Reseña de Barro más dulce que la miel de Margo Rejmer

La voz de las víctimas y los verdugos en el país del millón de búnkeres

Llego a este libro gracias a la recomendación de Eduardo Madina, referente político y a menudo también cultural. Gracias a él descubro a Margo Rejmer y su Barro más dulce que la miel, editado por La Caja Books, un reportaje sobre la etapa de la dictadura comunista albanesa de Enver Hoxha que nada tiene que envidiar al Imperio de Kapuscinski y su periplo por la URSS.

La escritora y periodista polaca viaja a la Albania actual para recoger testimonios sobre la época de la dictadura comunista, un acontecimiento conocido pero olvidado para la mayoría de ciudadanos del mundo (salvo, obviamente, los albaneses o interesados y preocupados por la causa). Lo primero que sorprende de la época es la visión que actualmente tienen de ella los propios albaneses. Rejmer se hace eco de una encuesta de 2016 de la Organización para la Seguridad y la Cooperación en Europa que puso en evidencia que el 45% de los albaneses ven en Enver Hoxha un político destacado y un buen administrador, solo un 42% lo considera un dictador y un asesino. Por otra parte, más del 50% se mostró de acuerdo con la afirmación de que el comunismo era una ideología teóricamente justa, solo que mal llevada a la práctica. Guau. Ya apetece adentrarse en lo que esta gente tenga que contarnos, ¿no? Pues la propia autora recoge la reflexión de uno de los entrevistados quien le advierte que “nunca comprenderás lo que fue el comunismo albanés. En las remotas periferias de Europa se creó una Corea del Norte, un país búnker, un país fortaleza. (…) Podrás exponer hechos y contar historias, pero jamás palparás nuestro sufrimiento”; sin embargo, a pesar de no poder reflejar fielmente lo ocurrido en Albania entre 1946 y 1992, otro entrevistado le reconoce que “está bien que hayas venido a verme. Los escritores son como guías, muestran senderos ajenos para que otros puedan comprenderse a sí mismos”. Y así es. Eso es lo que consigue Rejmer, que sintamos la agonía y el sufrimiento de una sociedad doblegada bajo la bota militar de un dictador.

Hace unos días leí en un storie de Instagram de una lectora de este libro decir que Barro más dulce que la miel es un libro “antidictatorial y anticomunista”, y no estoy de acuerdo. El libro es claramente antidictatorial, pero el anticomunismo no aparece en él sin relacionarlo con la dictadura. Y es que en el libro se reconoce que el capitalismo trajo más miseria y demostró que el problema no era el comunismo sino la dictadura, “me pregunta usted por qué añoro a Enver si ahora vivo mejor (…) antes de que muriera Hoxha, no tenía en casa ni una foto suya, no había leído ninguno de sus libros. Solo cuando Enver murió y el capitalismo inundó Albania, me di cuenta de que habíamos vivido en una tierra de leche y miel (…) Ahora los millonarios más poderosos lideran los partidos que venden el país. Y todo el mundo teme perder lo que tiene”. Incluso, un crítico con el comunismo que sufrió penurias durante años al final de su testimonio sostiene que “el capitalismo trajo el caos, la falta de seguridad y las desigualdades, y cuánto más difícil se volvía la vida, más se fortalecía el mito del comunismo como una época de justicia social. Nuestra transformación se alarga hasta el infinito, es cruel e implacable con los débiles, y es ella la que ha creado la nostalgia del comunismo, otro cáncer que corroe la sociedad albanesa”. Lo expresa muy bien otro testimonio de un ciudadano albanés que presenta una sociedad tutorizada por un régimen, “la dictadura rebaja a la persona a la condición de un niño que a toda costa quiere sobrevivir, aunque sea colaborando (…) Cuando llegó la libertad, los albaneses eran niños que no sabían lo que era la responsabilidad, porque hasta entonces el gobierno y el sistema eran los responsables de todo. De pronto les dieron el derecho a madurar y a empezar a decidir sobre sí mismos, pero la gente solo pensaba en cómo satisfacer sus propias necesidades”. Creo que esta diferencia entre dictadura y comunismo es la que explica el resultado de la encuesta que se destaca al inicio del libro y que os he dejado en el inicio de esta reseña. Tendríamos que preguntarnos hasta qué punto dictadura y comunismo son lo mismo, o algo igualmente atrevido, si no es un error equiparar democracia y capitalismo.

