Reseña de Crudo de Olivia Laing

Un diagnóstico preciso de la sociedad actual con sus miedos y sus miserias

 

Si todo el mundo habla de un libro, algo tiene. A veces es un producto editorial (aquí ya hemos reseñado en otras ocasiones de algunos de ellos, , no sin recibir críticas por ello) y otras es un buen libro. Con Crudo nos situamos en el segundo grupo. Crudo de Olivia Laing es un buen libro. ¿Qué tiene de especial? El estilo, el tono, el tempo y la frescura. Olivia Laing se saca de la chistera una versión contemporánea de Kathy Acker, una escritora feminista, punk, a la que le encantaba hablar de sexo explícito, contracultura y nihilismo. Le funciona de maravilla una protagonista con estas características en un momento como el actual donde personajes como Trump, Kim Jong-un o Nigel Farage enfangan la actualidad política y social. Y con esto ya os podéis imaginar de qué trata el libro. De cómo percibe el mundo una persona de sus características: “Año 2017, fuego y fascismo, nunca lo olvidaría, la primera temporada de su matrimonio, despertando tan tarde a la vida adulta, justo cuando el mundo cerraba el tenderete“. Eso sí, todo ello contextualizado en un próximo y reciente matrimonio donde Kathy tiene que dejar de lado su pasado excéntrico y caótico para entregarse al compromiso y la previsibilidad del amor romántico: “aquel día, 3 de septiembre de 2017, le pareció que solo podía querer paz. (…) Dejar que las cosas sigan su curso, nada más. No te mueras. Dame tiempo para aprender que el amor va más allá de mí“. Y es que el reciente matrimonio le generará muchos pensamientos encontrados, “Kathy siempre había dicho que quería una casa, pero en realidad tenía una obsesión, una auténtica adicción, a dividir su vida entre dos espacios, no podía evitarlo, así estaba construida ella. Un ave migratoria, obligada a volar entre ciudad y ciudad, arrastrando una maleta de ruedas, echando siempre de menos algún aparato indispensable, un cargador, una chaqueta, un paraguas, una bufanda“. ¿Quién no ha sentido que la proyección que hacía de una vida propia cada vez se aleja más de su insulsa realidad? A Kathy también le pasa, “Había decidido vender su piso, una supuesta inversión, otra vez. Había decidido comprarse uno nuevo, otra vez. Quería un perro (…), quería un abrigo nuevo, una silueta nueva, nuevos alicientes. Pies que fueran a alguna parte, el buen dormir de los exhaustos. Le asqueaba su propia indolencia, tenía un dolor de garganta perpetuo, Kathy nunca dejaba de agitarse pensando en el futuro“. Y ahora ese futuro se disuelve en un presente que parece una distopía de sí misma.

La duda permanente, la inseguridad descontrolada, el abismo sentimental, el precipicio axiológico, son los temas de la novela. Todo ello aderezado de altas y descontroladas dosis de humor y vértigo existencial, “Kathy cayó en la desesperación, no solo por su vida, sino también por todas las criaturas hermosas del planeta, humanos incluidos, y por lo sinceramente bonita que podía ser la vida“. Para salir de todo este embrollo psicológico en el que se haya metida, Kathy escribe. Kathy es escritora (ya lo sabíamos, su “otra yo” ya lo era a mediados de los noventa), porque “escribiendo puede ser cualquiera. En la página el yo se disuelve, se vuelve amorfo, prolifera sin control. Kathy adopta máscaras cada vez más absurdas, afloja el nudo de su despreciable identidad. (…) Yo, que habría sido y aún me gustaría ser pirata, no puedo. Yo, que vivo en mi mente que es mi imaginación como tantas cosas distintas -nómada, aventurera, luchadora, comandante en jefe de las Fuerzas Armadas-, no soy nada en estos tiempos. La pena colma sus palabras. No puede atajarlas, escribe sobre carne podrida y violaciones, aguas negras, escribe sobre madres, padres y niñas pequeñas, escribe: Golpeo mi cabeza mi cabeza contra una pared“.

Está bien, ya os lo dije al principio. Es un buen libro. Ágil, disperso, incluso caótico, pero mantiene el pulso muy bien a la actualidad. Como dicta la contraportada, “Laing logra capturar el estado de sobreexcitación, neurosis e incertidumbre que rige en Occidente“. Y es así. El libro, más allá de la historia, es un diagnóstico acertado de los problemas del siglo XXI: la inmediatez, la falta de seriedad y de compromiso, el miedo, la aversión al cambio, el “virgencita, que me quede como estoy”. Una sociedad apaleada a noticias, acontecimientos y decisiones que se toman sin mirarla a los ojos. Una sociedad a la que solo le queda la duda, la incertidumbre y la tensa calma, el agazaparse a que pase la tormenta y salgamos de la cueva con la luz de un nuevo día. Un nuevo día que no va a llegar si no lo provocamos. Una provocación que no llega porque nos han generado miedos y dudas sobre nuestras capacidades. Ahí está Kathy y ahí estamos todos. Leamos para salir del aletargamiento. Leamos (a Olivia Laing) y después intentemos vencer los miedos que nos han inducido. A eso nos invita este libro.

¡Nos vemos en la próxima reseña!

 

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