Reseña de Cómo llegué a conocer a los peces de Ota Pavel

El río como símbolo de una vida

No conocía al escritor. Ni al libro. No me gusta la pesca. Pero compré este libro. A veces, en las librerías, pasan estas cosas. En este caso me lo recomendó, vivamente, una “tipa infame” y oye, cuando una librera te recomienda un libro tan raro, tienes que dejarte llevar. Estas son el valor añadido de las librerías que no ofrecerá nunca el algoritmo de Amazon. Por eso, queridos y queridas followercetes, hay que comprar en librerías (ni siquiera en grandes almacenes, librerías). Bueno, que me desvío. Os estaba diciendo que en Tipos Infames me recomendaron Cómo llegué a conocer a los peces de Ota Pavel y ha sido una grata experiencia lectora.

Cómo llegué a conocer a los peces es un libro mágico en el que el célebre escritor y periodista deportivo checo Ota Pavel rememora distintos episodios de su vida ligados a su gran pasión: la pesca. Con su padre y su tío Proek, aprende a pescar, descubre la belleza de la naturaleza y se deleita sumergiéndose en los ríos y estanques de su país. Pero cuando los nazis invaden Checoslovaquia, prohíben la pesca y envían a su padre y a sus dos hermanos a campos de concentración. El pequeño Ota se ve obligado a desobedecer la prohibición de pescar, y delante de las narices de los alemanes, se juega la vida para alimentar a su madre. Repleto de humorísticas vivencias tanto en momentos de prosperidad, libertad y bonanza como en periodos de terribles persecuciones, Cómo llegué a conocer a los peces es un apasionante relato de aprendizaje, amor y pesca. Y es que para Ota Pavel “la pesca es, antes que nada, libertad. Caminar kilómetros y kilómetros en busca de truchas, beber agua de las fuentes, estar a solas y libre al menos durante una hora, unos días, o hasta semanas y meses. Liberado de la televisión, de los periódicos, de la radio y la civilización (…) Fue la pesca la que me enseñó a ser paciente y los recuerdos los que me ayudaron a vivir”. A priori podría parecer que los que no estamos interesados en este deporte podríamos aburrirnos con las anécdotas que nos llevan de allá para acá por los ríos y los años pero no es así. Algo extraño ocurre con la narrativa de Pavel y es que nos traslada a aquellos escenarios.

Todo el libro está bañado por ríos y naturaleza, hasta la parte en la que se refiere a su recuerdo de la guerra “Cuando regresé, encontré a mamá todavía allí, las manos hundidas en una montonera de setas y el rostro empapado de lágrimas. / ¿Por qué lloras mamá? / ¡Cuando abundan las setas comienza una guerra! / Al año siguiente nos ocuparon los alemanes”, y el recuerdo de la ocupación alemana también tiene al río como protagonista: “sobrevolaba el río un enorme Heinkel gris, a los mandos un piloto sonriente con una calavera blanca enseñando los dientes y en las alas cruces negras. Empezó a lanzar bombas al río, a mis peces. Emergían de la superficie sus cuerpos inertes, blancos como las esquelas mortuorias blancas en los escaparates, semejantes también a las setas blancas con las cabezas reventadas por el gigantismo”. Creo que Pavel le saca poco partido a su experiencia de la guerra, pero también entiendo que no era el objetivo del libro, que las penurias de sus familiares en el campo de concentración no forman parte de su biografía personal (sí de la biografía familiar) y que contar cómo se las ingeniaba para pescar estando prohibido y llevar comida a casa en una situación de extrema necesidad era una experiencia más apropiada para el relato que las atrocidades de la guerra sobre su pueblo o su familia en los campos de concentración.

La fijación con los ríos le viene desde muy pequeño y desde pequeño se planteó si ese amor estaba justificado: “amaba el río más que ninguna otra cosa en el mundo, lo cual, por aquel entonces, me avergonzaba. No sabía por qué esa querencia por el río. ¿Tal vez porque en él proliferan los peces? ¿O porque es libre e incontenible? ¿Por qué nunca se detiene? ¿Quizá porque con su rugido no deja conciliar el sueño? ¿Quizá porque existe desde tiempos inmemoriales? ¿O porque sus aguas mueren cada día en lontananza? ¿O porque en ellas puedes navegar pero también puedes perecer?

El amor a los ríos trae consigo el disfrute por la naturaleza, la convivencia en un entorno tranquilo y silencioso; la quietud y la paz que transmiten los parajes naturales sin intervención humana y el enfado cuando ese ambiente se rompe, “cuando estoy de pesca no soporto a nadie. Quiero estar a solas con el río. Me irrita una simple pisada, me indigna el habla humana. Es como si no tuvieran cabida en la naturaleza. La gente, estando en plena naturaleza, a menudo cotorrea acerca de minucias y estupideces, mientras que la naturaleza te habla, con su lenguaje directo y claro, tan solo de la belleza, del amor, del odio, del sustento, de la muerte”.

Cómo llegué a conocer a los peces es un libro sin grandes alardes narrativos, escrito con la sencillez de la cultura popular y sus gentes.  Escuchamos el agua, el chapoteo, la brisa en los árboles. Y su sentido del humor consigue una camaradería inmediata que nos acompaña durante todo el libro. Al terminarlo uno se siente como a la vuelta de un viaje con la mirada llena de recuerdos nuevos. Las narraciones de Ota Pavel sobre los paisajes checos, sobre sus amigos y su familia y sobre la sociedad en la que se crió mientras Europa se sumía en las tinieblas de la guerra son resplandecientes y frescas. Los personajes son sacrificados y bondadosos, quizás como lo somos todos en los recuerdos. Ha sido una buena recomendación de Tipos Infames y una buena decisión por mi parte tomarlo como interludio entre Drácula y David Copperfield (que será mi próxima reseña y la última antes de irme de vacaciones).

¡Nos vemos en la próxima reseña!

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