Reseña de Cárdeno adorno de Katharina Winkler

Un libro sobre la violencia contra las mujeres, un puñetazo en el estómago que no te dejará respirar

 

Me habréis oído decir que me gustan los libros que me dejan rasguños. Pero es que este libro me ha dejado un cardenal. Estoy igual que la protagonista. Este libro me ha maltratado continuamente, en cada página. Cárdeno adorno es la violencia hecha literatura. Creo que no he leído nada tan explícito y tan dañino (igual es porque hace mucho que leí El señor de las moscas). Katharina Winkler ha escrito una novela fundamental. Perdonadme el atrevimiento, pero creo que hay pocos libros como este. Pocos libros en los que el centro de la historia sea la violencia de género explícita, dolorosa, humillante y desgarradora.

Cárdeno adorno cuenta la historia de Filiz, una pequeña niña turca nacida en una familia numerosa. El maltrato, primero de su padre, ha sido una constante tanto en su vida como en las de las mujeres que le rodean: “hay mujeres cuyo cárdeno adorno nadie conoce, mujeres que lo esconden bajo largas vestimentas, bajo el paño; por lo general son muchachas cárdenas, como Elif y Selin, que todavía llevan su cárdeno inseguras, como un primer pintalabios. El cárdeno adorno de las mujeres lleva la caligrafía de los hombres. La herramienta, madera o hierro, y la cantidad de los golpes determinan el matiz del cárdeno”. Winkler acompaña a Filiz en su trayectoria y va describiendo sus miedos (de joven Filiz tendrá miedo a la oscuridad “porque la oscuridad preña”). En su juventud conoce a Yunus, un chico que le gusta, se enamora de él y este la acepta (sí, jode, pero es así, “la acepta”). Se traslada a vivir con él esperando que alejarse de su padre sea una buena idea para dejar de alimentar su cárdeno adorno. Pero no solo no mejora su situación, sino que empeora. Ahora soporta humillaciones de la madre de su pareja (la llama “la araña”) y de Yunus. La dureza de la historia va in crecendo. Empieza por pequeñas humillaciones que Filiz se toma con cierto humor, “es viernes. Hace una semana que nos casamos. Acabo de fregar el suelo de la cocina. Yunus está acostado en el sofá y me llama, corro hacia él. ¡Camisa limpia! Voy y le traigo una camisa limpia de la alcoba, la pongo en el sofá, al lado de Yunus. Señala los botones en su pecho, los abro, le quito la camisa vieja y le pongo la nueva, la abotono. ¡Chaqueta! ¡Zapatos! Río por lo bajo, Yunus, ¡tienes dieciocho años y no ochenta!”. A medida que va viviendo en su nueva casa bajo las órdenes de la madre de Yunus y los desprecios de este, Filiz va asumiendo ciertos comportamientos que se esperan de ella, “no debo reír, no debo abrir los labios que evocan los labios de mi vulva, que son propiedad de Yunus, como lo son los de mi boca. (…) Cualquier fantasía sobre mí pertenece a Yunus”. Cuando consiguen salir de la casa de la araña, Filiz espera que la situación cambie, ya tienen varios hijos y esta salida puede ser una oportunidad para todos (también para que los hijos dejen de llamar “mamá” a la araña, cuando Filiz es su verdadera madre, una forma más de humillar a nuestra protagonista). Y durante un tiempo es así, pero el desprecio de Yunus no afloja. Filiz empieza a echar de menos las relaciones sexuales con él (a pesar de que son continuas violaciones) y un día se acerca a la habitación de él (ahora no duermen juntos) y se insinúa a su marido, pero este lo desprecia, “me levanto, cojo mi ropa, me largo como un perro sarnoso. Anhelo sus golpes”. Guau. Este libro es un puñetazo en la nariz que no deja de sangrarte, la nariz y el alma.

