La vida de un padre vista por uno de sus hijos

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Si mi primer “Mairal” me gustó (“La uruguaya” editado por Libros del Asteroide) este me ha rechiflado. Una novela sencilla de una profundidad inmensa. La historia se cuenta desde la mirada de Miguel, uno de los hijos de Juan Salvatierra, un pescador argentino que al quedarse mudo decide ponerse a pintar y llega a crear el cuadro más largo del mundo. Rollos y rollos de tela donde se cuenta la vida vista por Salvatierra. Y su hijo, una vez que muere su padre y tiene que volver a su pueblo natal, empieza a comprender el pasado de su padre y cómo este entendía el mundo.

“Si digo que mi padre tardó sesenta años en pintarlo, parece como si se hubiese impuesto la tarea de completar una obra gigante. Es más justo decir que lo pintó a lo largo de sesenta años”.

Es un relato fantástico, genial, íntimo, nostálgico, a veces duro y agrio (la parte de Estela es especialmente dura), a veces divertido, sobre la relación de un padre y su hijo. Además, Mairal dibuja perfectamente el cosmos de un pintor, detalla los tipos de formatos, las telas, las pinturas, los utensilios, la luz, la mirada, los colores… todo. Es encomiable esa labor de investigación que habrá tenido que hacer para trazar con tanta precisión el universo de un pintor. Pero volviendo a lo que a mi me parece importante. Me encantan las historias que tratan sobre miembros de una misma familia y cómo se percibe la misma relación desde diferentes prismas. De esta historia destaco dos aspectos.

Por una parte, la metáfora del río presente en todo el relato. El río como el paso de la vida. La vida como la entendía Jorge Manrique. La metáfora está un poco manida pero en esta obra funciona muy bien, como por ejemplo en este extracto:

“Si algo que había pintado no le gustaba, lo volvía a pintar más adelante con alguna variación, pero no lo corregía encima. Las cosas que estaban pintadas eran inalterables, como el pasado”.

Por otra parte, me conmueven los sentimientos del hijo cuando se ve retratado por su padre. Especialmente en dos momentos del texto. El primero cuando se va de casa para estudiar en la ciudad:

“Mi padre me había pintado así como me vio la mañana en que me acompañó a la estación con mamá (…) Me impresionó que Salvatierra pensara tanto en mí. Me impresionó verme a través de sus ojos, porque se notaba cuánto le había dolido que me fuera. Sentí que él me hablaba con su cuadro y que vencía el silencio enorme que había existido entre los dos. Ahora él me hablaba con el amor de su pintura y me decía cosas que nunca había podido decir”.

El segundo cuando retrata la separación del hijo de su mujer y su nieto.

“Me quedé abstraído, mirando. Poco después de ese retrato nos separamos con Silvia. ahí estaban los dos. Mi mujer y mi hijo (…). Sabía que Silvia tenía parte de la culpa, pero ahí estaba Salvatierra mostrándome lo que yo había perdido. Era difícil de mirar. Mi padre había logrado atrapar lo que a mí se me había escapado de las manos”.

Pero es que las reflexiones del protagonista (Miguel) sobre la vida de su padre (Salvatierra) y sobre la relación que tuvo con él, llegan hasta el final del libro cuando tiene un pensamiento que comparto. Dice Miguel,

“Nunca fui muy creyente, porque la idea de sumarme un padre espiritual al enorme padre biológico que ya tenía me parecía agobiante. (…) Uno ocupa esos lugares que los padres dejan en blanco. Salitrera ocupó ese margen alejado de las expectativas ganaderas de mi abuelo. Se adueñó de la representación, de la imagen. Yo me quedé con las palabras que la mudez de Salvatierra dejó de lado”.

En definitiva, una novelita corta, sencilla, bien trazada. Y no todo es nostalgia, también hay momentos para la acción, para la aventura y para la intriga. Creo que es bastante completa y no deja cabos sueltos. En poco más de 130 páginas te cuenta una historia de principio a fin, con todos los detalles que necesitas para acabarla con la sensación agradable de haber leído un buen libro.

Me gusta Mairal. Creo que estoy preparado para leer “Una noche con Sabrina Love”, su mayor éxito editorial. Pero por lo pronto voy a ponerme con uno más actual. Ya os enteraréis cuál es en la próxima entrada.

¡Espero vuestros comentarios!

 

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