Reseña de Yo, precario de Javier López Menacho

Leamos este libro para leernos como sociedad

Estamos cerrando el año (¡feliz Nochebuena a todos y todas!) y yo no me resisto a apurar los días para compartir unos cuantos títulos más. Hoy os traigo Yo, precario de Javier López Menacho, editado por La Caja Books. La gente de esta editorial es amabilísima y mantenemos una colaboración bastante fluida de títulos. Muchas veces les tengo que decir que no, porque tengo otros compromisos o porque tengo lecturas acumuladas, pero hay veces en las que no puedo resistirme. Yo, precario ha sido una de esas veces.

Yo, precario recoge las experiencias, vejaciones y desilusiones que el autor se ha encontrado a lo largo de la última década mientras saltaba de un trabajo temporal a otro. Es el testimonio lúcido de una precariedad que aún perdura y una crónica que narra pensando y cuestionando el trabajo como centro de la identidad contemporánea. En el Prólogo, Laureano Debat (escritor y compañero de fatigas de Javier López Menacho) destaca del autor que “toma una posición de Gonzo bastante particular, alejada de la del cronista maldito y escatológico que quiere ver arder el mundo. Esto no significa que no se anime a jugar con fuego, al contrario: no le teme a las llamas y se quema combinando la ironía y el humor sarcástico con ciertas dosis de ternura, y hasta de pensamiento utópico”. López Menacho vivía al día y esto no significa malgastar el dinero en drogas, alcohol y rock and roll, sino en subsistir a base de encadenar trabajos miserables, pagados mal y tarde, y que no permitían ningún tipo de planificación vital a medio o largo plazo. Así ha vivido mucha gente en España durante las diferentes crisis económicas, sociales y políticas que ha atravesado este país.

Tenemos muchos ejemplos de narradores de este tema, pero López Menacho se aleja de la ficción y además había observado que “la precariedad la contaban muchos señores con corbata”, así que debía abordarla un precario de verdad, pero desde el caso su caso particular: “escribí el libro como catarsis y para identificar bien en qué consistía mi precariedad y solo mi precariedad: de ahí su título”. Por eso su voz es original, su tono es desenfadado, casi resignado, manteniendo un sentido del humor muy sano hacia sí mismo y sus circunstancias, pero sin perder de vista que hay un problema estructural serio, “estoy aprendiendo los límites del mercado laboral, la degradación de la dignidad humana alrededor de la idea de que para vivir hay que trabajar”. Incluso llega un poco más allá, “con esta clase de empleos la satisfacción nunca existe. Lo hagas bien, mal o regular (…) ganaremos una miseria, un dinerillo que ni siquiera sirve para justificar que traiciones tus principios”. Creo que esto es algo bastante común, ¿cuánta gente trabaja de cosas que no comparte?, ¿para empresas con las que no comulga ni en el fondo ni en la forma?, ¿transmitiendo unos valores que no proyecta en su vida personal? Además, se trata de una situación de la que no está claro que algún día se pueda salir del todo. Siempre hay un momento en el que la frágil estabilidad laboral en la que todos estamos puede desencadenar una cascada de atropellos que desemboquen en una nueva precariedad. Tener un trabajo que te guste, con el que te sientas realizado y que te permita proyectar un poco tu vida, es un lujo y seguramente la mayor y mejor mentira del capitalismo.

Yo, precario es una oportunidad para mirar con otros ojos, los de las personas que sobreviven al día, que no tienen más horizonte que el mañana, y que caminan sobre el filo de una navaja que tan pronto puede mantenerles lejos del abismo como partirles en dos y abocarles a la precariedad o directamente a la pobreza. Yo, precario es la voz de todos aquellos silenciados laborales: las personas que están dentro de las mascotas de publicidad, los riders, los teleoperadores, las trabajadores del hogar, los comerciales… nadie mira para ellos, incluso normalmente nos molestan cuando nos llaman a la hora de la siesta, o se meten en tu burbuja para ofrecerte la bandeja de fuet en el supermercado, o se retrasa tu pedido de comida a domicilio 5 minutos, o no le ha dado tiempo a plancharte todo, o la mascota ocupa toda la acerca y no puedes pasar con la compra… detrás de todas estas escenas, hay trabajadores precarios que no quisieran estar ahí, pero tienen que comer, pagar el alquiler y alimentar a sus familias. Son víctimas de un capitalismo salvaje que ha calado en la sociedad y que constantemente incumple los sueños que nos metió en la cabeza, “tengo casi treinta años y siento que me han tobado la esencia. Tiene que ver con el trabajo. En algún momento interioricé que solo es hombre quien trabaja y puede hacerse cargo de sí mismo. Yo no tengo trabajo estable y ni siquiera he aprendido a cuidar de mí. Mi único activo es no poseer nada. No tengo hipoteca, no tengo familiares a mi cargo, no tengo coche, no tengo piso, no tengo trabajo”.  

Leamos Yo, precario para leernos como sociedad y pararnos a pensar sobre la deriva que estamos tomando. La precariedad mata y el culpable no es quien acepta ese trabajo, sino quien lo ofrece y quien lo respalda. Necesitamos políticas públicas que dignifiquen a los trabajadores (el sistema no lo hará) y libros como el de Javier López Menacho para ir creando conciencia social.

¡Nos vemos en la próxima reseña!

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