Reseña de Feliz final de Isaac Rosa

No es un libro más, es un arma de destrucción masiva

Una portada sencilla, un título aparentemente simple y una imagen que al leer el libro cobra más sentido. Por fuera el libro parece uno más. Pero Isaac Rosa ha escrito un arma de destrucción masiva. Un misil a la línea de flotación de todos los lectores con pareja. Un puto ataque alienígena en el salón. Una bomba atómica al epicentro del amor. Tengo todo el libro lleno de marcas. Rosa entra en la mente de todos los enamorados y malmete advirtiéndoles “no te confíes”.

La novela es una historia de amor, contada a dos voces, desde el amargo final hasta los inicios nerviosos. Pero no es una historia de amor corriente. El desarrollo de la historia está muy bien tratado, me gustaría conocer el proceso de creación porque no parece sencillo (a menos que escribas los capítulos en orden y los coloques al revés); se notan las transiciones en la historia, los giros, los pliegues de una cronología llena de rasguños. Si en los primeros capítulos las voces están enfrentadas en diferentes capítulos, hacia la mitad del libro se intercalan como en una conversación y al final cambia de voz dentro del mismo párrafo. Es un recurso que funciona a las mil maravillas.

Los primeros capítulos (el final de la relación) están llenos de rencor y desconfianza, pero también de verdades que llegan tarde y de esperanzas que nunca se cumplieron. Son los capítulos más duros de todos, por todo eso y porque no hacen falta grandes dramas para identificar el final de una relación, y esto asusta. Cada uno ha vivido situaciones compartidas de diferente manera: veladas con amigos, la compra de la casa, el nacimiento de las hijas, etc. Dice Ángela, “una separación es también, es sobre todo, la pérdida de un relato común, y en el momento de la ruptura aprieta la necesidad de contar, recontar por última vez”. Y esa doble visión de cada escena también asusta, te hace plantearte ¿cómo habrá vivido esto ella? ¿Estará fingiendo algo que dentro de unos años me vomitará en mitad de una discusión?

Los capítulos centrales son, en palabras de Antonio, “una autopsia, identificando heridas en el cadáver y señalando cicatrices, todas pequeñas, todas mortales, que todas hieren y la última mata”. Con un escarpelo en vez de una máquina de escribir, Rosa es tremendamente sagaz en el análisis y exhaustivo en los golpes. Es un libro angustioso en lo literal y en lo retórico. Ya están cansados, lo han compartido todo y hablan sin tapujos. Se dicen las cosas brutalmente con altas dosis de crudeza y bajas dosis de empatía. Hay humor, pero es un humor tan cómplice que casi no entendemos (esto es un logro destacable del autor). Los últimos capítulos son nostálgicos, de lo que querían que fuera y lo que en algún momento fue pero se perdió por completo. Soñaban. “Nosotros íbamos a envejecer juntos” … y mira ahora cómo estamos.

Nadie sale ileso de este libro, es duro leer cosas como “esa sensación de que nos hemos ido desconociendo, volviéndonos cada vez más extraños, iremos alejándonos hasta que nuestras hijas nos miren en una reunión familiar y se pregunten sorprendidas ¿cómo es posible que estos seres tan ajenos pudieran alguna vez enamorarse y desear un futuro compartido?”. Debemos intentar no proyectar nada de lo que ocurre dentro de la novela, porque cuando levantes la vista del libro empezarás a mirar con desconfianza a tu alrededor. Y esto, que es otro logro destacable del autor, es una putada.

El libro es redondo, todo funciona, no sobra nada, no falta nada, todo está relacionado y existe una lectura más profunda que es inabarcable. Hacia el final, en una intervención de Ángela, aparece una de las citas que mejor resumen el libro, “el amor se destruye, se falsea, al recontarlo. El amor es inenarrable, siempre se narra cuando ya ha pasado, y entonces está sometido a relectura, reajuste, cuando no revancha. El amor es inenarrable porque el tiempo del sentimiento y el tiempo del relato nunca coinciden, y lo que ahora contemos siempre será una reelaboración racional de un sentir que se evaporaba a medida que ardía. Cualquier intento por contar el amor está condenado al fracaso. El amor es ridículo, es incomprensible, es desproporcionado, es falso, es equivocado. Ni siquiera los cuadernos, las cartas, los mensajes de entonces, nos sirven para recuperar una intensidad que ya no entendemos. Solo podemos contar la ceniza, o ni siquiera eso: el tizne que dejó la ceniza antes de ser aventada”.

Leedlo porque os va a tocar, os va a hundir y os va a dejar una herida que tardará en cicatrizar; en el mejor de los casos este libro será una cicatriz, en el peor de los casos una herida abierta. Leedlo porque no vais a leer muchas historias de amor como esta. Isaac Rosa se sitúa en el olimpo de los escritores al amor, junto con otros grandes como Flaubert, Tolstoi o Beigbeder. Leedlo porque todos debemos hacerlo. Leedlo porque estamos a tiempo de aprender de los errores de Antonio y Ángela (o no). Leedlo porque nos os vais a arrepentir y porque los libros que duelen son los libros que perduran. Leedlo y mientras lo hacéis escuchad “Con las ganas” de Zahara, la combinación es explosiva.

 

¡Nos vemos en la próxima reseña!

3 comentarios sobre “Reseña de Feliz final de Isaac Rosa

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