Reseña de Noches Blancas de Fiódor Dostoievski

Una pequeña dosis de la genialidad del ruso

La semana pasada ya advertí que insistiría con la colección de cuentos ilustrados de Nórdica. Hoy os traigo Noches blancas, un relato de Fiódor Dostoievski, publicado originalmente en 1848, y que ahora Nórdica nos lo presenta en su colección con ilustraciones de Nicolai Troshinsky y la premiada traducción de Marta Sánchez-Nieves. El título hace referencia a un fenómeno natural que tiene lugar durante el solsticio de verano en altas latitudes como la de San Petersburgo, donde las puestas de sol son tardías y los amaneceres más tempranos. Como consecuencia de esto, la oscuridad nunca es completa.

En una de esas noches blancas, un joven solitario e introvertido narra cómo conoce de forma accidental a Nástenka, una muchacha a la orilla del canal. Tras el primer encuentro, la pareja de desconocidos se citará las tres noches siguientes, noches en las que ella relatará su triste historia y en las que harán acto de presencia, de forma sutil y envolvente, las grandes pasiones que mueven al ser humano: el amor, la ilusión, la esperanza, el desamor, el desengaño. El título también tiene su metáfora aplicada a la historia, pues el protagonista a lo largo de estas noches cree haber encontrado por fin el alivio tan esperado a su soledad, lo cual después de la última noche se convierte en un triste amanecer con la culminación de su ilusión. El cuento está escrito en primera persona por el protagonista, el arquetipo del joven soñador y solitario e imagina constantemente su vejez ermitaña.

Aun siendo un relato considerado menor, pues como señala Federico Pavlovsky “Noches blancas suele pasar desapercibida por los estudios que comentan esta etapa de la literatura rusa, y en su momento apenas fue considerada por la crítica”, fue un relato bien recibido por la crítica y se trata del primer cuento tras su deportación a Siberia. Por su parte, mayor estudioso en la obra del autor, Joseph Frank, sostiene que en Noches Blancaslos lectores pueden encontrar indicios de conflictos que estallarán en toda su dimensión y complejidad en las obras venideras. Rastros de la transformación del soñador en aquellos grandes personajes, que despertarán la ambivalencia del lector, entre la fascinación, el horror y la piedad”. ¡Vamos!, no creo que haga falta decir más para animaros a leer al que para Zweig era “el mejor conocedor del alma humana de todos los tiempos”, pero si así fuera, os diré que las ilustraciones de Troshinsky son para enmarcar, qué maravilla de dibujos, qué bien capta la soledad, qué bien retrata las calles de San Petesburgo, qué bien ilumina las escenas… están muy chulos. Un ejemplo más, del buen trabajo editorial que hace Nórdica.

¡Nos vemos en la próxima reseña!

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