Reseña de Dime una adivinanza de Tillie Olsen

Los momentos en la vida de los libros y la belleza de la literatura de Olsen

Hay varios momentos en la vida de los libros. El primero trascurre en la librería, cuando lo ojeas y lo compras. El segundo durante su lectura. Hay un tercer momento que tiene lugar al hablar o escribir sobre él. En este caso, detrás de esos momentos hay una historia personal que a veces duele. Dime una adivinanza de Tillie Olsen, ahora recuperado por Las afueras con prólogo de Jane Lazarre, ha sido más importante para mí ahora que os hablo de él que cuando lo leí. Enseguida os cuento por qué.

Los relatos que componen Dime una adivinanza están protagonizados por los miembros de una misma familia. Cada uno de ellos brilla con luz propia, aunque creo que el que da título al libro sobresale sobre el resto. En el primero, una madre da cuenta de la relación con su hija y se lamenta por la falta de recursos que los acompañó siempre. El segundo se centra en el marino alcohólico que echa su vida a perder mientras una familia decide acogerlo. El tercero, quizás el más flojo a mi juicio, se centra en la pérdida de una amistad motivada por el apartheid que oscureció Estados Unidos. El cuarto, narra la relación de una pareja de ancianos donde uno está cerca de la muerte. Este me ha marcado para siempre. Y es que las historias de gente mayor me conmueven, quizás el mejor ejemplo sea cinematográfico y lo encontré en una de las obras maestras de Haneke: Amor.

Tal y como señala Jane Lazarre en el prólogo, Tillie Olsen lucha por la justicia social a través de su literatura, “Tillie Olsen escribe toda su obra desde ese campo de batalla, peleando contra la injusticia con historias de brillante y agua perspicacia, excavando en las capas más profundas del lenguaje. Las pausas e interrupciones, tan características de su obra, sugieren hondas brechas y escarpados descensos hacia pensamientos y sentimientos vislumbrados e intuidos, aun por nombrar”. Es mucho lo que cuenta, pero es mucho mejor lo que sugiere. Es mucho lo que abarca, pero es más profundo lo que explora. Es mucho lo que expresa, pero es más ambicioso lo que persigue. Olsen demuestra una capacidad altísima de narrar, explorar, sugerir, o reivindicar a partir de la posición de unos personajes bien tratados en unos escenarios muy acertados. El ser humano, como decía Ortega, está condicionado por sus circunstancias, y Olsen hace hincapié en esas circunstancias para dibujar unos “yo” inolvidables.

El inicio de Dime una adivinanza, el cuarto relato, roza la perfección, “llevaban casados cuarenta y siete años. Nadie podía decir cuán profundas se hundían las tercas y retorcidas raíces de la disputa. Solo ahora, cuando las necesidades de los demás ya no los mantenían encadenados el uno al otro, las raíces se volvían visibles, para quebrar la tierra entre ellos y, en su desgarro, sacudir a los hijos, crecidos hace tiempo”. Este relato es el que marca esa sensación que os contaba al principio. Cuando lo leí me gustó, pero tras el fallecimiento de mi padre (te quiero, papá), este relato ha tomado otro sentido y ahora al escribirlo no puedo por menos que emocionarme. Especialmente en dos momentos, el primero de ellos representa la paciencia del acompañante y la vulnerabilidad del enfermo, “Una vez, cuando él trataba de darle una pastilla, ella le dio un manotazo para apartarlo y tiró los botes de la mesilla diciendo: ¡No quiero pastillas, déjame sentir lo que siento!” Y se echó a reír mientras él los recogía a gatas por el suelo. De noche, la mano de ella se deslizaba por la cama hasta estrechar la de él”. Qué bien lo escribe Olsen. El segundo momento está protagonizado por los hijos de la madre que tras su muerte quieren seguir hablando con ella y ya no pueden… “Demasiado tarde para preguntar, “Qué has aprendido de la vida, madre, y qué necesitamos saber?””. Tal cual. Así lo he vivido yo también. No sé qué necesito saber de la vida, papá. No sé qué me queda por aprender. Y ya no estás aquí para ayudarme a responder todas las preguntas que tengo.

Así que, sí, cada libro tiene diferentes momentos y para mí, Dime una adivinanza ha sufrido una transformación desde su lectura hasta su reseña. Ojalá a vosotros y a vosotras también os pase. Ojalá los libros tengan diferentes vidas dentro de vosotros y de vosotras. Ojalá las personas, como los libros, no mueran.

¡Nos vemos en la próxima reseña!

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