Mi primer Henry James, y no será el último

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Un regalo. Una novela corta de Henry James, como de Stefan Zweig, siempre es un regalo. Y ente caso además es cierto, me lo regalaron. Y normalmente, por mucha larga que sea la lista de “pendientes”, los regalos entran en las primeras posiciones.

Una novela intensa, potente y profunda. No necesita este genial escritor más de 100 páginas para trazar un triángulo entre tres burgueses ingleses, dos escritores y la hija de un general del Ejército Británico. La historia va calentando motores hasta alcanzar el punto álgido en la conversación entre los dos escritores: uno consagrado y el otro una joven promesa. En esa conversación, el Maestro le invita a abandonar toda vida terrenal para dedicarse en cuerpo y alma a la Literatura. Sin embargo, la joven promesa, en edad de entretenerse en el amor, le incomoda al Maestro con lo que en su ejemplo es la compatibilidad posible entre amor y Literatura… la conversación va cogiendo ritmo, y el Maestro al verse interpelado por nuestro protagonista en este sentido, le espeta:

“Más no se puede pedir, querido amigo, líbreme Dios de negarlo. He amasado pingües ganancias que mi esposa ha sabido administrar con tino, dándoles un uso juicio, sin dispendios, sabiendo obtener buenos réditos.  Tengo la despensa surtida; tengo todo, a decir verdad, salvo lo más grande”

Y cuando Paul Overt, la joven promesa, le devuelve la pregunta en forma de eco “¿lo más grande?”, Saint George, el Maestro, responde..

“Sí: la convicción de haber hecho todo lo posible: esa certeza que dota de sentido a la vida del artista y cuya ausencia equivale a la muerte, de haber arrancado de su instrumento intelectual hasta la última nota de la música más excelsa que la naturaleza hubiera cifrado en él, de haberlo tocado con todo el virtuosismo posible. Ahora bien, en eso no hay medias tintas: o lo borda o no vale nada, en cuyo caso no merece la pena ni intentarlo”.

Y así es como el Maestro parece tender una trampa a su pupilo, enmascarando el interés del primero por la chica en que se ha fijado el segundo. Con el anzuelo anclado en esa idea, Paul abandona Inglaterra y se refugia en los Alpes a escribir su nueva novela, alejado así de su amada. Todo parece resuelto hasta la repentina muerte de la mujer de Saint George… ¿le habrá tendido realmente una trampa al pupilo o habrá sido todo fruto de las circunstancias?

No había leído nada de Henry James y tenía bastantes ganas de hacerme con algo suyo. Creo que ha sido un acierto empezar este autor por una de sus novelas cortas. Me ha llamado especialmente la atención la facilidad que tiene para dibujar psicológicamente a los personas con muy pocas palabras. De este autor también se suele destacar el recurso del punto de vista que adquiere el narrador, pero en mi caso no me ha llamado tanto la atención, quizás en su momento (finales del siglo XIX) fuera un precursor, a mi no me ha parecido tan meritorio. Seguramente, autores más recientes beban de las fuentes de grandes escritores como Henry James. Y todos debemos leerlos. Sus libros, ya consagrados, no van a llenar las estanterías del “TOP 10” en la Casa del Libro, pero es Literatura con mayúsculas, y siempre hay que volver a los Clásicos.

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