Reseña de Manual de despedidas de Jana Benová

Una obra caótica y surrealista sobre una generación sin aparente futuro

A veces no acierto. A veces me dejo guiar por una sinopsis que promete mucho más de lo que el libro consigue. Nadie me recomendó este libro. Es mérito y demérito mío haber llegado a él. Es cierto que en la librería lo pusieron en una zona visible, algo le debieron ver. Desde luego, cuando compré Manual de despedidas de Jana Benová me esperaba algo más sustancioso: cuatro amigos charlan en un café sobre sus vidas, literatura y David Lynch, ¿apetece o no? Pues no lo leáis si no os gustan los textos surrealistas, oníricos, absurdos, rebuscados, caóticos, enigmáticos o simplemente raros (no digo diferente, digo raro). Si os gustan este tipo de textos, os encantará el libro. A mí me va gustando más a medida que lo reposo.

El libro narra las relaciones de cuatro amigos que quedan para charlar en un café de Bratislava, el Café Viena o, como ellos lo llaman, el Café Hiena. Sin un destino claro, sin motivaciones vitales y presos de un pasado familiar y político que les constriñe, estos jóvenes sin ambiciones son la estampa eslovaca de los franceses de Bertolucci. Todavía hay esperanza en ellos, aman la literatura y el cine, tiene un sentido del humor ácido e irónico. Elza, una de las integrantes del Cuarteto, retrata sus vidas. Elza es un personaje fascinante atrapado en el barrio de Petržalka, ese laberinto anclado a otro tiempo, donde el absurdo y el sinsentido asoman entre bloques de pisos de hormigón y evocan heridas pasadas que determinan la realidad de su errático presente (si buscáis en internet el barrio la verdad es que impresiona el paisaje, si vuelvo a Bratislava visitaré el barrio y quizás entienda mejor el libro –esto a veces pasa–). Elza es la narradora principal, y es ella quien nos permite entrever (porque eso es lo que hace la novela) cómo cada uno de los personajes se despide, en el proceso de vida, de todo aquello que una vez es y deja de serlo. Porque, como dice Miró en El Imparcial, “vida es eso que se adhiere a la vida de los demás”. Elza tiene una relación con Ian, perteneciente al grupo, pero pronto comienza a verse también con Kalisto Tanzi, un actor con el que cree encontrar, de alguna manera, una posibilidad de escape a su rutina acomodada y sencilla con Ian. De modo paralelo, conocemos a su amiga Rebeka, que de alguna manera funciona como su contrapunto y espejo en el que mirarse, sin dejar de ser ese apoyo irreductible de la amistad estrecha.

Según esta misma crítica, el libro “es la narración solapada, tal vez inconexa, fragmentaria, con cierto parentesco con la literatura del absurdo, surrealista si nos atreviéramos a mencionar las vanguardias tan lejanas ya en el tiempo, de las reflexiones, desde la narratividad de una escritora, de la vida de cuatro escritores en la nueva realidad convulsa del fin del socialismo en Eslovaquia. De su propia relación de pareja con Ian al transitar por la ciudad: Bratislava y su barrio central de Petržalka, ese lugar “donde el tiempo no tiene ninguna importancia”. No es la única crítica que se refiere al libro como fragmentario, vanguardista o introspectivo, pero para mí son eufemismos de raruno. A no ser, que ese sinsentido sea intencionado, por esa vida desperdiciada que llevan los cuatro amigos donde solo trabaja uno de ellos y “beca” al resto (¿en qué trabajan? Pues en cosas loquísimas como figurante – paseante por la ciudad pagado por el Ayuntamiento o en un reality en Dachau donde unos hacen de judíos y otros de nazis). Esto es precisamente lo que propone Israel Paredes en su crítica en Revista de Letras, “Beňová busca transmitir el sentido errático de unas vidas y, sobre todo, la manera en la que perciben su realidad. La escritora impone un sentimiento de extrañeza que es mezcla de un acusado nihilismo, de una profundad ironía y, finalmente, de un humor surrealista, y que transforma la realidad sin que esta abandone los duros contornos que, en verdad, rodea a los personajes. (…) Beňová lleva a cabo un trabajo literario muy preciso para conseguir transmitir lo anterior sin necesidad de explicitarlo, más interesada en cuestiones atmosféricas”. Y supongo que eso será lo que valoró el jurado del Premio de Literatura de la Unión Europea, porque Jana Benová retrata la vulnerabilidad de una generación que creció al albur del fin del socialismo soviético y se hizo adulta anhelando un futuro que nunca llegó (tema que le suele gustar a la UE en toda su extensión).

El libro no es fácil de leer. Es caótico. Puedes llegar a la página 90 aburridísimo y bostezando. En la página 101 volverte loco con el capítulo y en la 125 llegar a pensar que los personajes son todos la misma persona, producto de la imaginación de la narradora, para páginas más adelante pensar que no, que todos existen. Libro rarísimo. No suelo poner en duda mi comprensión lectora, pero hay partes en las que piensas… ¿de qué va este libro? Sin embargo, más allá de las intenciones y del retrato de una juventud sin referentes y superviviente a un entorno deprimente, hay algunos fogonazos de buena literatura como la descripción de un baile entre dos personajes, “Elza y su hombre bailaban, los labios apretados, regueros de sudor chorreándoles por la espalda. Lentos y espesos como sangre. Como esbeltas, elegantes sierpes. Bailaron con pasión y fiereza. Bailaron como si patearan algo que asomaba del suelo. Una imagen perdida, una pareja muerta, el uno al otro. Condenada música”. Si superas las dificultades de lectura que plantea la autora, vas a disfrutar de una obra diferente, como a las que nos tiene acostumbrados SextoPiso y su criterio editorial. Obras que te remueven en el sillón, no solo por las tramas, sino por los estilos y las propuestas narrativas. Un libro que no te dejará indiferente, que recordarás (bien o mal) y que si consigues descifrar te transportará a una época que no tuvo que ser fácil para unos jóvenes que querían comerse el mundo como devoraban propuestas culturales, pero resulta que el plato del futuro estaba vacío.

¡Nos vemos en la próxima reseña!

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