Reseña de Aniquilación de Michel Houellebecq

Houellebecq nos pone una trampa literaria maravillosa y sobrevivir es cosa nuestra.

Mi cuarto Houellebecq. Los tres anteriores me encantaron, quizás porque siguen una línea de crítica social fácilmente identificable en el autor (la decadencia de Occidente, la crítica existencial, la cuestionable necesidad de emociones fuertes para sentirse vivo, la importancia del placer y el sexo en el amor, la fragilidad ante la muerte o la disolución de los valores europeos). Hoy os traigo Aniquilación, editada por Anagrama, y publicada en este 2022. Creo que puede ser de lo mejor que leáis este año, amén de la próxima reseña que me ha partido en dos (tendréis que esperar unos días para saber de qué libro se trata).

Aniquilación, señala la editorial, está ambientada en la Francia de 2027. El país se prepara para unas elecciones presidenciales que es muy posible que gane una estrella de la televisión. El hombre fuerte detrás de esa candidatura es el actual ministro de Economía y Finanzas, Bruno Juge, para quien trabaja como asesor Paul Raison, el protagonista de la novela, un hombre taciturno y descreído. De pronto, en internet empiezan a aparecer extraños vídeos amenazantes con unos enigmáticos símbolos geométricos. Y la violencia pasa del mundo virtual al real: la explosión de un carguero en A Coruña, un atentado contra un banco de semen en Dinamarca y el sangriento ataque a una embarcación de migrantes en las costas de las islas Pitiusas. ¿Quién está detrás de estos hechos? ¿Grupos antiglobalización? ¿Fundamentalistas? ¿Acaso satanistas? Mientras Paul Raison indaga lo que está sucediendo, su relación matrimonial se descompone y su padre, espía jubilado de la DGSI, sufre un infarto cerebral y queda paralizado. El hecho propicia el reencuentro de Paul con sus hermanos: una hermana católica y simpatizante de la ultraderecha casada con un notario en paro, y un hermano restaurador de tapices casado con una periodista de segunda fila amargada y de colmillo retorcido. Es una sinopsis inusualmente larga, pero el libro tiene su enjundia y más de seiscientas páginas merecen esta extensión. Con esto ya hemos señalado una de las principales críticas que acompañan al libro.

Si Javier Aparicio anuncia la decadencia del autor, yo veo un ejercicio literario mayúsculo, y creo que el crítico literario ha caído en la trampa del autor. Se pregunta Aparicio “¿Qué demonios es Aniquilación? (…) [trata] de casi todo lo divino y lo humano. Adolece de ambición y de convención, y no resulta fácil averiguar qué pretende. Se diría que el gran delator del cansancio de Occidente se muestra cansado. No de escribir, pero sí de escribir atendiendo al oficio de escribir. Se le ve en un atolladero que le impide aventajarse”. Tengo la sensación de que Aparicio se cansó de leer en las primeras quinientas páginas y luego ya leyó enfadado. Quizás Aparicio tenga razón en que es una obra excesivamente extensa, pero creo que Houellebecq buscó que bajáramos la guardia y no viéramos venir la ofensiva por un flanco que teníamos desprotegido, y para eso monta toda una estrategia que solo buscaba llamar nuestra atención. Lo consigue con quinientas páginas entretenidas, pero las cien últimas son brutales. Un mazazo. No lo ves venir. Te pasas quinientas páginas proyectando el final y Houellebecq te suelta un puñetazo imprevisible, donde más duele y ya no puedes parar de leer hasta el final. Qué bien resuelto está, es un genio.

La socióloga Helena Béjar defiende que “Houellebecq gusta porque escribe libros durísimos, pero de fácil lectura. Hace guiños culturales y encara sin paliativos un Occidente decadente. Late en este libro una esperanza amarga que reside en el apoyo incondicional de la pareja. Lo demás es hostil, brutal y breve. Una sociedad vacía, una interacción sin futuro, instituciones decadentes. Un nihilismo estoizante es lo que ahora ofrece Houellebecq. El retrato de una cultura que nos deja solos”. Estoy de acuerdo. Ante la angustia vital de una enfermedad mortal… solo nos salva el amor. En este sentido, la idea de reencarnación de las almas que recoge Houellebecq al final del libro a mí no me sirve, pero alivia. La valoración de Béjar -y la mía- coinciden con la que desarrolla Fernando Bonete en un artículo muy interesante publicado en ethic, “La trama ciberterrorista de suspense (…) son el instrumento para avivar el ritmo de la narración. No es lo importante, en cualquier caso. Tampoco la trama política es esencial en el relato. No deberíamos atragantarnos con esto. Lo esencial es la posición del protagonista frente a su familia, frente a su matrimonio y frente al mundo, y los derroteros finales de la historia, que son los que dan respuesta a la interpretación de todas estas realidades. Esto es lo importante de la novela. La más extensa de Houellebecq hasta la fecha, la más compleja también, puede que incluso su novela más difícil de leer –no es, desde luego, la obra idónea para iniciarse en su literatura–; pero también la más satisfactoria, la más completa”. No es poca cosa. Leedla, es un librazo. Y si estáis pensando qué regalar estas navidades, este libro es una opción prácticamente segura.

¡Nos vemos en la próxima reseña!

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