Reseña de Mañana matarán a Daniel de Aroa Moreno Durán

El presente conserva los ecos de los disparos del pasado

Hay autores que nos marcan por una escena, por un personaje, por un detalle… a mí esta autora me marcó para siempre con un final. Un final que me contagió el miedo. El final de La bajamar me trastorna. Y eso hace que quiera leer todo lo que escriba Aroa Moreno Durán. Hoy os traigo Mañana matarán a Daniel, su última novela, publicada por Random House este año. Es otra novela sobre el pasado, porque hay que desenredarlo para entender el presente y para pensarnos como sociedad. En este caso, Moreno no plantea una reflexión social, sino individual, que seguramente que se puedan elevar a la categoría de dilema moral, pero que no parece que sea la intención de la escritora, sino quizás su intención sea más reivindicativa. La autora toma el título de un poema que uno de los supervivientes de aquella época, Manuel Blanco Chivite, escribió a uno de los ejecutados, Xoxé Humberto Baena.  Y la aportación de Humberto Baena llega hasta el epílogo, pues se recoge el relato El reloj, que Xoxé Humberto Baena escribió en la cárcel de Carabanchel antes de que lo ejecutasen. Este libro me ha recordado a Una tumba en el aire de Adolfo García Ortega, que ya reseñamos aquí hace unos meses. Le reconozco a Moreno Durán la mayor profundidad reflexiva y analítica, y le agradezco alejarse del sentimentalismo de García Ortega. Vamos que me ha gustado mucho más el de la autora madrileña. Veamos por qué.

Mañana matarán a Daniel arranca poco antes de la muerte de Franco, en la madrugada del 27 de septiembre de 1975, cuando tres jóvenes fueron ejecutados en la sierra de Madrid. Daniel, Hidalgo y Pito -nombres en clave- habían sido detenidos y torturados por la policía, acusados de matar ese verano a un policía y a un guardia civil. La condena se impuso sin juicio legal y de forma precipitada, después de una farsa militar en la que no hubo pruebas ni posibilidad de defensa. Junto a otras dos ejecuciones, aquellos jóvenes fueron los últimos fusilados por el Régimen. Y también arranca en el presente, en el presente de 2020 en mitad de la pandemia, cuando Aroa Moreno Durán encuentra por casualidad, muy cerca de su casa, las huellas de aquellos asesinatos: en el monte donde tantas veces ha acampado de joven existe todavía el talud donde se llevaron a cabo las ejecuciones. ¿Cómo es posible que ella -interesada en la historia y en especial en la represión franquista- no supiera nada al respecto? ¿Cómo pudo este hecho quedar sepultado en las crónicas de nuestra historia más reciente? Estas son las preguntas que parecen motivar la novela, pero al lector le surgirán muchas otras. Es posible que al lector preconstitucional no, pero al lector postconstitucional seguro que sí, incluso puede haber lectores que no conociesen el FRAP (no es mi caso) o no supieran que en España hubo pena de muerte hasta dos meses antes de que muriera el dictador en una cama de hospital, “pero la dictadura murió en la calle” (y esta frase, con motivo del 50 aniversario de la muerte del dictador, la he oído mucho últimamente; quizás el testimonio de aquello lo ha dado Paquita Sauquillo en una reciente entrevista).

Os podéis imaginar que una novela de estas características exige a la autora una investigación profunda y nada agradable del episodio. Aroa Moreno Durán se basó en las cartas que escribieron y sus declaraciones que, como explica ella en una entrevista a eldiario.es, “también tienen algunos posos de verdad, por lo que me han contado las familias”, explica. “Es una decisión que me costó mucho tomar pero necesitaba ponerlos a andar, a sentir, a imaginarme cómo era la mirada de ellos”, agrega. Todo el rato me refiero al libro como una novela y habrá quién lo entienda más como una crónica periodística, pero creo que Moreno Durán se apunta al género de Cercas de esas ficciones –Cercas insiste en llamarlas novelas– que beben de fuentes históricas, periodísticas, testimonios reales, etc., y se construyen desde allí y hacia donde el escritor quiere. Hay un momento de la investigación que la escritora casi se rinde porque las fuentes de la dictadura no son fuentes fiables, “la verdad sostenida por unos y la verdad que ha sostenido la historia que tenemos, que es nada. Da igual lo que digan la lógica o los papeles, nadie debería fiarse del rastro escrito de una dictadura. Me digo a mí misma que el próximo libro será una ficción pura. Qué necesidad de pasar por estos malos tragos, a los que, sin embargo, asumo que tengo cierta adicción”. Sospecho que no se rendirá, que seguirá escribiendo sobre estos episodios y espero que no tenga guardados en la recámara más finales como el de La bajamar, porque puede acabar con mi estabilidad personal y familiar.

Por cierto, hoy mismo voy a ir corriendo a mi librería de referencia para pillar Castellio contra Calvino de Stefan Zweig. Me pirran los libros que me llevan a otros libros.

¡Nos vemos en la próxima reseña!

Un comentario sobre “Reseña de Mañana matarán a Daniel de Aroa Moreno Durán

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  1. Qué coincidencia, acabo de terminar una de las cuatro historias del único libro de Zweig que tengo, que se titula el relato Amok. Fue una buena lectura, y ya conozco a otra escritora digna de leerse. Con este título si me animaría, creo que me iré apuntando algunos de los libros que me han llamado la atención para este verano que tengo pensado ir a España, a ver si caen.

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