No voy a traeros las descripciones de las palizas, que las hay y muy explícitas. Quiero deciros que es un libro sobre la resiliencia, sobre las mujeres que no se rinden y que luchan hasta el final. Filiz está humillada, achantada, acobardada, anulada, pero empezará a darse cuenta de que tiene que luchar y que su lucha tiene que ser silenciosa. Por ella y por sus hijos. Hay un pasaje hacia el final del libro que no quiero dejar pasar. Yunus, Filiz y sus tres hijos, se trasladan a vivir a Austria porque Yunus encuentra trabajo allí. Mientras Filiz aguanta las palizas y las humillaciones de Yunus (ahora tiene un amante), las personas del barrio intentan ayudar a Filiz, pero no es fácil. Su casera, una señora mayor entrañable, consciente de la situación intenta que Filiz tenga algo de dinero prescindiendo de parte del alquiler, pero Filiz tendrá que hacer sus cuentas… “cuando le pago a la abuela los dos mil quinientos chelines del alquiler, a veces me devuelve quinientos. Para mí y los niños. (…) Si Yunus se da cuenta, coge el dinero. Me vuelvo más lista y practico la mentira, miento cada vez mejor, miento en el espejo, miento a los niños para ejercitarme, miento sin que se me acelere el pulso, sin ponerme colorada, con mirada franca y párpados que no tiemblan. Tengo billetes entre las bayetas. Y monedas, oro y plata. Con el dinero pago las facturas de la escuela y la guardería, compro calma y paz, rescato a los niños de los golpes y, si me sobra, también a mí. Calculo exactamente. Siempre retengo algunas monedas. Mejor unos cuantos golpes para Selin [uno de sus hijos] y tener, a cambio, reservas para la catástrofe. En la cabeza llevo la contabilidad de las entradas y las salidas, la paz comprada, los golpes frustrados y los ejecutados. Cuántos golpes a mí equivalen a un golpe para los niños, cuántos golpes equivalen a cuántas penetraciones, cuánto cuesta la prevención de un golpe y cuánto la prevención de una penetración”.

Cuando crees que la situación no puede empeorar… lo hace. El libro creo que recrea con fidelidad las situaciones a las que tienen que hacer frente las mujeres maltratadas, ese laberinto de golpes y esperanzas vanas, en el que están solas e indefensas: “soy huérfana de voz, y de color, y de tiempo, los niños me importan tan poco como las rosas y las ciruelas maduras del jardín y el zumbido de la radio. Estoy sentada en el jardín, ha comenzado a llover, pero no lo siento”.

El entorno de Filiz intenta ayudarla, una enfermera descubre su cárdeno adorno y quiere que denuncie, finalmente lo hará el médico, y la situación mejorará un tiempo, pero Yunus interviene y les aleja del barrio. Claro, esto no le traerá más que problemas y golpes de Yunus quien exigirá a Filiz que se comporte mientras mantienen “relaciones sexuales” (son violaciones en toda regla), “Golpe. A golpe. Golpes lloviendo del techo. Golpes cayendo de las paredes. Golpes saliendo de los resquicios del suelo. Golpe. A golpe. Golpe. A golpe. Me matas a golpes, pero no me llegas”. Por dentro Filiz ya está liberada y en esa liberación interior ella susurra “quieres mi vida, Yunus, pero eres mi verdugo”.

Es un libro para leer cogiendo aire. Saldrán golpes del libro. Sangrarás mientras lo lees. Aguantarás la respiración y te sentirás humillada y vejada continuamente en un ejercicio de empatía con la protagonista. Es un libro para leer. En nuestra sociedad cada vez somos más conscientes de estas situaciones, pero desde un punto de vista mediático. Este libro se detiene en la cotidianidad de una mujer maltratada. Y esto no estamos tan acostumbrados a verlo. Tenemos películas y obras de teatro. Pero en los libros la digestión es más lenta y la herida más profunda. Quizás no haya imágenes fugaces de los golpes recibidos, ni caras de odio, ni de rabia, quizás no haya una música que intensifique la situación. Aquí estás tú sola delante de Yunus y de Filiz, eres testigo de sus moratones, de sus lágrimas, de sus impotencias y de sus constantes humillaciones. Te darán ganas de dejar de leer. De dosificarte las escenas. Pero piensa que Filiz no puede hacerlo. Intenta leerlo del tirón. Y si después de leerlo no vienes el 8 de marzo a la manifestación, es que eres un ser inhumano y despreciable. Eso sí, si vienes, trae el libro, será nuestra señal.

 

¡Nos vemos en la próxima reseña!

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