Sea como fuere, las barbaridades de la dictadura comunista albanesa son tales que el libro se lee con el corazón encogido. Algunos testimonios recuerdan los excesos y los crímenes del dictador Enver Hoxha y advierten que el comunismo de los libros no era el que ellos vivían, “el realismo comunista no tenía nada que ver con la realidad, que era una perversión surrealista. Nada de lo que había en los libros se correspondía con el mundo que nos rodeaba”. La dictadura de Hoxa controlaba al estado, pero también a todos sus ciudadanos y ciudadanas, “el Partido elegía la carrera de acuerdo con las necesidades del país (…), te instalaba en la ciudad o en el campo, daba su bendición a los novios, rompía las relaciones inadecuadas y velaba por que no se produjeses bodas inconvenientes”. Hay un episodio que me parece especialmente ilustrativo y tiene que ver con las casas que les daba el estado, “los pisos eran tan bajos que bastaba con levantar el brazo para tocar el techo. Todo para que no experimentásemos la sensación de espacio ni pudiéramos respirar. Debíamos ser débiles y permanecer encerrados. El sistema continuamente trataba de empequeñecernos: a nosotros, nuestras casas y nuestras vidas”. Ante este férreo control, ante estos crímenes de lesa humanidad perpetrados por los mandos del gobierno, muchos albaneses y albanesas intentaron huir. En el libro hay algunos testimonios escalofriantes sobre estas huidas porque “el que huía debía tener presente que, aun si lo lograba, dejaba atrás a sus familiares condenados a sufrir”.

Pero hasta el régimen más opresivo del mundo tiene sus grietas por las que florecen algunos resquicios de esperanza. Un ejemplo lo ilustra la historia de Ridvan Dibra, un escritor y profesor represaliado que fue desterrado a una zona remota (el destierro al campo era una práctica común) en la Albania rural donde este intelectual llegó preparado para morir de pena, pero se dio cuenta de que estaba tan apartado de todo, poblado por gente tan desesperada y con tan poco interés por cualquier cosa que no fuera la supervivencia, que había una biblioteca llena de clásicos y de libros prohibidos que nadie había tocado. Los libros le salvaron la vida. La flor que crece en el muladar.

Rejmer acierta con el objeto de estudio. Albania es un lugar recóndito en las preocupaciones históricas, sociales y políticas de Europa en particular y del mundo en general. Es importante poner el foco en este pedazo de la historia y en las barbaridades que las dictaduras, sean comunistas o fascistas; pero es que además Albania tiene algunas particularidades como la aceptación actual a la época y, algo que también ha ocurrido en otros países, que la etapa se cerró sin olvido ni perdón, literalmente, “cuando a principios de los años noventa se desencadenó el debate acerca de si las víctimas debían perdonar a sus perseguidores, el escritor Arshi Pipa afirmó: Sí. Deberíamos perdonarlos. Pero ¿cómo podemos perdonar a alguien que no se siente culpable? Puesto que en la nueva Albania democrática no hay culpables, nadie ha sido castigado y nadie pide ser perdonado”. Rejmer también acierta en el tono del libro, en lo literario de las historias y los recuerdos de las personas que vivieron esa época y en la sensibilidad con la que narra tanto los crímenes del estado como las historias de amor de los perseguidos, apaleados, torturados, apartados y renegados de un régimen dictatorial que se mantuvo impunemente durante más de cincuenta años en el centro de Europa. Celebro hacer leído Barro más dulce que la miel y ojalá vosotros y vosotras ahora os acerquéis a un texto bello literariamente y necesario sociopolíticamente.

¡Nos vemos en la próxima reseña!

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