
Una novela compleja y fascinante sobre el Perú, el poder y la condición humana
Dice Sabina que al lugar donde has sido feliz no debieras tratar de volver. Y suelo hacerle caso, pero hay lugares que me hacen feliz a los que vuelvo. Uno de ellos es Vargas Llosa. Hoy os traigo su segunda novela, La casa verde, en la edición de Alfaguara de 2023. Contó el autor que escribió la novela entre 1962 y 1965 durante su estancia en París. Originalmente se publicó en 1966 en Seix Barral y está considerada como una de las novelas más exigentes —y también más fascinantes— de la narrativa latinoamericana del siglo XX. A pesar del músculo lector que requiere esta lectura, me sigue fascinando Vargas Llosa y procuro dosificar sus novelas para que nunca se acaben; y cuando las acabe las releeré. Siempre volveré a este lugar que tan feliz me hace. Y antes de seguir, daos cuenta del arranque literario de Vargas Llosa: su primer novela fue La ciudad y los perros, luego vino La casa verde y después Conversación en la catedral… alucinante. En fin, vayamos al lío.
La casa verde es un relato coral ambientado entre el desierto de Piura y la selva amazónica peruana, donde múltiples historias y personajes se entrecruzan de forma aparentemente caótica. En el centro de todas ellas emerge la enigmática “casa verde”, un burdel que conecta destinos marcados por la violencia, el deseo, la ambición y la supervivencia. A través de saltos temporales y cambios de perspectiva, la novela sigue las trayectorias de figuras como don Anselmo, Lituma o Bonifacia, cuyos caminos se entrelazan en un universo narrativo tan complejo como profundamente humano. Más que una historia lineal, la obra propone una inmersión en un mundo fragmentado donde el lector debe reconstruir las piezas para comprender un retrato intenso y poliédrico del Perú. Y aquí está la verdadera importancia de la obra: Vargas Llosa imita en la narración la fragmentación en la que vive Perú. El autor consigue desorientarte primero para, poco a poco, revelarte una estructura tan precisa como ambiciosa. La sensación inicial es de desconcierto. Pero no es un defecto: es el método. La estructura fragmentada no es un capricho formal, sino una forma de reflejar un país profundamente desigual, diverso y, en muchos aspectos, incomprensible si se mira desde una sola perspectiva. No es una novela fácil. Y conviene decirlo sin rodeos: es una novela sin red. Vargas Llosa prescinde de explicaciones, elimina transiciones y mezcla tiempos narrativos sin avisar. El lector tiene que reconstruir constantemente lo que está ocurriendo. Pero precisamente ahí está su grandeza. Porque cuando empiezas a encajar las piezas, la sensación es casi física: entiendes no solo la historia, sino la lógica interna del relato [y, si te pierdes Wikipedia tiene la relación de capítulos y una descripción de los personas que te puede ayudar]. Margarita Garbisu en Rinconete explica por qué seguimos leyendo, “en medio de la complejidad, sin embargo, la lectura fluye, engancha, atrapa; y uno (una) se deja llevar, sin estar siempre seguro de lo que está aconteciendo. Pero no importa porque el lenguaje es tan bello, los personajes tan fuertes y los hechos tan poderosos que no se ceja en el empeño, y poco a poco se van desentrañando estructuras, se van completando historias y se van hilvanando personajes, hasta que en el desenlace final todo adquiere sentido”.
Aunque han pasado décadas desde su publicación, La casa verde sigue dialogando con el presente por su mirada crítica sobre el poder y la desigualdad, por su representación de territorios olvidados y por su forma de cuestionar las narrativas simples. En un momento en el que buscamos explicaciones rápidas para realidades complejas, esta novela nos obliga a detenernos y aceptar la ambigüedad. Si tuviera que definir esta novela en una idea, diría que es una obra que exige mucho, pero devuelve más. No es la mejor puerta de entrada a Vargas Llosa, pero sí una de sus obras más ambiciosas y, probablemente, más completas desde el punto de vista literario. Es de esos libros que, cuando los terminas, sientes que has leído algo importante. Lo recomendaría si eres uno de esos lectores que disfrutan de estructuras complejas o que buscan literatura con ambición formal. Es una novela para lectores y lectoras valientes, pero la recompensa merece la pena.
¡Nos vemos en la próxima lectura!
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