Un limbo literario en el que intentar perpetuarse

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La gente venga a hablar de este libro. Los libreros venga a recomendarlo. Y yo que me resistía. Demasiada innovación para mi. Reconozco que en un principio estaba de acuerdo con el waterparties de Alberto Olmos en El Confidencial cuando afirma sobre el libro que “Para leer hasta la última página ‘Lincoln en el Bardo’ hay que tener veinte años, hay que tener ilusiones, hay que ser impresionable, hay que decirle que sí o que no a la cocaína. Las novelas experimentales son cocaína, tiempo que perder. Con veinte años aún tienes tiempo que perder“. Pero eso era porque no me acerqué con la actitud adecuada. Dejándome llevar por unos tipos infames y abriendo mi mente literaria hasta límite insospechados a los que solo me había llevado la bazofia de Renata Adler, decidí sumergirme en el universo creado por Saunders. Y compré el libro. Y lo empecé a leer. Y acerté. Tardas 10 páginas en coger el truco a la dinámica de lectura y luego es muy ágil. Pasaba las páginas casi sin darme cuenta.

Saunders parte de la historia real de la muerte del hijo de Abraham Lincoln para crear un universo de ficción asombroso e inédito (o como veremos más adelante, no tan inédito). La historia de Lincoln en el Bardo ocurre en una sola noche, en el cementerio de Oak Hill, en Washington. Willie, el hijo de once años de Abraham Lincoln, acaba de morir y su padre no se resigna a abandonarlo en su tumba; cuando todos los asistentes al funeral se han marchado, Abraham vuelve a la tumba en dos ocasiones para sacar al niño del ataúd y sostenerlo entre sus brazos. Willie está atrapado en el Bardo, un estado transicional, tomado del budismo, entre la muerte y lo que sea que ocurre después, y ahí se ve rodeado de fantasmas que no han querido avanzar hacia el siguiente estadio. Son ellos quienes narran la historia; mentes arrancadas de un cuerpo al que se esfuerzan por permanecer. No hacen otra cosa que desbocarse en monólogos para no enfrentarse a la realidad de su deceso, al grado de convencerse de que no están muertos sino enfermos y de que sus ataúdes son cajas para enfermos. Ya no tienen cuerpo, son una manifestación de sus obsesiones, algunas divertidísimas como las de Hans Vollman (quien murió poco antes de consumar el matrimonio con su esposa y ahora es una mente atada a un enorme pene erecto) o Roger Bevins II (un joven que se suicidó tras ser rechazado por su amante y que poco antes de morir se arrepiente de renunciar a la vida, es en el Bardo una masa de ojos, manos, narices). Estos y otros personajes fantasmales, en un momento de la historia, entran en el cuerpo de Lincoln y conocemos su pensamiento, de los más poderosos en el libro: las dudas de un hombre deprimido, la conciencia de que por errores que él ha cometido, miles de padres han experimentado la pérdida que él sufre ahora.

Estamos ante una novela polifónica que exhibe todas las virtudes  de Saunders como narrador. Ganadora  del premio literario más prestigioso de Reino Unido, el Man Booker Prize for Fiction 2017, con su primera novela publicada, el jurado reconoció en éste un libro que exige mucho del lector y que recompensa esa exigencia con un despliegue narrativo sorprendente. Altamente creativo y con un trasfondo filosófico interesante (el ser humano es pensamiento y aun muertos estaremos vivos mientras nos recuerden). Leedlo, deleitaros con la capacidad creativa y literaria de un autor que nos va a dar muchas alegrías si sigue por estos derroteros.

Para cerrar, me gustan las palabras de cierre de la crítica de Ariel Dorfman en Babelia, y como no lo voy a explicar mejor que el propio autor, os dejo con su acertada reflexión final: “como latinoamericano que creció alucinado por Pedro Páramo, no puedo dejar de preguntarme qué harían los personajes de Saunders si estuviesen encerrados en el infierno incestuoso de Comala, presos de un caudillo satánico y voraz en vez de que los cuidara un líder como Lincoln. Quisiera que el mundo fuese como lo recrea Saunders, pero temo que sea Rulfo el que nos haya dado una visión más veraz del destino y muerte final de nuestra torcida humanidad. Quizá solo los muertos saben la respuesta“.

 

¡Nos vemos en la próxima reseña!

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