
Leer a Eco es un baño de humildad importante
Una vez que empiezas a leer a Eco ya no puedes parar, lástima que no fuera un autor muy prolífico (aunque sus textos son inagotables). Mi entrada fue a través de La memoria vegetal. Luego me conquistó con El nombre de la Rosa y ahora me he sentado con El cementerio de Praga, publicada originalmente en 2010. Mi edición de Lumen es del 2010, la tenían mis padres por casa. Es de esas herencias maravillosas que me dejan, una librería repleta de buena literatura. Creo que mi próximo Eco será El péndulo de Foucault. A modo de curiosidad, El cementerio de Praga se publicó al tiempo que los documentos de Wikileaks, y el autor advirtió de las similitudes entre el informe y la novela.
La novela cuenta la vida de Simone Simonini, un oscuro y cínico falsificador del siglo XIX que se mueve entre las sombras de la Europa convulsa de su tiempo. Asesino serial o acaso llevado a ese extremo por las circunstancias, su personalidad se escinde para da origen al impío y crapuloso abate Dalla Piccola, alter ego del capitán Simonini, con quien además del peso de la narración, comparte la autoría de sus abyectas acciones. Simonini es experto en crear documentos falsos, conspiraciones y teorías manipuladas y trabaja para distintos servicios secretos y personajes influyentes, participando en intrigas políticas que atraviesan acontecimientos históricos como la unificación italiana o la Comuna de París. A través de su memoria fragmentada —y a menudo poco fiable—, el protagonista reconstruye su vida marcada por el odio, especialmente hacia los judíos, los masones y otros grupos a los que considera enemigos. Su talento para la falsificación alcanza su punto culminante en la creación de uno de los textos conspirativos más influyentes y peligrosos de la historia: El cementerio de Praga, un informe que recoge la reunión que doce rabinos tuvieron en el cementerio de la capital checa y que recuerda a los llamados “Protocolos de los Sabios de Sion”, el documento antisemita publicado por los servicios secretos de la Rusia zarista y del que se presume fue uno de los sustentos pseudoideológicos de la “solución final” adoptada por el nazismo. Con una mezcla de ficción y hechos históricos reales, la novela explora cómo nacen y se difunden las teorías conspirativas, poniendo de relieve el poder de la mentira cuando se reviste de apariencia documental. Eco construye así un relato inquietante sobre la manipulación, el fanatismo y la fragilidad de la verdad en contextos de crisis política y social.
Leer a eco es acercarse a una fuente inagotable de conocimiento. Lo sabe todo. Lo controla todo. Lo relaciona todo. Es un erudito genial. Un sabio. La lectura es intensa y exigente a ratos, abrumadora, pero reconfortante al final. No puedes parar de leer por toda la información que contiene y porque tampoco sabes dónde te va a llevar Eco y te da lo mismo: solo puedes pensar en que la meta estará a la altura del paisaje literario que vas descubriendo por el camino. Es una sensación jodida darse cuenta de que el autor y el lector (en este caso yo) somos de la misma especie y con un poco de suerte viviremos una cantidad de años parecida, pero a él le han cundido muchísimo más que a mí. Envidio su colección de libros y su capacidad de síntesis, de relación y de generación de conocimiento. Admiro a Eco por la misma razón por la que le envidio y es me gustaría poder pillar todo lo que escribe y metaescribe en sus libros. Así que tendré que seguir leyendo sus libros a ver si se me va “pegando” algo.
¡Nos vemos en la próxima reseña!
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