Reseña de Ama de José Ignacio Carnero

Sobreactuado y melodramático. La primera decepción del año.

Os traigo la primera decepción del año. Ama de José Ignacio Carnero, editado por Caballo de Troya, ya va por la cuarta edición, el libro está funcionando pero a mi me ha parecido un bluff. De forma totalmente inesperada porque hasta la página 110 todo iba de maravilla, lo leía de corrido y mantenía la angustia en mi cuerpo. Ahora os cuento por qué.

En Ama, José Ignacio Carnero nos relata la relación que tenía con su madre. No aclara en ningún momento si es una experiencia personal, pero el tono y la profundidad de los detalles hacen pensar que sí. La novela está contada desde el momento en el que le detectan un cáncer a la madre hasta su muerte. De hecho el libro hace las veces de caja del tiempo donde José Ignacio va recogiendo el testimonio de su madre: “este libro será tu voz cuando la tuya se apague. (…) Pero antes prefiero la vida, ese pequeño trozo de vida, que entre nosotros está. La vida que, por acabarse, no deja de ser vida“. Y el proceso de escritura promete ser duro, “en ocasiones, siento que me aflige una extraña presión, que solo consigo paliar escribiendo (…) Como la válvula de una olla exprés que permite que esta no estalle (…) Sin embargo, existen algunos momentos en los que, aun existiendo la necesidad de escribir, la presión es tal que las palabras no me salen. Se quedan en la garganta, o en la punta de los dedos, o de la lengua, o donde quiera que estén las palabras antes de ser escritas“. En la primera mitad dela novela, la crudeza de la situación se conjuga con bastante éxito con notas de humor: “Como Adolfo Suárez, me pedí una tortilla francesa y un café con leche. (…) Fue un error porque con una tortilla francesa y un café con leche en el cuerpo no se lleva bien una transición a la democracia, pero tampoco una resaca“.

La narración de la pérdida de contacto con la realidad de la madre los momentos previos a la muerte produce congoja. Aquí el drama sí funciona (cómo no). Y se lee con un nudo en el estómago. Sin embargo, en la segunda parte, la novela empieza a caer a una tristeza autoinfligida, forzada, un tanto exagerada, más cerca de una psique de emo adolescente. Por lo general, el tono melodramático es exagerado: “Me contó que tenía miedo de que un zapato se le quedase atrapado entre las vías, o de caerse y que el tren lo arrollara. Así me siento yo a menudo: corriendo por un túnel del que no veo el final. A veces la oscuridad es más intensa, y otras menos, pero la luz siempre es insuficiente. Por eso llevo días sin llamar ni escribir a Laia. Llevo también días sin salir del piso“. O por ejemplo, el momento en el que decide dejar a su pareja, “ella tan cerca de la vida, y yo tan cerca de la muerte. Una vez más he huido. Huyo sin tener ningún lugar al que ir. Huyo a algún lugar que está dentro de mí: a mis tripas, por ejemplo. Huyo sin equipaje. Como en la canción de Sabina, arrastro maletas cargadas de lluvia. Pero en la calle no llueve y yo camino“, cuando nada en la novela te hace pensar que esté más cerca de la muerte… O una última: “No sé por qué he cogido el móvil y he borrado su contacto. Porque soy un cobarde, porque me da miedo la felicidad, o porque estoy a gusto dentro de mi tristeza: dentro de esta prisión de palabras que llevo tiempo construyendo“. ¡Dramaqueen! … es un tono innecesario. El libro estaba funcionando desde el recuerdo tierno, alegre, comprometido y sosegado que un hijo tiene de su madre. Tengo la impresión de que la buena literatura mantiene un nivel intelectual alto y este tipo de sensaciones las dejan para el lector, no es necesario escribirlas, se generan solas al conocer a los personajes, sus situaciones y al proyectar las posibles consecuencias. No así, José Ignacio Carnero se ha propuesto amargarse él para dar más dramatismo al libro, ¡cómo la trama no fuera suficiente!

Por otra parte, el libro está escrito en un estilo muy directo. Parece que el autor está contigo tomando una cerveza en un bar y te está contando la historia, los temas fluyen, se retoman hilos argumentarles donde se olvidaron anteriormente… bien, sin fallo. Esto normalmente le da ritmo a la lectura y se agradece. Pero llega un momento en el que te cansas de “oír” al narrador y lo que quieres es leer un libro. En ocasiones se alarga innecesariamente en enumeraciones y quizás abuse de aforismos o frases ya manidas como “el amor no se acumula, si se acumula no es amor”, que no sabes muy bien si lo ha escrito para que la gente la subraye o si realmente ese recurso era necesario para el párrafo.

Tengo la sensación de que el libro ha logrado traspasar el tono triste, gris, taciturno, mustio, plomizo, lúgubre (como el museo) [Dani Rovira dixit] a la reseña, y me está quedando una cosa muy pesimista, pero es cómo he sentido y leído el libro. Cuando lo empecé, algunas personas en Instagram me hablaron maravillas y eso me motivó a seguir leyéndolo, pero es cierto que al final lo he aborrecido un poco. Será que yo estoy motivado, alegre y optimista (a pesar de tener una situación familiar similar a la del autor), pero quizás no fuese el momento de leerlo o quizás he sido implacable con la crítica. Ojalá a vosotros os haya dejado mejor sabor de boca. Yo necesito empezar otro libro, a ver si el nuevo aroma es agradable.

¡Nos vemos en la próxima reseña!

2 comentarios sobre “Reseña de Ama de José Ignacio Carnero

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