Reseña de Los recuerdos del porvenir de Elena Garro

Descubrir a esta autora y esta obra ha sido una auténtica sorpresa y un lujo inesperado

Cuando no sepáis qué leer, coged un escritor latinoamericano y disfrutad. Es una apuesta segura. Hoy os traigo a Elena Garro, una autora totalmente desconocida para mí que he descubierto con esta joya: Los recuerdos del porvenir. Quizás otros la conozcáis como la esposa de Octavio Paz (el propio Paz definió esta novela como “una de las creaciones más perfectas de la literatura hispanoamericana contemporánea”), pero lo cierto es que ella es una escritora con voz propia, con mucho talento y una capacidad narrativa que no le tiene nada que envidiar a los colombianos, los argentinos o los mexicanos de mayor prestigio internacional.

Los recuerdos del porvenir es una novela ambientada en el pueblo de Ixtepec, en la tierra caliente del corazón de México, en los momentos postrevolucionarios cargado de injusticias y abusos de poder. Bajo el poder autoritario del general Rosas, los habitantes de Ixtepec viven en amenaza constante: “La desdicha, como el dolor físico, iguala los minutos. Los días se convierten en el mismo día, los actos en el mismo acto y las personas en un solo personaje inútil. El mundo pierde su variedad, la luz se aniquila y los milagros quedan abolidos. (…) El porvenir era la repetición del pasado. Inmóvil, me dejaba devorar por la sed que roía mis esquinas. (…) Habíamos abolido al tiempo”.

Garro nos cuenta la amarga historia de los hermanos Moncada. Durante un sangriento episodio de la guerra “cristera” el siniestro general Francisco Rosas se enamora de una bella y misteriosa mujer llamada Julia. Su obsesión crece cuando esta le abandona. Entonces Isabel Moncada se entrega a él presa del miedo y la admiración sin intuir el drama. El inicio de la novela es brillante y pasa a ocupar un lugar importante en mis inicios favoritos, os lo transcribo: “aquí estoy, sentado sobre esta piedra aparente. Solo mi memoria sabe lo que encierra. La veo y me recuerdo, y como el agua va al agua, así yo, melancólico, vengo a encontrarme en su imagen cubierta por el polvo, rodeada por las hierbas, encerrada en sí misma y condenada a la memoria y a su variado espejo. La veo, me veo y me transfiguro en multitud de colores y de tiempos. Estoy y estuve en muchos ojos. Yo solo soy memoria y la memoria que de mí se tenga”. Brillante. Hasta el final del libro no lo terminaremos de entender, pero así parece que estás ante el Papá Berromuerto de Porter en Lanny, un espíritu que guarda la memoria del pueblo.

Detrás de la historia de Rosas y Moncada, Garro tejerá una compleja red de personajes y situaciones que le permitirán abordar cuestiones como la violencia, el miedo, el racismo, las envidias, los celos, y todo tipo de injusticias de la vida política y social que paralizan al pequeño pueblo, donde muchas de sus mujeres sufren doblemente, expuestas al sistema de opresión colectiva y al que se ejerce individualmente sobre ellas. Este último tema es el central de la novela. Junto con el abuso de poder, la circularidad de la historia, la lucha entre el pueblo y el Estado, está justamente la situación de las mujeres. La novela retrata con minuciosidad la desigualdad de género y la violencia doméstica, los feminicidios y la violación como forma de reprimir y humillar a toda una comunidad. Isabel Moncada, la protagonista de esta historia, es una mujer inconforme, que toda su vida deseó haber nacido varón para poder ser libre como sus hermanos, estudiar, trabajar y no tener que casarse. Le interesaban el teatro, la política y las luchas sociales. Sin embargo, esos anhelos se vieron muy pronto truncados por las costumbres de su pueblo y los valores de su familia. En una época en la que ser feminista era aún más heroico que hoy en día, Elena Garro discurre a lo largo de toda su obra acerca de la opresión que viven las mujeres tanto por la sociedad como por sus propias parejas.

El libro tenía escondida una grata sorpresa para mí: el realismo mágico. Según he podido leer, Elena Garro declaró toda su vida que a ella no le interesaba pertenecer al realismo mágico porque más que tratarse de una corriente literaria era una estrategia comercial. Sin embargo, es posible detectar fragmentos muy elocuentes: “Desde que los zapatistas me quemaron la casa, se me queman los frijoles” y “Contó que en el campo ya estaba amaneciendo y al llegar a las Trancas de Cocula se topó con la noche cerrada. Se asustó al ver que solo en Ixtepec seguía la nochea. Nos dijo que es más negra rodeada por la mañana”.

Para la escritora mexicana Guadalupe Nettel, Los recuerdos del porvenir, junto con Pedro Páramo, es probablemente la mejor novela mexicana escrita en el siglo XX. Nettel destaca su estructura equilibrada, el suspenso que despliega, la prosa límpida y a la vez poética, su estilo innovador y la agilidad en sus diálogos. Yo no soy crítico literario, pero se perciben aromas de los grandes exponentes del Boom latinoamericano, aquella pandilla de genios liderada por Carmen Balcells que tantas alegrías nos han dado con sus novelas. Durante todo el libro disfrutaréis de párrafos memorables, un relato que asombra por su belleza lírica y que contrasta con la crudeza y fealdad de lo que allí se narra. Menos mal que su hija Helena salvó el manuscrito de esta novela del fuego al que la propia Garro lo arrojó. Ahora lo podemos disfrutar, y Alfaguara nos lo presenta en una edición muy cuidada. Daos la oportunidad de conocer a Garro y Los recuerdos del porvenir, será una novela excepcional de la que no os podréis despegar.

¡Nos vemos en la próxima reseña!

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