
Cuando la guerra aún es un rumor
Pasado el Día del Libro vuelvo a la rutina semanal de las reseñas. Últimamente mi vida son muchas rutinas y estamos atados a ellas por la supervivencia -y tranquilidad- de los dos terremotos que hay por casa. Romper rutinas a determinadas edades genera demasiadas distorsiones y mareos que soportaremos felizmente en periodos vacacionales, pero no a mitad de curso. Solo me saca de la rutina la lectura. Hoy os traigo La ciudad expoliada, de Olivia Manning, publicada en 1962 y editada por Libros del Asteroide en 2022. Se trata del segundo volumen de la aclamada Trilogía balcánica iniciada con La gran fortuna cuyo tercer volumen, Amigos y héroes, aún tengo pendiente. Como nota curiosa, la traductora de la trilogía es Concha Cardeñoso, hoy archiconocida por ser la traductora de Hamnet.
Leer La ciudad expoliada supone regresar a esa Europa de 1940 que todavía no ha terminado de hundirse, pero que ya se sabe condenada. Basada en las propias experiencias de la autora y de su marido, destinados en Bucarest al inicio de la Segunda Guerra Mundial, la novela sigue los pasos del matrimonio Pringle en una ciudad cada vez más inestable, atravesada por rumores, amenazas, huidas y cambios de lealtades. Seguimos en Bucarest y nuestros dos protagonistas, Harriet y Guy Pringle, observan con creciente preocupación la evolución de los acontecimientos políticos. París ha caído, Alemania parece cada vez más cerca de invadir Rumanía y la Guardia de Hierro -grupo fascista rumano- gana presencia en las calles. La capital, que en otro tiempo pudo parecer un destino exótico, cosmopolita y hasta privilegiado para la comunidad británica -en el primer volumen la describen como la París del Este-, se convierte poco a poco en un espacio hostil. La comida escasea, los alemanes se hacen visibles, las simpatías cambian de bando y los ingleses empiezan a comprender que su seguridad depende de decisiones cada vez más arriesgadas.
Manning mantiene abiertas varias tramas: la relación entre Guy y Harriet, el ambiente universitario y diplomático en torno a Guy, los personajes que orbitan alrededor del matrimonio y las andanzas del príncipe Yakimov, uno de esos secundarios entre grotescos y entrañables que introducen un humor casi picaresco en medio del derrumbe. Sin embargo, la línea más poderosa sigue siendo la de Harriet y Guy. A través de Harriet, la autora observa el matrimonio con una lucidez incómoda: el amor no desaparece, pero se mezcla con el cansancio, la decepción y esa sensación de haber quedado atrapada en una vida que empezó sin plena conciencia de sus consecuencias. La frase final sobre el matrimonio —“se empezaba sin sospechar nada y, sin sospechar nada, se quedaba uno atrapado”— resume muy bien esa mirada desencantada, pero no amarga, con la que Manning retrata la intimidad. Y es que si Guy en la primera entrega se sumergió en la producción de una obra de teatro, ahora lo hará en la preparación de unos cursos de verano. Da lo mismo, lo que no quiere Guy es dejarse llevar por la zozobra bélica y mantener impertérrito a sus rutinas y sus convicciones. Pero, claro, por el camino arrastra a Harriet que sufre viéndole ajeno a los acontecimientos y sin entender bien su cabezonería, hasta el punto de llegar a pensar que lo que no quiere Guy es pasar tiempo con ella. Esa falta de comunicación entre ellos es la que sostiene la mirada desencantada de Manning hacia esta relación.
Lo más valioso de La ciudad expoliada está, quizá, en su desplazamiento del foco. No estamos en Londres bajo las bombas, ni en París ocupado, ni en los grandes escenarios militares de la Segunda Guerra Mundial. Manning nos invita a poner la oreja en las vías del tren de la guerra para notar cómo se acerca, sin verla, sin sentirla. Aun. Estamos en Bucarest, en una periferia europea que a menudo queda fuera del relato central de la contienda, y desde ahí Manning consigue mostrar cómo la guerra se filtra en lo cotidiano: en los hoteles, en los restaurantes, en las conversaciones, en las amistades que se enfrían, en el miedo a confiar en la persona equivocada. Manning narra el drama de la guerra lejos de los cañones y de los discursos bélicos, pero muy cerca de quienes la sufren en las calles. Por eso La ciudad expoliada no es solo una novela sobre la Segunda Guerra Mundial, sino sobre la experiencia civil de la guerra: la espera, la sospecha, la pérdida progresiva de seguridad, el modo en que una ciudad cambia de rostro antes incluso de que todo estalle. Y ahí reside su fuerza: Olivia Manning nos recuerda que la historia no solo se decide en los despachos o en los frentes, sino también en esos márgenes donde la vida continúa, aparentemente, mientras el mundo se desmorona.
Tengo ganas de cerrar la trilogía –dejar a Harriet y a Guy en países diferentes no es fácil para lector compulsivo como yo– pero aún vendrán otras reseñas antes de saber cómo termina esta historia. Voy a dejar que sedimente La ciudad expoliada y no acabará el año sin saber si Manning concede una salida a esta infeliz pareja separada por los avatares de una contienda brutal. Dosificar lecturas es una forma de motivación y autocontrol muy recomendable para lectores voraces.
¡Nos vemos en la próxima reseña!
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