Reseña de Soldados de Salamina de Javier Cercas

Una novela alabada por la crítica y no exenta de polémica

 

Sigo cubriendo algunas carencias literarias que me atormentan. No todas son clásicos de la literatura universal, a veces se trata de literatura nacional de reconocido prestigio. Es el caso de Soldados de Salamina de Javier Cercas, un libro que supuso el relanzamiento del autor y vino a engrosar la lista de libros sobre la Guerra Civil Española, aunque como señala el autor en el epílogo “la novela es forma y por tanto no existen temas agotados sino formas agotadas de abordarlos”.

El narrador, un escritor en declive, investiga a Rafael Sánchez Mazas, líder de Falange Española en los años 30, poeta y ministro franquista y padre del escritor Rafael Sánchez Ferlosio. Sánchez Mazas, a finales de 1939 y tras ser fusilado por los republicanos cerca de la frontera francesa, consigue librarse de la muerte y poco después es encontrado por un soldado republicano que, tras mirarle a los ojos, decide perdonarlo y dejarlo escapar. Sesenta años más tarde, un novelista fracasado descubre por azar este enterrado episodio bélico y, fascinado por él, emprende una investigación para aclarar sus circunstancias y desentrañar su significado. ¿Encontrará el periodista al soldado republicano que dejó escapar al jerarca falangista durante la Guerra civil española? Esa es la pregunta que ordena la obra, pero hay otras que debe responder: ¿Quién era de verdad Rafael Sánchez Mazas? ¿Cuál fue su verdadera peripecia de guerra? ¿Quién fue el soldado que le dejó escapar? ¿Y por qué lo hizo? ¿Qué secreto escondía su mirada?

En la primera parte de la novela, se nos muestra el proceso que siguió el periodista para documentarse sobre el episodio extraordinario que acabamos de relatar. Todo un ejercicio de pedagogía sobre la construcción de una novela. Durante este tiempo, el periodista se entera de la novela que tenía intención de escribir Rafael Sánchez Mazas basada en su peripecia vital y decide escribirla él, el periodista, cosa que hace y que resulta ser la segunda parte del libro. En la tercera y última parte, gracias a unos encuentros casi fortuitos, llegamos a la respuesta a la pregunta planteada. Es esta parte la que relanza la obra y la convierte, de verdad, en una buena obra ampliamente elogiada por la crítica.

La novela no estuvo exenta de crítica, aunque voces autorizadas en la materia la ensalzan, como es el caso de Vargas Llosa quien dijo que Soldados de Salamina es una de las grandes novelas de nuestro tiempo. Volviendo a la polémica, Cercas propone una mirada a Sánchez Mazas muy particular. Lo reconoce como falangista y señala que estaba de acuerdo con “unas ideas y un estilo de vida [las de Falange Española] que con el tiempo y sin que nadie pudiera sospecharlo – y menos que nadie el propio Sánchez Mazas – acabarían convertidos en el estilo de vida y las ideas que, primero adoptadas como revolucionaria ideología de choque ante las urgencias de la guerra y más tarde rebajadas a la categoría de ornamente ideológico por el militarote gordezuelo, afeminado, incompetente, asturo y conservador que las usurpó, acabarían convertidas en la parafernalia cada más podrida y huérfana de significado con la que un puñado de patanes luchó durante cuarenta años de pesadumbre por justificar su régimen de mierda”. Podría parecer hasta que a Cercas critica a Franco porque ensució los nobles principios del falangismo. Así, retoma este discurso más adelante cuando asegura que “la vieja guardia de Falange podía empezar a intuir que la revolución fascista con que había soñado no iba a llegar nunca, porque el cóctel expeditivo de su doctrina (…) iba a acabar diluyéndose en un aguachirle gazmoño, previsible y conservador. A la altura de 1937, descabezada por la muerte de José Antonio, domesticada como ideología y anulada como aparato autónomo de poder, Franco podía usar ya la Falange, con su retórica y sus ritos y demás manifestaciones externas fascistas, a la manera de un instrumento para homologar su régimen con la Alemania de Hitler y la Italia de Mussolini”. Javier Cercas, ante las posibles acusaciones por estos párrafos cómplices y en los que se intuye cierto lavado de cara de Falange, se defiende en el epílogo a esta edición de 2015 de quienes vieron la novela “equidistante entre republicanos  y franquistas (o falangistas), que coloca a la misma altura moral y política al protagonista aparente del libro, Rafael Sánchez Mazas, y al protagonista real, Antoni Miralles, y que por lo tanto resulta implícitamente complaciente con el franquismo (o con el falangismo)” y les regala el siguiente párrafo, que a mí me parece una defensa demasiado airada de la forma en la que son las defensas cuando las sospechas parecen claras: “es ilegítimo, además de desoladoramente empobrecedor (o estúpido o malvado), leer Soldados de Salamina como un intento subrepticio de maquillar o esconder la perversidad intrínseca del franquismo mediante una presentación equidistante de Sánchez Mazas y Miralles: baste recordar que el narrador califica al franquismo ni más ni menos que como “un régimen de mierda”, que Sánchez Mazas repetidamente aparece ni más ni menos que como uno de los responsables directos de la guerra civil, como un hombre cobarde e irresponsable y despótico que, según dice el protagonista de la novela, merecía ser fusilado, y que Miralles es descrito como el héroe absoluto, como un hombre a quien el narrador repetidamente califica como “limpio, valiente y puro en lo puro” y a quien repetidamente se le atribuye ni más ni menos que haber salvado la civilización. ¡Menuda equidistancia, Dios santo!”. Ante estas situaciones es recomendable leer la novela y configurarte tu propia idea. Sería, además, pertinente que la polémica no os impida leer un libro muy bien escrito, con una estructura acertada, con un abordaje de los personajes muy particular y lúcido construidos a través de testimonios orales, donde el protagonista es un anciano republicano que, parafraseando el epígrafe del libro, “ha ocultado lo que hizo vivir a Sánchez Mazas” y eso le convierte en un héroe sin espada que vive con la conciencia tranquila (aunque el propio Miralles no se siente cómodo con esa heroica etiqueta, “los héroes solo son héroes cuando se mueren o los matan. Y los héroes de verdad nacen en la guerra y mueren en la guerra”). Creo que todos los soldados republicanos que consiguieron exiliarse, vivieron con la conciencia tranquila y la seguridad de estado donde hacía falta cuando más falta hacía. Más libros como Soldados de Salamina que contribuyan al fortalecimiento de la memoria histórica o, como acertadamente apuntilla Cercas en el epílogo, la Memoria Republicana.

¡Nos vemos en la próxima reseña!

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