Reseña de Los sueños de Einstein de Alan Lightman

Una lectura intelectualmente seductora y provocativa sobre el tiempo

El tiempo es un tema recurrente en la Literatura. Quizás Proust y Mann hayan sido quienes más alto han llegado (en general, y en particular con esta dimensión). Ahora debemos darle las gracias a Libros del Asteroide por reeditar Los sueños de Einsten, esta pequeña joya atemporal (nunca mejor dicho) de Alan Lightman.

En esta particular novela, Lightman nos sitúa en la ciudad suiza de Berna en 1905 con un joven Albert Einstein trabajando en la ya archifamosa oficina de patentes. Ese mismo año Einstein publicaría su “teoría de la relatividad especial” (no será hasta 1915 cuando publique su “teoría de la relatividad general”), y la historia de Lightman se sitúa en los momentos previos a esa publicación, cuando Albert Einstein esbozaba una nueva concepción del tiempo y del espacio. Lightman imagina a un Einstein obsesionado con el tiempo hasta tal punto que todas las noches sueña con mundos en los que el tiempo se rige de maneras diferentes. En un mundo “la textura del tiempo resulta ser pegajosa. (…) La tragedia de este mundo es que todas las personas atrapadas en el tiempo se quedan atrapadas en soledad”. En otro mundo, “el tiempo está detenido. (…) Cuando un viajero se aproxima a ese lugar desde cualquier dirección, se mueve cada vez más lentamente (…) hasta que llega al centro exacto y se detiene. Ese es el centro del tiempo. (…) ¿Quién querría hacer una peregrinación hasta el centro del tiempo? Los padres con sus hijos, los amantes. (…) Hay quien dice que es mejor no acercarse al centro del tiempo. La vida es una copa de tristeza, pero es noble vivir, y sin tiempo, no hay vida. Hay quien disiente. Prefieren una eternidad de alegrúa, no les importa que esté fija e inmóvil, como una mariposa en un estuche”. Cada mundo imaginado por Lightman es un reto para el lector, una oportunidad de transportarse a esas realidades imaginadas y una disyuntiva filosófica muy motivante. Un tercer mundo destacable es aquel en el que “cambian los planes, de oportunidades súbitas, de visiones inesperadas. En este mundo, el tiempo no transcurre de manera uniforme, sino intermitente y, debido a esta razón, la gente tiene visiones súbitas del futuro. (…) ¿qué sentido tiene continuar en el presente cuando uno ha visto el futuro?”. O el mundo en el que “la gente viviera un solo día (…) los hombres y las mujeres solo ven un amanecer y una puesta de sol. (…). Cuando llegan a la vejez, tanto si es a plena luz como de noche, las personas descubren que no conocen a nadie. No han tenido tiempo”. Otro mundo impactante es aquel mundo “en el que el tiempo es un sentido como la vista o el gusto, una secuencia de episodios puede ser rápida o lenta, tenue o intensa, salada o dulce, causal o sin causa, ordenada o aleatoria, dependiendo de la historia previa de quien la contempla. Los filósofos (…) discuten sobre si el tiempo existe realmente fuera de la percepción humana. ¿Quién puede asegurar si un suceso es rápido o lento?”. Cada mundo es una ventana abierta a la imaginación. Sin duda el mejor de todos es aquel mundo en el que “las personas viven eternamente. Resulta extraño, la población de las ciudades se divide en dos tipos: los Luego y los Ahora. Los Luego afirman que no hay prisa para empezar las clases en la universidad, para aprender un segundo idioma, leer a Voltaire o a Newton, ascender en el trabajo, enamorarse, formar una familia. Para todas esas cosas hay un margen de tiempo infinito. (…) Los Ahora afirman que con sus vidas infinitas pueden hacer todo lo imaginable. Pueden tener un infinito número de carreras, casarse un número infinito de veces, pueden cambiar de orientación política siempre que quieran. Una sola persona puede ser abogado, albañil, escritor, contable, pintor, médico, granjero. Los ahora siempre están leyendo nuevos libros, estudiando nuevos negocios, aprendiendo nuevos idiomas (…) Los Ahora son fáciles de identificar. Son los dueños de los cafés, los profesores de universidad, los doctores y enfermeras, los políticos, la gente que no para de agitar la pierna cuando se sienta. Se desplazar a lo largo de toda una sucesión de vidas, deseosos de no perderse nada”. Joder. Me vuelve loco.

Todo el libro es así. Cada sueño de Einstein es una ocasión para viajar a lugares desconocidos, algunos imposibles, otros preocupantemente reales, algunos deseables, otros detestables, algunos divertidos, otros aterradores. Pero no hay uno que te deje indiferente. Lightman consigue transportarnos a todos los sueños de Einstein, a todos los mundos imaginados a la vez que nos plantea continuamente cuestiones vitales a las que deberíamos hacer frente como personas y como sociedad. Escrito maravillosamente bien, con una sencillez abrumadora, nos provoca, nos sugestiona y nos obliga a posicionarnos, a tomar partido. Como en el Tiempo Cero de Italo Calvino, Ligthman utiliza la ciencia y las diferentes modulaciones temporales para generar debates de alto contenido social y político. Una delicia. Un derroche de imaginación que no deberíamos pasar por alto. Una lectura intelectualmente sugestiva y tozudamente actual.

 

¡Nos vemos en la próxima reseña!

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