Reseña de Hotel Silencio de Audur Ava Olagsdottir

Una novela sencilla sobre el poder sanador de la comunidad

Llego a Hotel Silencio sin mucho convencimiento, llevaba tiempo en mi estantería de pendientes sin llamar mi atención. Creo que llegó a ella gracias a Bookish, pero ahora mismo no estoy seguro. Sea como fuere, su estancia en mi estantería ya se alargaba demasiado. No conocía a la autora y, tras la lectura de Hotel Silencio, le seguiré la pista a esta islandesa de nombre imposible, profesora de arte y con un prestigio literario en alza. Tiene otro libro del que he leído buenas reseñas, Rosa Cándida, ganadora del Premio Islandés de Literatura y del Premio de Literatura del Consejo Nórdico. Le echaré un ojo en cuanto lo encuentre por mis librerías de referencia. Ahora hablemos de Hotel Silencio.

Jonás es un alma atormentada sin consuelo posible: su mujer lo ha abandonado, la demencia de su madre avanza inevitablemente y acaba de descubrir que su hija no es su hija biológica: “Ninfea no es hija tuya. Me parecía bien que lo supieras, puesto que nos estamos divorciando –y añade–: Nunca había conocido a un chico que hablara del dolor y la muerte en su primera cita. Cuando te oí decir que todos nos vamos a morir, me pareció algo sobre lo que poder construir una vida En ese momento decidí que Ninfea sería tuya”. Su mundo se hace trizas y él decide acabar con su vida. La idea del suicidio le seduce, pero no quiere dejar ningún marrón a nadie así que decide que el mejor lugar para desaparecer es un país devastado por la guerra. Jonás se embarca en un viaje a lo que podría ser Siria (pero el libro no lo ubica y no es importante). En su maleta solo lleva una muda y su taladro. Sí, un taladro, porque Jonás es un manitas, siempre se le ha dado bien arreglar chapuzas: “Así alcanzamos el punto medio: yo le aportaba sufrimiento, ella me asignaba tareas”. Aterriza en mitad de una tregua del conflicto armado y se hospeda en el Hotel Silencio. Su determinación es fuerte, quiere acabar con su vida, pero la decisión la va retrasando, los desperfectos en el hotel comienzan a requerir sus atenciones, los huéspedes reclaman sus habilidades y cuando los habitantes de la ciudad se enteran de la existencia de un manitas en mitad de una ciudad en llamas también recurrirán a sus servicios. Y su decisión se va debilitando gracias a la labor inconsciente de las personas que lo rodean: “no le puedo decir a esta joven que ha pasado tantas penas por sobrevivir junto a su hijo y su hermano pequeño bajo un aluvión de bombas (…) que he recorrido todo este camino para quitarme la vida; no puedo explicarles a estas personas que he venido con una caja de herramientas para clavar un gancho, que para mí llevar un taladro es como para otros llevar un cepillo de dientes; no le puedo decir a May –después de todo lo que ha pasado– que a ella y a su hermano les va a tocar descolgar mi cuerpo. Ante el paisaje de ruinas y polvo que se extiende al otro lado de la ventana, mi infelicidad parece, cuando menos, una estupidez”. Y ahí reside la belleza del libro, en el poder sanador de la comunidad, en la ayuda y la cooperación, en la relatividad de los problemas, en la capacidad de resiliencia de las personas. Muchas veces tus problemas parecen ingobernables y te quieres dar por vencido, pero viajas un poco y te das cuenta de que tus problemas son coyunturales, que siempre hay alguien más jodido que tú y que la salida no está en la dirección suicida sino en la de ayudar a los demás.

La novela es sencilla, corta, ágil, cargada de referencias literarias y con un sentido del humor muy particular. Reconozco que me lo he pasado muy bien. La autora tiene la habilidad de abordar pensamientos oscuros con precisión al mismo tiempo que arroja verdades sorprendentes y profundamente darwinianas sobre la naturaleza humana. La propuesta de esperanza y optimismo cada día es más necesaria (la próxima reseña será Los hermanos Karamazov y ahí no hay esperanza alguna así que menos mal que leí Hotel Silencio antes). Acercaos a esta propuesta literaria sencilla y cargada de buenas vibraciones. Dejaos sorprender por Ava Olagsdottir.

¡Nos vemos en la próxima reseña!

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