Un canto al poder sanador del ajedrez

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“Toda mi vida me han intrigado los monomaníacos, las personas obsesionadas por una sola idea, pues cuanto más se limita uno, más se acerca por otro lado al infinito; son precisamente estos seres en apariencia fuera del mundo los que, como termitas, saben construir en su ámbito una imagen reducida del mundo, única y extravagante”.

Otra vez del tirón y una vez más Sweig me ha conquistado. En esta novela no pretende llegar al corazón pero es un canto al poder sanador de los libros y del ajedrez, desborda amor por el juego infinito del tablero de 64 casillas. Táctica, técnica, concentración, estrategia, paciencia, autocontrol, respeto por el contrincante. Pocos deportes han tenido tanta influencia en la política internacional.

Siempre he defendido que si alguna vez tengo hijos intentaré que disfruten del ajedrez, que además su disfrute y virtuosidad no tiene fin.

A mi me parece un planazo, así que…. parafraseando a Sabina, si socios buscas ¿cuándo compartimos una partida de ajedrez?

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