Reseña de El loco de Dios en el fin del mundo de Javier Cercas

Un libro para charlar sobre él

Los libros de Cercas son siempre bienvenidos en este blog. Le reconozco cierta capacidad para contar historias, que sin salirse de los cánones, sin estridencias y con más raíces que ramas, consigue armar libros que se leen muy bien. En este caso me he subido rápidamente al tren de su último libro, El loco de Dios en el fin del mundo, editado por Literatura Random House y publicado en abril de 2025. Un libro que plantea muchas preguntas y algunas respuestas. Un libro que da para hacer muchas lecturas, sacar algunas ideas interesantes, aprender mucho, criticar un rato a Cercas y luego reconocerle que ha escrito un texto que no va a pasar inadvertido, aunque no es de lejos su mejor libro.

La sinopsis es sencillísima: desde el Vaticano encargan a Cercas que escriba un libro sobre el Papa. Para ello, tendrá acceso a algunos miembros de su equipo y podrá viajar con la expedición papal a Mongolia. El encargo es un marrón y una oportunidad. Lo primero que se te viene a la cabeza como lector es preguntarte qué hace Cercas, un ateo irredento, un anticlerical insobornable y un laicista convencido escribiendo un libro sobre el Papa y viajando con él a Mongolia, un país sin apenas adeptos a la causa católica. Pues no ha empezado el libro y ya responde a la pregunta, “Soy ateo. Soy anticlerical. Soy un laicista militante, un racionalista contumaz, un impío riguroso. Pero aquí me tienen, volando en dirección a Mongolia con el anciano vicario de Cristo en la Tierra, dispuesto a interrogarle sobre la resurrección de la carne y la vida eterna. Para eso me he embarcado en este avión: para preguntarle al papa Francisco si mi madre verá a mi padre más allá de la muerte, y para llevarle a mi madre su respuesta. He aquí un loco sin Dios persiguiendo al loco de Dios hasta el fin del mundo”. Cuando le ofrecieron escribir un libro sobre el Papa, Cercas pensó “si escribía un libro sobre el papa, estaba obligado a escribir un libro distinto, tan extravagante como fuera posible, una mezcla de crónica y ensayo y biografía y autobiografía, un experimento friki, un cajón de sastre, a ser posible un banquete con muchos platos, una locura solidaria con la demencia del loco de Dios, un experimento alegre y chiflado, un batiburrillo de géneros en cuyo corazón centellearan, como pedazos ardientes de lava en un cráter activo, la resurrección de la carne y la vida eterna”. Y no solo un libro sobre el loco de Dios, “sino también un libro sobre el loco sin Dios y que (…) podía o debía ser también una búsqueda, una especie de thriller, una persecución, porque iba a tratar sobre un loco que persigue a otro loco hasta el fin del mundo para preguntarle por la resurrección de la carne y la vida eterna”. Y este es el punto ciego de Cercas, ese que acuño en un interesantísimo ensayo. Esta conversación con Francisco sobre la vida eterna (Cercas no pasará más de cinco minutos con el Papa), sobre esa promesa que le hizo a su madre de que le preguntaría al Papa si se iba a volver a encontrar con su marido en el cielo. Sin embargo, las conclusiones que pueda sacar Cercas y la respuesta que le dé Francisco a la pregunta que motiva su libro quizás sean lo de menos. El acierto de Cercas está en buscar a Francisco y a Bergoglio en la misma sustancia, si es que lo son, “me pregunto quién es de verdad Francisco, o más bien quién es de verdad Bergoglio, me pregunto si Francisco y Bergoglio son la misma persona, o si Francisco es simplemente un personaje interpretado por Bergoglio como un actor interpreta un papel en un escenario, me pregunto quién es la persona que se esconde bajo el personaje, la cara que se oculta bajo la máscara, me pregunto quién es el Bergoglio auténtico, cuál es el secreto que oculta el papa Francisco, si es que oculta algún secreto”. Este retrato del hombre, del religioso, del líder espiritual y político, es un acierto y una de las virtudes del libro. Me reservo los análisis de Cercas para comentarlos con quien haya leído el libro, aunque la condición de anticlerical del Papa ya haya trascendido a la prensa (entre otras cosas porque Cercas la destaca en todas las entrevistas que ha dado).

