que participó en Mayo del 68 y que hace unos años tuvo un juicio en el que fue acusado de incitar al sabotaje del tren de alta velocidad entre Lyón y Turín que obligó a agujerear los Alpes. Por aquel acontecimiento en 2013, Erri de Luca recibió el apoyo público de personajes reconocidos como Salman Rusdhie, Wim Wenders, Paul Auster y el presidente François Hollande. Podríamos pensar que en el interrogatorio de la novela hay ecos de su propio juicio y su visión de la justicia por ejemplo en el momento en el que juez y militante discuten sobre la reinserción de los presos, “Irrecuperable. Es un lenguaje propio de ustedes, de aquellos a los que no les basta nunca la condena expiada. La pena sirve para pagar la deuda y ajustar cuentas con el Estado, pero ustedes pretenden seguir siendo acreedores de por vida. Los recalcitrantes son ustedes, que continúan exigiendo, más allá de los barrotes, desautorizaciones de nuestras vidas”.

En definitiva, Imposible es una reflexión, con los Años del Plomo italianos como contexto, sobre el devenir de la humanidad y la idea de justicia, condensada en una novela corta de largo recorrido.

¡Nos vemos en la próxima reseña!

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