Reseña de El patio maldito de Ivo Andric

De un nobel hay que leer hasta las listas de la compra

Desde hace algún tiempo intento no alejarme demasiado de la literatura balcánica, especialmente de aquella relacionada con las guerras sufridas a lo largo del siglo XX. En este blog se han reseñado libros de relatos, testimonios, novelas, comics… y aún me quedan pendientes muchos otros en las estanterías (procuro dosificar los temas para no saturar). La reseñan de dos de esos libros, Un puente sobre el Drina de Ivo Andric y La piedra permanece de Marc Casals, me trajeron un regalo inesperado. El autor del segundo libro me escribió (si me hubiera escrito Andric hubiera flipado muchísimo) porque había leído las dos reseñas y quería enviarme un libro de Andric traducido directamente del serbio original por él, se trataba del libro de relatos El patio maldito y lo editaba Xórdica. No me merezco la suerte que tengo con los libros, los autores, las editoriales y el universo literario digital que tenemos montado en Instagram y en el blog. Impresionante. Pero vayamos a lo mollar.  Andrić comenzó a escribir el relato que da nombre a este libro, El patio maldito, entre las dos guerras mundiales, pero no pudo publicarla hasta 1954, un año después de la muerte de Stalin, en un momento en que la literatura yugoslava ya había salido de los rígidos marcos del realismo socialista.

Por las páginas de este libro de relatos vemos desfilar a guerreros otomanos, maestros sufíes, oficiales austrohúngaros, incluso un siniestro alcaide que gobierna con mano de hierro un penal de pesadilla en Estambul, a orillas del Bósforo, al más puro estilo El expreso de medianoche (película asfixiante donde las haya). Pero ninguno de estos personajes es, a mi modo de leer el libro, central. Los protagonistas de estos relatos son frailes y monjes franciscanos (creo que fueron los únicos que estuvieron allí desde el siglo XIII). Al leer el libro, y desde el profundo desconocimiento de la vida y el pensamiento del autor, me surgía una duda. No sé si la elección de los ambientes y los personajes se debía a una mirada religiosa y conservadora de la realidad bosnia o a una oportunidad para trazar con ironía -y aceptando su rol cultural- el imaginario social sobre la religión y sus pecadillos veniales. Quizás Andric quería escribir sobre lo que la gente no ve, sobre lo que pasa en los monasterios o quizás le daba mucha importancia -porque la tenía- a la conversación entre musulmanes y católicos y al rol de la religión en la sociedad bosnia. Sea como fuera, le funciona muy bien. Desde ahí, desde la mirada de los frailes era fácil montar los relatos y darle la continuidad entre ellos, porque la gente habla con los frailes; hay un pasaje en El patio maldito que lo refleja muy bien: “hay que dejar a las personas que lo cuenten todo. Desde siempre, en todas partes y también en el aquel Patio Maldito, la gente se aproximaba de una manera espontánea a fray Petar, enseguida trababan conversación con él y no pasaba mucho tiempo hasta que le confesaban sus intimidades. Él aceptaba estas confidencias como algo natural, comprensible, y se limitaba a poner esmero en escuchar con atención”.

Si tuviera que destacar algunos relatos me quedaría por supuesto con El patio maldito (quizás más por la construcción que por la historia en sí), La sed (pensamientos de noche que tambalean nuestra estabilidad y al alba desaparecen) y El ensayo (divertido, bien escrito, sobre una cena entre frailes; De la cordialidad al éxtasis espoleados por un fray Serafín tocado por la barita del humor y la heterodoxia discursiva impropia en un religioso). Los que saben dicen que el relato de El puente sobre el Zepa es un antecedente tanto temático como formal Un puente sobre el Drina, pero yo -que no soy experto, pero he leído el libro y lo disfrutado muchísimo, no le veo que anticipe nada. Sea como fuera, leed ambos y sacad vosotros las conclusiones. Por mi parte, prometo no abandonar a Andric -de un nobel hay que leer hasta las listas de la compra- ni la literatura balcánica y seguiré sacando libros de las estanterías de pendientes. De hecho, próximamente os traeré la reseña de Historias de Bosnia de Joe Sacco, el segundo cómic del autor americano sobre el conflicto que sacudió Bosnia a mediados de los 90. ¡Estad atentos que se acaba el año y hay que hacer regalitos! Por cierto, este de Andric sería una excelente elección.

¡Nos vemos en la próxima reseña!

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