El manifiesto de la próxima revolución

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Aire a mis pulmones. Sangre fresca a mi corazón. Glucosa nueva a mis músculos. Esperanza a mi mancillada profesión. Todos tenemos que leer a Nuccio Ordine, todos debemos hacer nuestras sus páginas y revelar la apremiante “utilidad de lo inútil”. El libro es un maná de razonamientos fundamentales para construir una nueva sociedad basada en lo inútil y no en lo útil, porque como rescata el autor al inicio del libro “lo que lo permanece lo fundan los poetas“, porque “sólo el saber puede desafiar una vez más las leyes del mercado. Yo puedo poner en común con los otros mis conocimientos sin empobrecerme (…), puedo leer junto a un alumno una página de Montaigne dando vida al milagro de un proceso virtuoso en el que se enriquece, al mismo tiempo, quien da  quien recibe” y porque, lamentablemente, “el hombre se empobrece cada vez más mientras cree enriquecerse“. Ordine nos invita a abandonar las prácticas capitalistas, “el capitalismo no tiene nada que ver con el deseo de mejorar la condición humana“, y nos apela a no dejar morir lo inútil:

si dejamos morir lo gratuito, si renunciamos a la fuerza generadora de lo inútil, si escuchamos únicamente el mortífero canto de sirenas que nos impele a perseguir el beneficio, sólo seremos capaces de producir una colectividad enferma y sin memoria que, extraviada, acabará por perder el sentido de sí misma y de la vida. Y en ese momento, cuando la desertificación del espíritu nos haya agostado, será difícil imaginar que el ignorante homo sapiens puede desempeñar todavía un papel en la tarea de hacer más humana la humanidad…“.

El libro se estructura en tres grandes apartados. Un primero dedicado a la literatura. Un segundo centrado en la universidad. Y un tercero que recoge reflexiones en torno a la dignidad humana, el amor y la verdad. Ninguno de ellos tiene desperdicio. Todos son clarificantes, todos son un bálsamo para estos tiempos de crisis, una ventana abierta al amor al conocimiento, al respeto a la duda, a la profanación de los principios utilitaristas y a la búsqueda permanente de preguntas y respuestas que den sentido a la vida y nos hagan mejores personas. Todo esto a través de una defensa numantina hacia los saberes sin beneficios, por muchas razones, pero destacaré dos, por una parte,

precisamente el hecho de ser inmune a toda aspiración al beneficio podría constituir, por sí mismo, una forma de resistencia a los egoísmos del presente, un antídoto contra la barbarie de lo útil que ha llegado incluso a corromper nuestras relaciones sociales y nuestros afectos más íntimos. Su existencia misma, en efecto, llama la atención sobre la gratuidad y el desinterés, valores que hoy se consideran contracorriente y pasados de moda“.

Y, por otra parte, rescatando el elogio provocativo y radical del filósofo francés Gautier a lo inútil,

sólo lo es realmente hermoso lo que no sirve para nada. Todo lo que es útil es feo, porque es la expresión de alguna necesidad y las necesidades del hombre son ruines y desagradables, igual que su pobre y enfermiza naturaleza. El rincón más útil de una casa son las letrinas“.

Ahora me toca a mi. Ir contracorriente es también una condición que identifico como propia. Y hay veces que por cazurro provoco risas (eppur si muove), pero en el caso de la función que debe jugar la Universidad en nuestra sociedad, sé que tengo razón. Y no hay nada más satisfactorio para un quijote que encontrar a grandes pensadores en la misma trinchera (ciertamente soy yo el que ha pedido unirse a sus filas). No hace mucho, en un fin de semana con amigos, discutía contra todos ellos acerca de si la universidad debía ajustarse (más aún) a las leyes del mercado o ser un reducto de educación humanista que prepare para la vida. Y no hacen falta muchos argumento para tener razón, solamente hace falta que sean buenos. Ordine lo explica mejor que yo:

Las escuelas y las universidades no pueden manejarse como empresas. Contrariamente a lo que pretenden enseñarnos las leyes dominantes del mercado y del comercio, la esencia de la cultura se funda exclusivamente en la gratuidad (…). El estudio es en primer lugar adquisición de conocimientos que, sin vínculo utilitarista alguno, nos hacen crecer y nos vuelven más autónomos. Y la experiencia de lo que aparentemente es inútil y la adquisición de un bien no cuantificable de inmediato se revelan inversiones cuyos beneficios verán la luz en la longue durée”.

Esperad, que esto sigue…

“Sería absurdo cuestionar la importancia de la preparación profesional en los objetivos de las escuelas y las universidades. Pero ¿la tarea de la enseñanza puede realmente reducirse a formar médicos, ingenieros o abogados? Privilegiar de manera exclusiva la profesionalización de los estudiantes significa perder de vista la dimensión universal de la función educativa de la enseñanza: ningún oficio puede ejercerse de manera consciente si las competencias técnicas que exige no se subordinan a una formación cultural más amplia, capaz de animar a los alumnos a cultivar su espíritu con autonmía y dar libre curso a su curiositas

Y la pirotecnia llega a su punto álgido…

Identificar al ser humano con su mera profesión constituye un error gravísimo: en cualquier hombre hay algo esencial que va mucho más allá del oficio que ejerce. Sin esta dimensión pedagógica, completamente ajena a toda forma de utilitarismo sería muy difícil, ante el futuro, continuar imaginando ciudadanos responsables, capaces de abandonar los propios egoísmos para abrazar el bien común, para expresar solidaridad, para defender la tolerancia, para reivindicar la libertad, para proteger la naturaleza, para apoyar la justicia…

Chof, chof, chof… Y nutre este posicionamiento con ejemplos muy potentes que ilustran a la perfección la idea de que debe ser la curiosidad y no el rendimiento lo que prevalezca en la investigación y en la docencia. El autor trae al texto los ejemplos de Galileo, Newton, Einstein o Poincaré como aquellos grandes científicos que cultivaron su curiosidad sin obsesionarse por lo útil y el beneficio.

En definitiva, leed a Nuccio Ordine. Y no dejéis de leer el ensayo que aparece al final del libro del pedagogo americano Abraham Flexner, La utilidad de los conocimientos inútiles (1939), la académica palanca que llevó a nuestro autor a escribir este maravilloso manifiesto que ahora os invito a leer. Yo seguiré intentando orientar mi labor docente al despertar de la curiosidad en mis estudiantes, y procuraré que mi labor investigadora se centre en aquello que me apasiona y no en aquello para lo cual logre financiación. Porque en el fondo, como dice Tolstoi, “lo útil es sólo lo que puede mejorar al hombre”.

¡Nos vemos en la próxima reseña!


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Nota de la foto: la piedra de la derecha de la foto es un tsukubai, una fuente de piedra a la que cae agua desde una caña de bambú que suele estar en templos budistas.El agua representa el contínuo fluir de la vida y la impermanencia de todo en este mundo. El significado de los cuatro caracteres cuando se combinan con el cuadrado (Fijaos que todos tienen un cuadrado en el lado que encaja con el diagrama anterior): 吾 (ware): yo; 唯 (tada): solo; 足 (taru): suficiente, satisfecho, mucho, a montones, lleno; 知 (shiru): saber, aprender. La traducción del poema seguramente sería algo así como “aprendo para estar contento”. Una de las enseñanzas fundamentales del budismo es que las posesiones materiales no valen para nada, con lo que uno sabe es suficiente, no hace falta nada más para ser feliz.

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