No reluce el dolar, reluce Amis

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El libro en 280 caracteres: “Hombre crápula se cree el puto jefe del Universo, reparte billetes de 500 dólares como migas de pan a pajaritos muertos de hambre que se le acercan o con los que se cruza. Pero la vida no es del color del dinero, el dinero no lo abarca todo”. Y menos mal. Menos mal para todos menos para John Self, el protagonista de Dinero, un libro maravilloso escrito por un Martin Amis joven y lleno de vitalidad. Nuestro antihéroe tiene una vida envidiable:

“Fíjense en mi vida. Ya sé lo que están pensando. Están pensando: ¡pero si es una vida fantástica! ¡Magnífica! Están pensando: ¡hay tíos con suerte! Bueno, supongo que parece fantástico con tantos vuelos y tantos restaurantes, y taxis y estrellas de cine, y Selina, y el Fiasco, y el dinero. Pero mi vida también es mi cultura particular: eso es lo que estoy mostrándoles al fin y al cabo, ese es el lugar a donde les estoy conduciendo, dejando entrar: mi cultura particular. Y quiero que miren mi cultura personal. Que vean en qué estado se encuentra. No es un lugar bonito. Y por eso me muero de ganas de salir disparado del mundo del dinero para irme… ¿Adónde? Díganmelo ustedes, por favor. Yo sólo jamás lo conseguiré. No sé cómo”.

John Self vive a todo tren. No escatima en nada. Alcohol. Tabaco. Putas. First class. Restaurantes. Suites en los mejores hoteles de Nueva York. Más tabaco. Más alcohol. Más putas. Dom Pérignon sobre las tetas de las putas. Este es el nivel. Y entre todo esto, resulta que el tipo es un genio de la publicidad y el business. Está bien relacionado (o eso parece). Como ese conductor suicida de Sabina, a John Self no podemos negarle que “ha marcado estilo, que ha patentado un modo de andar sin despeinarse por el agudisimo filo de la navaja de esta espidica ciudad”. Caga billetes. Y los ama: “Dice Selina que soy incapaz de amar de verdad. No es cierto. Al dinero lo amo de verdad. Oh, dinero, te amo“. Para John Self, todo en la vida es dinero.

“Las calles rebosan de ajetreo, pero casi nadie va adonde va porque lo haya querido o elegido. El que manda es el dinero (…) El dinero nos pisotea, nos acorrala, se nos mea encima, nos pone entre la espada y la pared. (…) El dinero equivale a libertad. Nada más cierto. Pero la libertad equivale a dinero. Seguimos necesitando dinero. Tendríamos que darle paliza al dinero”.

Cuando tienes dinero todo en la vida se reduce a eso. El dinero como forma de cultura. Cuando no lo tienes, la vida gana en matices. Es más dura, pero es más real. Aquí está. Esto es. Resulta que Amis nos presenta un mundo empobrecido por el dinero. Una certera contradicción.

Escrita en forma de nota de suicidio, es un monólogo vastísimo en recursos literarios, una confidencia muy rica verbal y semánticamente. Cada momento, cada escena, son una novela en sí mismas. Su agudeza narrativa y su sentido del humor (“la gente que va a la ópera no usa los váteres, ni siquiera cuando están en su casa“) convierten a esta novela en un MUST. A la altura de Bukowski, Welsh o Roth, Amis nos dibuja perfectamente las miserias del lujo y las grandezas de la pobreza. Afila su pluma en escenarios vulgares, opulentos, deprimidos, lujosos, paupérrimos, fastuosos, marginales… Me gustó especialmente el recurso de usarse a sí mismo como personaje en la historia, y no es cualquier personaje es uno de los “jokers”, como él mismo se define dentro de la novela. Los personajes están muy bien definidos, hasta los nombres tienen sentido en sí mismos: Martina, fina, delicada, responsable, modosita. Selina, estratega, sucia, interesada. Fat Vince (padre) y Fat Paul (hijo) taberneros londinenses, gordos, peseteros, vulgares… ¡Te los imaginas perfectamente! Es un libro políticamente muy incorrecto. No pasaría el filtro de los Torquemadas actuales. Pero da igual. Ahí está la grandeza de la Literatura.

Sin destriparos la historia, al final John Self cae en la más absoluta miseria. El dinero como billetes de Monopoli. Las posesiones duran lo que dura el dinero. Pero, ¿la felicidad también dura lo que dura el dinero? A nuestro antihéroe todo se le hace cuesta arriba:

“Manhattan, el aeropuerto JFK, resultan lugares muy diferentes cuando circulas por ellos sin dinero. Tú cambias, pero ellos también. Hasta el aire cambia. Lo noté cuando salí del Carraway. Con dinero, el deslumbrante Nueva York parece un invernadero acrisolada. Sin dinero, es como si estuvieras desnudo, tratando de proteger el pito de la cascada de cristales rotos que se te viene encima. Sin dinero es muchísimo más difícil soportar las miradas, los ruidos, los olores. Una ciudad durísimo. Ahora comprendo lo cierto que es. ¿Dura? ¡Es una tormenta de mierda! Es a ras de tierra donde pasan las cosas de verdad. Ahí abajo todo tiene mucha más intensidad, todo resulta mucho más realista. Y también hay que tratar con la gente del dinero, aunque estos sean diferentes, ingenioso pícaros del cambio y el suelto, que hacen tintinear sus monedas mientras corren en pos de ti”. 

Le he dedicado mucho tiempo. Lo he leído despacio. Lo he disfrutado. No tengáis prisa por llegar al final. Disfrutad del camino. Como una botella de un buen vino tinto. Mejor a sorbitos. Paladead el estilo de Amis. Sonreid con su humor. Dejaos sorprender por sus recursos literarios (grande Animal Farm). Enfadaros con Fielding y Selina. Temed por Martina. Y compadeceos de John. Deleitaros con ‘Dinero fácil’, o con ‘Dinero sucio’, bueno… con ‘Dinero‘.

¡Nos vemos en la próxima!

 

 

 

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