
La guerra fría de un intelectual
Las ideologías prometen sistemas; la literatura suele fijarse en lo que esos sistemas hacen con las personas y de esto trata la novela que hoy os traigo, El diciembre del decano, editado por Penguin Random House, del escritor estadounidense y Premio Nobel de Literatura Saul Bellow. Llegué a El diciembre del decano por uno de esos proyectos que empiezan siendo una idea manejable y terminan convirtiéndose en algo bastante más grande. Ya sabéis que llevo tiempo leyendo e investigando sobre las novelas de campus con la intención de que todo aquello termine algún día convertido en un libro. Por el blog han pasado ya unas cuantas y Bellow tenía inevitablemente que incorporarse a la lista. No porque estemos ante una novela de campus convencional, que no lo estamos, sino porque la universidad tiene un peso suficiente como para que el libro resulte interesante también desde esa perspectiva. Pero hoy prefiero dejar a un lado al investigador y hablar simplemente de la novela. Saul Bellow publicó The Dean’s December en 1982, seis años después de recibir el Premio Nobel de Literatura. No es uno de los títulos que suelen encabezar cualquier aproximación a su obra —ahí aparecen antes Las aventuras de Augie March, Herzog o El legado de Humboldt—, pero sí contiene muchas de las preocupaciones que atraviesan su literatura: el individuo contemporáneo, la responsabilidad intelectual y las contradicciones de la sociedad en la que vive.
El protagonista de esta novela es Albert Corde, periodista y decano de una facultad de Chicago. Viaja con su mujer, Minna, a Bucarest, donde la madre de esta agoniza en un hospital sometido a las rigideces de la Rumanía comunista. Allí se enfrenta a una burocracia tan absurda como deshumanizada mientras sigue dándole vueltas a lo que ha dejado atrás en Estados Unidos: unos artículos muy críticos sobre Chicago, su implicación en el juicio por el asesinato de un estudiante y los conflictos que todo ello ha provocado. Bucarest y Chicago empiezan así a comunicarse en su cabeza como dos escenarios desde los que pensar el poder, la violencia, la corrupción y la dignidad individual. Pero contar el argumento de El diciembre del decano explica bastante poco sobre sí mismo. Lo importante sucede dentro de la cabeza de Corde. La trama sirve sobre todo para ponerlo en movimiento —o, muchas veces, para dejarlo quieto observando— y permitir que su pensamiento avance de una cuestión a otra. Bellow puede partir de una conversación, una calle, una sala de hospital o cualquier detalle aparentemente insignificante para terminar varias páginas después reflexionando sobre política, muerte, violencia, responsabilidad, periodismo, universidad o decadencia urbana. En ocasiones da la sensación de estar leyendo un ensayo camuflado dentro de una novela. Y ahí está, para mí, lo mejor y también lo más exigente del libro. No pasan demasiadas cosas, pero Corde piensa muchísimo sobre las cosas que pasan. Bellow consigue extraer reflexiones interesantes de situaciones mínimas y demostrar que una novela no necesita una trama desbordante cuando tiene detrás una inteligencia narrativa capaz de mirar con tanta atención. El problema es que esa misma característica puede hacer que algunos pasajes resulten densos. Hay momentos en los que uno tiene la sensación de que Bellow se interesa bastante más por lo que quiere pensar que por lo que quiere contar. A mí, en términos generales, me ha funcionado.
Y luego está la universidad. No es el espacio exclusivo de la novela ni creo que tenga sentido encerrar El diciembre del decano dentro de los límites de la novela de campus, pero tampoco es un simple decorado. Corde es decano y su posición institucional condiciona parte de sus conflictos. Aparecen las luchas internas, la preocupación por la reputación de la institución, las relaciones de poder y la difícil frontera entre la libertad del intelectual y las obligaciones de quien ocupa un cargo académico. Todo ello resulta muy interesante para pensar literariamente la universidad, aunque Bellow utiliza ese mundo como una pieza más dentro de una reflexión bastante más amplia. Porque El diciembre del decano acaba mirando sobre todo a dos sociedades. Bellow construye una contraposición evidente entre la Rumanía comunista y los Estados Unidos capitalistas. No establece una equivalencia fácil entre ambos sistemas, pero tampoco permite que el lector se refugie cómodamente en la superioridad moral de uno frente al otro. Frente al autoritarismo, la vigilancia y la burocracia del régimen rumano coloca la violencia, la desigualdad, la corrupción y la degradación de determinadas zonas de Chicago. Dos sociedades muy diferentes que Corde observa con una mirada igualmente incómoda.
Esta parte me ha interesado, aunque aquí tengo que introducir una comparación inevitable. Si hablamos de literatura capaz de enfrentar al individuo con las grandes ideologías del siglo XX, sigo quedándome con La condición humana de André Malraux, cuya reseña todavía tengo pendiente. Malraux consigue que las ideas políticas estén encarnadas de una manera mucho más visceral en sus personajes y que pensamiento y acción resulten prácticamente inseparables. Bellow es más reflexivo, más intelectual y probablemente también más discursivo. Me ha gustado lo que propone, pero no me ha golpeado de la misma manera. Aún así hay que reconocer al Nobel que lo que realmente quiere mirar está mucho más lejos y nos invita a todos a hacerlo y a sacar nuestras propias conclusiones; como debe hacer la buena literatura.
¡Nos vemos en la próxima reseña!
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