Y para llegar a los secretos de Francisco, Cercas tiene que acercarse a través de otras voces, quizás algunas de las más autorizadas. Las conversaciones con los soldados de Bergoglio, con su equipo, son altamente recomendables. Especialmente las que mantiene con Fazzini, Spadaro, Brunelli y Tucho Fernández (El Gran Inquisidor de Bergoglio, en sintonía con el Gran Inquisidor de Dostoievski y los ecos de Torquemada). Son conversaciones donde Cercas, escritor culto y con la cabeza muy bien amueblada, traslada las preguntas y las inquietudes que cualquier mortal podría tener sobre la estructura de la Iglesia, sus fundamentos, sus incoherencias y su futuro. A veces excesivamente preguntón, a ratos repetitivo (el discurso dentro de la curia es prácticamente monolítico y algo condescendiente con el escritor, accediendo y reconociendo algunos postulados quién sabe si por elegancia conversacional o por pura estrategia discursiva para, a continuación, colar algún sermón”) y, en ocasiones, seguramente excesivamente extensas para un lector que parece que está leyendo el estribillo de la canción continuamente. De todas estas conversaciones me gustaría destacar aquí dos detalles. Por un lado, el concepto de periferia que utiliza Francisco y que está muy bien explicado por Cercas al inicio del libro. Por otro lado, la idea del celibato como dedicación plena a los demás, sin otra lectura posible. En la conversación con Spadaro (de las mejores del libro, como ya he dicho), el teólogo jesuita explica que “una persona no casada siempre está disponible, puede entregarse por entero a la comunidad, puede consagrarse del todo a ella, mientras que una persona casada no: tiene otras obligaciones, tiene una mujer, hijos, debe dedicarse también a ellos”. Toma ya. Ahora me explico muchas cosas de la vida universitaria. Yo que pertenezco a una universidad “nacida” en una capilla de una catedral (no dejéis de visitar la Capilla de Santa Bárbara, en la Catedral Vieja de Salamanca), tengo la sensación de que aún hoy se nos exige -sin exigirlo, como se hacen las cosas en la universidad- el celibato a los docentes e investigadores.

Tras la lectura vienen las interpretaciones. A mi juicio, reconociéndole todas las virtudes que tiene Cercas, creo que el libro es un poco flojete. Brilla más Cercas que el libro. Y además, la lectura política. Cercas puede verse como un meapilas agradecido por la oportunidad de tocar el poder y el cielo. En una magnífica conversación con Jordi Gracia, a la postre amigo de Cercas, en El País, Gracia le advierte de que le van a crucificar desde “la izquierda, la derecha, el ultracentro pluscuamperfecto y la democracia cristiana en toda su gama de matices” y Cercas responde, “es que de eso se trata: de que un loco sin Dios como yo, nietzscheano, ateo y anticlerical, intente entender la Iglesia con la excusa de entender lo que mueve a irse al fin del mundo, con 87 años, al loco de Dios por excelencia, a Bergoglio (…) Y sobre todo se trata de intentar entenderlo mediante una novela sin ficción, al modo de Anatomía de un instante o El impostor, con sus personajes reales, su estructura, su textura y su tensión novelescas, su ambición formal y su enigma realísimo en el corazón de la trama”. Puede ser. Quizás la lectura política sea innecesaria o forzada, pero es indiscutible que Cercas ha perdido (o la ha buscado) la oportunidad de poner contra las cuerdas de la sensatez del siglo XXI a una institución anquilosada en prácticas de, en el mejor de los casos, más de cien años cuando no directamente miles.

Sea como fuere, recomiendo su lectura. Porque los libros están para plantear preguntas, intentar responderlas y luego procurar dar una respuesta propia a partir de la lectura y del posicionamiento y el discurso del autor o de sus protagonistas. Y esto Cercas lo consigue. Leamos el libro y debatamos sobre sus planteamientos. Es lo que, seguramente, buscaba el Vaticano, es a lo que nos invita Cercas y es nuestro deber como lectores y lectoras. Es un libro que se termina de leer en comunidad, sin necesidad de evangelizar a nadie, pero escuchar al diferente, incluso al disidente es muy sano y mucho más si hay un libro de por medio.

¡Nos vemos en la próxima reseña!

2 comentarios sobre “Reseña de El loco de Dios en el fin del mundo de Javier Cercas

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  1. Parezco disco rallado pero me parece muy interesante todo lo que lees y me gusta tu defensa de este libro que como dices, no es por ser un libro excepcional si no por lo bien que se sitúa en la conversación de nuestro presente.

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